Nacida Castejón de Valdejasa, el 6 de febrero de 1905, según consta en el Boletín Oficial del Estado número 69 de 1970, donde se refiere la Relación de Funcionarios del Cuerpo de Matronas titulares cerrado al 31 de diciembre de 1969. En dicha Relación aparece la fecha de nombramiento de Dorotea como comadrona de Casetas, que es el 29 de noviembre de 1949, con el número de orden 273.
Dorotea Arnal figura inscrita en los listados de la Universidad de Zaragoza como estudiante de Matrona, estudios que inicia en 1932, con 27 años, y son terminados en 1934.
En el mismo cuadro aparecen María Dolores Sierra Gracia, de Zaragoza, que inició estudios en 1931, Benita Figuerola Caminals, de Valjunquera, Teruel, y Francisca Ruiz Rillo, de Fuentes de Jiloca, que empezaron en 1932 y acabaron también en 1934; Dolores Bernal Solá, Dolores Blasco Mustienes y Rosa Giménez Martínez, las tres de Zaragoza, y Asunción González Martínez, de Fuentes de Jiloca, todas matriculadas en 1933; Aurora Calvo Gaspar, Natividad Campodarve Lezcano y Pascuala Castán Candial, de Zaragoza, y María Gil Bello, de Teruel, que estudió de 1934 a 1936. A partir de ahí, las matriculadas en 1935, Mercedes Elena Salvo, de Caspe, Luisa Izquierdo Zapater, de Híjar, Mª Ángeles Martín Gracia, de La Almolda, Josefina Román Hernando, de Alagón, y Rosario Cáceres Sánchez, Ascensión Gómez Martínez y Amalia Retivel Pascasio, de Zaragoza, figuran con los estudios terminados en 1940 (excepto Rosario Sánchez, que los acaba en 1945), períodos que coinciden con el paréntesis de la Guerra civil española. (Datos de Ana B. Subirón Valera, en 'La carrera de Matrona en la Universidad de Zaragoza y su función social'.)
La mayor parte de los saberes prácticos en relación al parto y la atención a la parturienta y el recién nacido, fueron tradiciones y oficios femeninos hasta que a final del siglo XVIII los cirujanos empezaron a desautorizar dichas prácticas para poder subordinarlas a la medicina e intervenir en los procesos cada vez más mercantilizados sobre todo ya en el siglo XX.
De Dorotea sabemos la buena opinión que mereció el ejercicio de su profesión por la huella entrañable que dejó entre sus vecinos. A lo largo de su vida profesional hasta los años 70 del pasado siglo XX, asistió a los nacimientos de muchos naturales de la localidad y fue muy querida entre la gente, que le rindieron homenaje consiguiendo que su municipio pusiera su nombre en este caso, a una plaza.