Legados de Mujeres Aragonesas de los siglos XIX y XX

Las Ciencias Y Algunas Mujeres del siglo XIX (Polonia Sanz Ferrer, Teresa Madasú y Celestino, Silveria Fañanás García, Blanca y Clotilde Catalán de Ocón Gayolá, y María Rafols Bruna)

Incluye el legado de mujeres de inestimable talento que pusieron bases de caminos que iban a recorrer después las mujeres apasionadas en la observación del mundo y sus posibilidades.

La supuesta inferioridad del sexo femenino no tiene base científica; su debilidad orgánica origínala el encierro en que ha vivido durante tantos siglos, su estrecha limitación a la vida del hogar, la falta de actividad, la carencia de educación física. Obsérvese que la campesina, la industrial, la obrera, soportan, entregadas a rudos trabajos, las enfermedades que ocasionan el fenómeno catamenial y los períodos de la gestación y la lactancia. No es la fuerza muscular patrimonio del hombre únicamente (…). Tampoco es cierto que la gimnasia y otros ejercicios modernos destruyan la belleza (…).

A pesar de que las facultades intelectuales desarróllanse con el ejercicio, y de que el cultivo de ellas le ha sido negado a la mujer hasta ahora, en todas las épocas ha patentizado su aptitud para las ciencias.

Concepción Gimeno Gil de Flaquer, 1903

El problema feminista. Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid. Pág. 15, 16 y 17

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-problema-feminista

Presentación


Los conocimientos que se han ido configurando con el paso del tiempo como ramas de la Ciencia, a veces empezaron a estructurarse de una forma casi cotidiana, casi casual, de mano de mentes que iban un paso o varios por delante del resto de la humanidad.

Si en el caso de investigadores y mentes masculinas su curiosidad era un actitud aceptada, en el caso de las mujeres esa misma curiosidad y avidez de conocimiento era una peculiaridad que las hacía distintas o insólitas en el siglo XIX, y sobre todo difícilmente aceptadas entre los prejuicios sociales. Muchas de ellas tuvieron que explicar o justificar sus deseos de aprender y otras muchas simplemente arrinconaron esos deseos por asumir que su profesión había de ser todo lo relacionado con las labores de la familia y el hogar.

El destino estructural de las mujeres al mundo anónimo del interior de la familia por haber nacido mujer, se reforzaba en la creencia sustentada por interesadas teorías 'expertas' de que el cerebro de la mujer no tenía capacidad natural suficiente para desarrollar los estudios científicos y mucho menos ejercer sus profesiones correspondientes, sólo reservadas a los varones. Desterrar de las estructuras académicas y familiares y de la sociedad del siglo XIX las justificaciones que desvalorizaban la inteligencia, el esfuerzo y la pasión por el conocimiento de las mujeres, fue un camino plagado de retos y tropiezos.

Aun así, han llegado hasta hoy casos excepcionales de mujeres colaboradoras imprescindibles en la labor de científicos varones, como Silveria Fañanás y Teresa Madasú; otros casos de mujeres que simplemente se adelantaban al estudio científico en ramas ajenas al interés femenino hasta entonces como la Botánica y la Entomologia, donde las hermanas Blanca y Clotilde Catalán de Ocón dejaron un legado de valía inestimable que aprovecharon otros estudiosos como el naturalista Bernardo Zapater, y casos de mujeres que marcaron caminos de independencia, decisión y convencimiento, como Polonia Sanz, dentista y fotógrafa, y María Rafols Bruna, cuyo legado de entrega social sigue vigente.

Si el siglo XIX fue un contexto donde las inquietudes intelectuales femeninas empezaron a visibilizarse iniciándose la construcción de un espacio propio de expresión, fueron muy pocas las que pudieron ejercer su vocación y sus deseos por derecho propio.

Por ello son tan valiosos ejemplos como las que integran este capítulo, a modo de homenaje, ya que forjaron modelos de mujer que, entre el asombro, la incomprensión y el desdén de muchos, supusieron sin embargo la apertura de rutas importantes para hacer posible la defensa de los derechos intelectuales y profesionales de las mujeres del siglo XX.

Mujeres destacadas


Polonia Sanz y Ferrer

Primera dentista española. primera fotógrafa de aragón y una de las primeras de europa.

Zaragoza, Primer tercio del siglo XIX-Madrid, 1892.
Consiguió el título de Dentista en 1850 en Valencia, convirtiéndose en la primera dentista de España. Se anunciaba en el Diario Mercantil de Zaragoza y trabajaba de fotógrafa itinerante, a la vez que era precursora en el ejercicio de la odontología a nivel mundial.


Consiguió el título de Dentista en 1850 en Valencia, convirtiéndose en la primera dentista de España. Se anunciaba en el Diario Mercantil de Zaragoza y trabajaba de fotógrafa itinerante, a la vez que era precursora en el ejercicio de la odontología a nivel mundial.

Nacida en Zaragoza, fue una adelantada a su tiempo, mujer muy independiente y seguidora de sus propias normas. Fue la primera dentista española, la primera fotógrafa de Aragón y una de las primeras de Europa. Tuvo una selecta clientela como fotógrafa y como dentista, ambos campos indicadores de modernidad en la época.

Aproximadamente ya en 1845, sólo seis años después de darse a conocer el método de revelado fotográfico patentado por el artista Daguerre en París, se sabe que Polonia se anunciaba en los periódicos zaragozanos ofreciendo sus servicios como fotógrafa. Ponía su puesto ambulante en calles céntricas de la capital, como otros fotógrafos varones. Seguramente buscando incorporarse a los campos más modernos que despuntaban en España para lograr celebridad y bienestar económico, Polonia se dedicaba también a trabajos odontológicos que entonces estaban reservados a los sangradores y barberos, y se trasladó a Valencia para graduarse en Odontología en la Academia de Medicina y Cirugía de Valencia. Su aprobación fue revalidada por la Universidad de Valencia tras pasar el examen el 20 de diciembre de 1849. Obtuvo así un 'Título de Dentista' que le facultaba para 'limpiar la dentadura, extraer dientes y muelas y practicar las demás operaciones que corresponden al dentista.'Se había convertido en la primera mujer dentista de España.

En 1852 se trasladó a Madrid. Siguiendo la moda del París del momento, Polonia Sanz pasó a llamarse Madama Sanz. Como explica Javier Sanz en su biografía para la Real Academia de la Historia, Polonia tuvo una selecta clientela a pesar de tener que enfrentarse públicamente a las críticas de sus colegas masculinos que despreciaron su condición femenina. Atendió como dentista de cámara al príncipe marroquí Muley el Abbas, en su etapa como Embajador extraordinario en Madrid. Intentó conseguir el título honorífico de dentista de cámara de la Casa Real española, pero no lo obtuvo. Escribió una obra breve, hoy perdida, titulada Tratado de dientes, publicada en Valencia, seguramente dirigida a su clientela con instrucciones sobre el cuidado de la boca y la dentadura.</p>

Figura incluida en Diccionario Histórico de Dentistas Españoles como la primera mujer dentista que oficialmente estuvo facultada para ejercer en España y muy probablemente una de las precursoras a nivel mundial. Se añade además una nota haciéndose eco de un hecho anecdótico publicado en Madrid, que habla de 'una señora que fue dentista muy conocida y anunciada, doña Polonia Sanz', quien había fallecido en 1892 dejando por herederos 'a los conductores de una de las empresas de tranvías de Madrid en pago a la amabilidad con que le ayudaban a bajar del coche'.

Fuentes consultadas:

Magdalena Lasala Pérez

Teresa Madasú Y Celestino

Litógrafa e ilustradora colaboradora de la divulgación científica.

Zaragoza, c. 1855 - Madrid, 1917.
Durante el último tercio del siglo XIX colaboró con la Comisión del Mapa Geológico de España y fue autora de la mayoría de los dibujos de fósiles de la obra publicada por el gran geólogo y paleontólogo Lucas Mallada.


Nació en Zaragoza el 13 de mayo de 1848. Su padre era funcionario y en 1873 Teresa estaba en Madrid, trabajando con su hermana como costurera para ayudar a la frágil economía familiar. Pero la particular predisposición de Teresa al dibujo la condujo a asistir a la cátedra pública de Dibujo para señoritas en el recién inaugurado Conservatorio de Artes de Madrid. Allí realizó una serie de 22 dibujos ganando diversos premios y su publicación por el Ministerio de Fomento.

Hasta la aparición de la fotografía, el dibujo era esencial para el desarrollo y divulgación de las Ciencias, especialmente la Medicina y el estudio científico de la Geología, la Arqueología y la Paleontología, la Botánica y la Entomología. Todas las publicaciones médicas y del resto de ciencias que alboreaban imprescindibles para el crecimiento del conocimiento humano necesitaban del Dibujo.

Las cualidades de Teresa Madasú quedaron manifiestas muy pronto y en 1873 recibió su primer encargo de dibujante para una importante obra sobre antigüedades artísticas editada en Madrid. Ello le anima a matricularse en la Escuela Especial de Pintura de Madrid al tiempo que seguía realizando copias de objetos del Museo Arqueológico, ilustrando diferentes publicaciones en La Ilustración Católica.

Su colaboración como dibujante al desarrollo de las ciencias arqueológicas fue reconocida casi de inmediato. Aprendió a litografiar y empezó a colaborar con la Comisión del Mapa Geológico de España como ilustradora de sus publicaciones científicas, copiando fósiles y láminas naturalistas, y se puso a trabajar con Lucas Mallada (Huesca,1841-Madrid,1921), el brillante geólogo aragonés fundador de la Paleontología española. Teresa fue autora de la mayoría de los dibujos de las láminas de fósiles de la obra Sinopsis de las especies fósiles que se han encontrado en España, de Lucas Mallada, publicada entre 1875 y 1892. (Comisión Mujer y Geología de la Sociedad Geológica de España).

Ya casada con el funcionario Joaquín Avellaneda, en 1880 finalizó sus estudios en la Academia mientras seguía trabajando en diversas publicaciones científicas como ilustradora (cit. Eugenio Maffei-Mª Dolores Barreda Pérez). En 1888 Teresa Madasú fue nombrada profesora de "Dibujo con aplicación a las artes y a la industria” en la recién creada Asociación para la Enseñanza de la Mujer, cargo que seguía desempeñando además como profesora de Pintura en 1897. En este año obtuvo además el primer premio de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Fue reconocida en su jubilación con una pensión del Ministerio de Fomento. Falleció en Madrid en 1917.

Fuentes consultadas:

Magdalena Lasala Pérez

Silveria Fañanás García

Fotógrafa aficionada colaboradora de Santiago Ramón Y Cajal.

Huesca, 1854- Madrid, 1930.
Su marido fue el médico y premio Nobel Santiago Ramón y Cajal. Silveria colaboró con él como su ayudante, especialmente en los procesos artesanales de fabricación de placas fotográficas, donde ella realizaba las manipulaciones esenciales y las fórmulas de emulsión.


Silveria Petra Josefa Fañanás García nació alrededor de 1854 en Huesca, y es mundialmente conocida como la esposa Ramón y Cajal, (1852-1934), considerado el padre de la neurociencia moderna y que recibió el Premio Nobel de Medicina en 1906. Su padre era un modesto empleado en las oficinas del Gobierno Civil, con apellidos Fañanás Galán, y su madre se apellidaba García Burillo. En 1878 Silveria se convirtió en la prometida de Santiago, a la edad de 24 años, y se casaron el 19 de julio de 1879 en Zaragoza. Tuvieron cuatro hijas y tres hijos, la primogénita nacida en 1880 y el último nacido en 1892, de los cuales murieron prematuramente al menos tres.

Entregado a su vocación investigadora, Silveria fue decisiva para Santiago Ramón y Cajal, quien lo reconoció en sus escritos biográficos. Ella era su asistente en el laboratorio, dedicada a su apoyo a la tarea investigadora con él, además de cuidar de su frágil salud. Gracias a Silveria él pudo lograr la expresión de su potencial, como se deja de manifiesto en los estudios biográficos del sabio.

La técnica fotográfica resultó ser imprescindible para divulgar los descubrimientos científicos de los investigadores. Igual que siglos atrás el dibujo había sido esencial para divulgar los estudios de medicina, botánica y naturalismo, la fotografía vino a sustituir paulatinamente con sus posibilidades de reproducción y rapidez de ejecución a los trabajos de dibujo en que antiguamente se habían apoyado los científicos.

Silveria fue la colaboradora esencial de su marido en los trabajos fotográficos donde se apoyaba su experimentación científica. Ella trabajaba sobre todo en el desarrollo de las placas fotográficas con la técnica del colodión húmedo y lo hacía en el laboratorio fotográfico que montaron en el granero de su casa. Como aquellas placas no eran sensibles al color rojo, Santiago y Silveria debían manipularlas a la luz de una linterna de tonalidad encarnada.

Silveria Fañanás y su marido comenzaron a fabricar placas de vidrio emulsionadas al gelatino bromuro o plata seca, una técnica nueva que suponía un nuevo avance. Según cuenta Cajal en Recuerdos de mi vida, aquellas placas eran fabricadas por la casa Monckoven a un precio demasiado alto. Tras experimentar en el laboratorio gracias a sus conocimientos en química, Cajal dio con la fórmula para producirlas a un precio más bajo, en cuya ejecución Silveria compartía los conocimientos químicos y las proporciones de las mezclas.

Silveria murió el 23 de Agosto de 1930, en Madrid.

Fuentes consultadas:

Magdalena Lasala Pérez

Blanca Catalán de Ocón Y Gayolá

Botanófila. la primera botánica de españa

Calatayud, Zaragoza , 1860 Vitoria, 1904.
Desarrolló la mayoría de sus trabajos en Teruel, recogiendo en el valle del Cabriel una nueva especie que hizo que fuera la primera mujer que apareció en la nomenclatura botánica universal con una especie dedicada a ella: la Saxifraga Blanca.


Nació el 22 de agosto de 1860 en Calatayud, Zaragoza, en el seno de una familia aristocrática aragonesa de linaje centenario. Pasó su infancia y adolescencia en Monreal del Campo, Teruel, y en la residencia familiar en Valdecabriel, aislada en el corazón de la sierra de Albarracín. En contacto con la naturaleza, desarrolló una gran afición por la botánica.

Aunque no tuvo formación académica fue educada con maestros particulares y contaba con una cultura extensa, una selecta biblioteca y ocasionalmente, con el apoyo científico del naturalista Bernardo Zapater y Marconell (1823-1907), canónigo de Albarracín. Con las plantas de la localidad, apenas conocidas en su tiempo, Blanca formó un pequeño herbario representando la flora del valle donde recopiló, estudió y clasificó una importante colección de plantas entre las que descubrió nuevas especies y otras locales, endógenas.

Mantuvo correspondencia con el sabio botánico Mauricio Willkomm, que desarrollaba por ese tiempo trabajos sobre la flora española, a quien enviaba algunas de las especies por ella recolectadas; estudiadas por este botánico, resultaron en algún caso ser especies nuevas para la ciencia de su tiempo. En virtud de estas actividades poco usuales en una mujer de su tiempo, Willkomm, en una carta a Bernardo Zapater en 1879, la consideró “la primera botánica de España”. Willkomm cita a Blanca en su Prodromus de la Flora Española y en Ilustratiiones Florae Hispaniae insularumque Balearium y recoge la ilustración de una especie nueva para la ciencia descubierta por Blanca. Willkomm le da el nombre de Saxifraga Blanca en honor de su descubridora.

Desde su apartado rincón de la sierra, Blanca mantuvo también correspondencia científica con otros botánicos aragoneses de la época, como Francisco Loscos Bernal (1823–1886), botánico de Castelserás, Teruel, y Carlos Pau Español (1857–1937), botánico de Segorbe, Castellón, que también publicaron sus citas. El botánico Carlos Pau le dedicó a ella la planta Linaria Blanca. En 1880 cuando Blanca tenía 20 años, se publicó en Teruel el Catálogo de plantas de la Señorita Blanca Catalán de Ocón y en 1894 se reedita de nuevo con el título Catálogo de las plantas colectadas por la Srta. Blanca de Catalán de Ocón en el valle de Valdecabriel, con 83 especies con sus nombres científicos. Al casarse en 1888 con el magistrado Enrique Ruiz de Castillo, Blanca abandonó su valle y su actividad botánica, siguiendo a su marido en los sucesivos destinos profesionales. Tuvo dos hijos. Murió el 17 de marzo de 1904, antes de cumplir 44 años, por una enfermedad pulmonar.

Fuentes consultadas:

Magdalena Lasala Pérez

Clotilde Catalán de Ocón Y Gayolá

Entomóloga precursora. estudiosa de los lepidópteros de la sierra de albarracín.

Calatayud, Zaragoza, 1863- Barcelona , 1946.
Se interesó por el estudio de los lepidópteros y consiguió una importante colección. También escribió poesía; firmaba como La Hija del Cabriel. Fue muy generosa con todo lo relacionado con la naturaleza, aportando donaciones para múltiples instituciones.


Nació el 1 de Marzo de 1863 en Calatayud, Zaragoza. Con su hermana Blanca, pasó su infancia y juventud en la Casa de la Campana en Valdecabriel, Teruel, donde desarrolló también su afición al estudio de la naturaleza, propiciada por el ambiente culto de su hogar, como cuenta su estudioso Jacobo Ruiz del Castillo para la Real Academia de la Historia. Ella se interesó por los insectos de la zona y especialmente los Lepidópteros, que en esa sierra presentaban curiosas singularidades. Su madre, los libros técnicos y el naturalista y canónigo Bernardo Zapater le ayudaron a clasificar los que capturaba. Parte de sus citas fueron publicadas por Zapater en Miscelánea Turolense y le sirvieron a él para la realización de su Catálogo, publicado en 1884 con el entomólogo bávaro Maximilian Korb.

En 1880 el periódico turolense La Provincia publicó el Catálogo de lepidóteros de la Señorita Blanca Catalán de Ocón, en el que se destacan especies raras como: 'Colias Edussa, Hyale, Polyommatus Gordius, Lyaena Baetica y Coridon, Lyccena Damon, Melitaca Artemis, una bonita Melitacca, Parthenie muy rara en nuestro país, y la Coenonympha iphioides, que es una variedad subalpina muy interesante', como cuentan José María y José de Jaime, estudiosos de su legado. En 1894 se publicó con el epígrafe de Fauna entomológica turolense el 'Catálogo de los lepidópteros que han sido cazados en el valle de Valdecabriel por la Señorita Clotilde Catalán de Ocón'. Esta actividad, excepcional en una mujer de su tiempo junto a sus dotes literarias, la hicieron objeto de mucha atención.

Firmaba su producción con el seudónimo La Hija del Cabriel. Abundan en su obra las composiciones bucólicas sobre 'su valle', descritas con sensibilidad y un conocimiento directo; posteriormente dominarán sus elegías y cantares dolientes, llenos de nostalgia. Tras el fallecimiento de su madre y el matrimonio de su hermana, Clotilde se fue a vivir a Figueras, Gerona, con la familia materna. Mantuvo relación con su hermana, aunque al fallecer tan pronto, el contacto con sus sobrinos y su cuñado se fue distanciando. Aunque pasaba temporadas en Madrid, Clotilde se instaló definitivamente en Barcelona. Siempre fue muy generosa con todo lo relacionado con la naturaleza, aportando donaciones para múltiples instituciones, a pesar de que al final de su vida no disponía de mucho dinero. Ya anciana, todavía seguía enviando a la prensa sus poemas. Murió en Barcelona el 12 de mayo de 1946 a los 83 años de edad.

Fuentes consultadas:

Magdalena Lasala Pérez

María Rafols Bruna

Enfermera, sangradora y experta en la atención a heridos.

Villafranca del Penedés, Barcelona, 1781- Zaragoza , 1853.
Conocida como la Madre Rafols, fue emblema de entrega a la atención de enfermos y desfavorecidos desde el Hospital de Nuestra Señora de Gracia en Zaragoza.

La figura de María Rafols Bruna, entre la innovación sanitaria, el liderazgo y la humanidad

'Hay una desventurada víctima de la guerra que no inspira interés ni da compasión; nadie para ella pide ni proporciona socorros; cuando cae ninguno se apresura a levantarla; y por delante de su cama pasan sin detenerse los que visitan el hospital y los que van a distribuir donativos. Es notable la expresión de los oficiales o jefes militares cuando se dirigen a su cama y se apartan sin llegar, al saber que no es herido. Esta pobre y no compadecida víctima es el soldado enfermo. Convendría que en los futuros congresos internacionales de La Cruz Roja, la asociación para socorro de los militares heridos, añadiese: Y ENFERMOS en campaña'. Concepción Arenal, Cuadros de la Guerra, entre 1873 y 1875. En: Concepción Arenal y La Voz De La Caridad: Una Líder Sociosanitaria del siglo XIX. Néstor Serrano-Fuentes y Carmen Chamizo Vega, 2015. XIV Congreso nacional y IX Internacional de Historia de la Enfermería.
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Más de cuarenta años antes de que Concepción Arenal (1820-1893) denunciara la situación de los más marginados cuando colaboró como cuidadora en conflictos bélicos, María Rafols Bruna (1781-1853) estaba desarrollando su labor dedicada al servicio de enfermos, marginados y heridos de la Guerra de la Independencia en Zaragoza detectando las carencias sanitarias en la sociedad española. La aportación de la gran pensadora Concepción Arenal en el ámbito sociosanitario español del siglo XIX, a través de la revista La Voz de la Caridad fue muy importante. Su labor como Secretaria General de la Cruz Roja desde 1871 se basó en denunciar las injusticias y las duras circunstancias de abandono de muchos de los enfermos, que ella misma vivió como directora del Hospital de sangre de Miranda de Ebro y Cenicero durante la 3º Guerra Carlista (1873/1875), atendiendo a los heridos y haciendo distinción entre éstos y los enfermos y marginados.

En sus respectivos contextos, la Madre Rafols y Concepción Arenal parecieron hermanar sus prácticas humanitarias, de compromiso social y decisión para mejorar la realidad sanitaria de las personas, en una España sumida en la gran inestabilidad política y social del siglo XIX.


Nació en Villafranca del Penedés, Barcelona, el 5 de noviembre de 1781. Su padre era molinero y tras su muerte en 1794, María ingresó en el monasterio femenino de San Gervasio, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. En 1803 la peste se cebó entre la población de Barcelona y María llevó a cabo duras tareas benéficas de asistencia a los enfermos, que le ayudaron a definir su vocación. Ese mismo año conoció al Padre Juan Bonal (1769-1829) un culto sacerdote y profesor, entregado como ella a dedicarse de lleno al servicio de los enfermos y los marginados, y que había sido ordenado para la archidiócesis de Zaragoza.

En diciembre de 1804 María Rafols llegó a Zaragoza con un grupo de once hermanas más y doce hermanos reunidos por el Padre Bonal para hacerse cargo de los servicios del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, activo desde el s. XV. Aquí emprendieron la empresa inspirada por el Padre Bonal y que llevó a acabo la Madre Rafols, de fundar un instituto religioso que, a la manera de la congregación de las Hijas de San Vicente de Paúl en Francia, se ocupase primordialmente de la atención a los enfermos. Así nació la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, y María Rafols, co-fundadora, fue nombrada su superiora con 23 años de edad.

Se había formado en enfermería y atenciones médicas, por lo que María se presentó ante la Junta del Hospital en pleno y pasó el examen de flebotomía para poder practicar la operación de la sangría, tan frecuente en la medicina de su tiempo. La comunidad se extendió a Huesca en 1807, y al estallar la Guerra de la Independencia jugó un importante papel de enfermería y atención a los heridos movida por sus principios humanitarios. El edificio del Hospital de Nuestra Señora de Gracia quedó destruido en los Sitios de Zaragoza, y María Rafols organizó la atención de todos los miles de enfermos haciendo frente a la trágica situación sanitaria de la ciudad sumida además en nuevas epidemias de peste. Acabada la contienda, su vida pasó por duras etapas de incomprensión política de los regímenes que se sucedieron durante un largo período, hasta que después de un exilio de seis años, pudo regresar en 1841 a Zaragoza, aunque con la salud muy resentida.

Se retiró de la vida activa en 1845, y se dedicó a redactar sus escritos y profecías. Murió en Zaragoza, el 30 de agosto de 1853, a los 71 años de edad. En 1908 fue proclamada “Heroína de la Caridad” por la Ciudad de Zaragoza, y por su fama de santidad fue beatificada en 1994.

Fuentes consultadas:

Magdalena Lasala Pérez

La mujer, tal cual se halla, es obra vuestra. Para que no se diera cuenta de lo mucho que le habéis negado, arrullabais sus oídos con las cadencias más aduladoras, declarándola reina de la gracia y de la belleza, asegurándola que le bastaban sus encantos para triunfar, que su poder estaba en su hermosura, y la engañada no veía en vuestros pérfidos armentos que le ofrecíais el reinado de un día, para aseguraros el de un siglo; que le dabais un juguete por un mundo. La mujer española exageró la obediencia, siendo frívola para complaceros, y hoy empieza a maldecir su docilidad, porque, aunque la denomináis encanto de la vida, no contáis con ella para ningún problema vital.

Concepción Gimeno Gil de Flaquer, 1903

El problema feminista. Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid, 26 Mayo 1903
Páginas 38 y 39.

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-problema-feminista