Biodiversidad y Naturaleza

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Toma de contacto con el problema de la presencia de la especie

La Unidad de Agentes de Medio Ambiente que ha desarrollado este trabajo, tuvo conocimiento de que la presencia de la especie cotorra argentina era percibida como un problema entre los ciudadanos, en el mes de noviembre de 2005. Fueron los vecinos del barrio del Arrabal, especialmente los usuarios del Parque Tío Jorge, quienes, alertados por el fuerte crecimiento en número y tamaño de grandes nidos sobre los árboles, reclamaron la intervención pública municipal.

Su iniciativa para dar solución al problema consistía en una contratación de servicios de cetrería. En ese momento, con la finalidad de garantizar la selectividad de cualquier método de control de fauna silvestre que se pretendiese ejecutar, y en aras a la protección del resto de avifauna autóctona, nos ofrecimos para atender la demanda ciudadana de control y/o eliminación de esta especie introducida.

Primeras gestiones a realizar

Para obtener información contactamos con el profesor D. Enrique Bucher, investigador de la Universidad de Córdoba (Argentina), y experto conocedor de la especie y de sus métodos de control. Como resultado nos remitió diversa información.

De forma paralela se llevaron a cabo consultas a otros servicios públicos cuya colaboración se precisará en el proceso.

  • Obtención de autorización administrativa de la autoridad competente para el manejo de una especie silvestre. En este caso el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA).
  • Conversaciones con el Servicio Municipal de Parques y Jardines, por ser éste quien gestiona el arbolado urbano, donde se asientan la práctica totalidad de los nidos, y por ser responsable del camión elevador de las empresas de mantenimiento de las zonas verdes en Zaragoza.
  • Conversaciones con el Cuerpo de Bomberos de Zaragoza para prever algunas colaboraciones para acceder a los nidos más altos.

Historia. Llegada a la ciudad

En la década de los años 80, coincidiendo con la importación de estos loros, comienzan a verse por Zaragoza y por otras ciudades españolas. El primer avistamiento datado con cierta certeza, se observa en el Club Deportivo El Soto, donde uno de los jardineros mantiene que en el año 1984 al menos una pareja se reprodujo con éxito.

Tan solo dos años más tarde, en 1986, ya hay presencia confirmada de estas aves en el Parque Tío Jorge.

Todas las teorías sobre el motivo de su presencia en los espacios públicos valoran que se trata de mascotas que se han escapado o han sido liberadas intencionadamente. A buen seguro ambas circunstancias concurrirían. Su estridente comportamiento domiciliario con continuas vocalizaciones, posibles riesgos sanitarios y otras circunstancias, dieron con el resultado que ya conocemos.

Esta información fue recabada hablando con tiendas especializadas que trabajaban la importación y venta de estos loros, con personal de mantenimiento de las zonas verdes, con usuarios habituales de parques y jardines urbanos, y con particulares poseedores de esta especie a modo de mascota.