Incluye los legados de mujeres que utilizaron todos los géneros literarios en que su inquietud las llevó a expresarse, como novela, poesía, ensayo, dramaturgia, cuentos, y literatura de viajes.
El silencio alrededor de la creación de mujeres o la dificultad histórica en hacerse escuchar, no ha impedido que las mujeres hayan practicado la escritura en todas las épocas de la historia, pero es a mitad del siglo XX cuando la ambición intelectual femenina latente varias décadas, renace para en mayor o menor medida romper con las normas establecidas de lo tradicional para ellas y su educación orientada al interior del hogar. La creación femenina quiere dejar de ser un adorno de muchachas bien educadas o un divertimento para damas con tiempo para la cultura. La creación femenina quiere ser respetada. La palabra femenina tiene que llegar al resto del mundo. La sociedad avanza más rápido empujada por la vindicación femenina, y la generalización de los movimientos feministas servirán para que las mujeres luchen por sus derechos desde distintos ámbitos a través del uso de la palabra, igual organizados que a nivel particular, y para que empiece a cambiar su situación, abriendo el camino para lo que será en el último tercio del siglo XX una verdadera proliferación de autoras femeninas.
Tras la depresión cultural en el ámbito de la creación femenina (y general, salvo magníficas excepciones) que sufre Aragón en las últimas décadas del siglo XIX, surge una experiencia decisiva para la renovación de la cultura aragonesa que será también impulso para la creación femenina sobre todo en el género poético: la Revista Noreste fundada por el escritor y poeta surrealista zaragozano Tomás Seral y Casas. Su relación con la poeta Maruja Falena, seudónimo de María Ferrer, abrió la puerta a que Noreste se convirtiera en espacio para la divulgación de magníficas autoras, como además de Maruja Falena, la también poeta María Dolores Arana, instalada en Zaragoza. El número 10 publicado en la primavera de 1935 incluía un homenaje a las poetas españolas del momento, las «heroínas de la vanguardia» como las describía su editor, muchas de ellas partícipes de esa “otra” Generación del 27, como Concha Méndez, María Cegarra, Marina Romero e incluso María Zambrano.
El estallido de la Guerra Civil lo cambió todo. Hasta entonces muchas de las autoras y artistas que podían descollar, se trasladaban a Madrid para buscar proyección suficiente; y al acabar la guerra, muchas de ellas y otras más se exiliaron con lo que la actividad creativa y literaria de las mujeres volvió a sufrir un parón hasta los años 70 del pasado siglo, donde muchas autoras comienzan a proyectarse cada vez más orientadas a una carrera literaria por derecho propio.
Ver Anexo documental y de Fuentes, pág.165 y ss.