Incluye los legados de mujeres investigadoras de la herencia recibida del pasado, para su recopilación, conservación y revisión, y que comienzan en muchos casos la labor de reescribir el patrimonio cultural histórico proponiendo nuevas formas de afrontar la interpretación del pasado.
Aprendemos quiénes somos a través de lo que nos cuentan las palabras. En cómo se cuenta la historia está la creación de las referencias que fundan criterios. El estudio de la Lexicografía ha sido parejo con el de la Historia, ya que ambos saberes nos posibilitan conocer el pasado, la herencia recibida, susceptible de revisión. Las historiadoras, entre la investigación, la deducción y la reinterpretación, son constructoras de nuevos enfoques sobre las palabras y la historia, aportados al mundo con su estudio. La misma y apasionada investigación alcanza al léxico, instrumento por excelencia para la expresión histórica de las sociedades. El siglo XX acoge la eclosión de la mirada nueva sobre la historia, representada en las mujeres estudiosas e interesadas en restau rar la presencia de la aportación femenina en el relato histórico. Para encauzar muchos de estos destinos, fue determinante el libre acceso de las mujeres a la Universidad, logrado por fin el 8 de marzo de 1910. Las primeras matrículas de mujeres en la Universidad de Zaragoza fueron en Filosofía y Letras, en 1913, para cursar estudios de Geografía o Historia, la única posibilidad para ellas durante todavía unos años.
En ese crucial primer tercio del siglo XX, un importante ámbito estudioso concentró y potenció especialmente la intelectualidad femenina aragonesa, el Estudio de Filología de Aragón, impulsado por Juan Moneva, donde su acceso lo marcaban exclusivamente los resultados académicos obtenidos en su paso como alumnas de la Facultad de Filosofía y Letras, sin que importara el sexo o la clase social a la que se pertenecía. En el E.F.A., además de formarse María Moliner como investigadora lexicógrafa, trabajó un elenco inigualable de mujeres de excepcional talento, procedentes de clases acomodadas y humildes por igual y que por tres décadas fueron la mejor expresión de la ambición intelectual femenina aragonesa: Las hermanas Áurea y Serafina Lucinda Javierre Mur, Matilde Moliner Ruiz (hermana de María)
Estrella Guajardo Morandeira, Ramona María de las Mercedes Izal Albero, María Mendizábal, María Buj, María Pilar Sánchez Sarto, Margarita Jiménez Lambea, Áurea Lóriz Casanova y María Dolores Caudevilla Martínez, además de María Pilar Moneva de Oro —hija del director —, María Dolores Bernad Sancho, María Pilar Pacareo Serrate, las hermanas Teresa y María Pilar Lamarque Sánchez y María Dolores y María Pilar de Palacio y de Azara. Muchas de las estudiosas y autoras que pasaron por el E.F.A. realizaron labores de gran brillantez en los ámbitos filológicos y archivísticos, como autoras de colecciones y recopilaciones propias y como bibliotecarias, docentes o investigadoras, en muchos casos fuera de Aragón por motivos familiares o al ganar oposiciones en otras ciudades.
Ver Anexo documental y de Fuentes, pág.165 y ss.