Programa constructivo


Consideraciones


El otrora perímetro de defensa de la ciudad que se apoyaba sobre las edificaciones conventuales discurría a lo largo de la actual Calle Asalto. Convertidos los restos de las edificaciones militares junto con las construcciones adyacentes, en un largo muro de cerramiento del solar, constituían, en la actualidad, una importante barrera urbanística entre el Barrio de San Agustín y el sector del Parque de Bruil.

El Proyecto pretendía abrir una nueva brecha, precisamente en la calle que rememora el asalto de las tropas napoleónicas, potencial pasaje de comunicación a través de aquella línea. En consecuencia, sus arquitecturas se debían orientar a articular nuevas conexiones entre los sectores colocados a uno y otro lado de esa línea de frontera, actuando así el recinto exconventual como una rótula, cuyo eje lo asumía el emplazamiento de los antiguos claustros que recuperaban así su viejo papel de espacios públicos de relación.

A partir de la posición axial de la torre, se construye así una entidad (masa principal del Centro de Historia) que corresponde a la antigua iglesia de San Agustín, apoyada sobre la antigua cripta, que refuerza así su vocación absidal. Este volumen se asienta en el espacio-frontera con Santa Mónica, y se proyecta otro volumen a su izquierda, de manera perpendicular al primero.

El borde urbano de la vía pública queda así fuertemente renovado y, al mismo tiempo, el prisma de la iglesia de Santa Mónica, recupera su tradicional papel en el cierre visual de esa fachada urbana.

El acceso a ese recinto interior, sugerido por la macla de esas estructuras, se produce a través de un voladizo --o gran marquesina--, con un efecto de tensión que enfatiza el ingreso en los antiguos claustros. Esta pieza incorpora, al mismo tiempo, escaleras y rampa que salvan el desnivel topográfico desde la calle Asalto.

Espacios exteriores


El Proyecto interviene en cuatro sectores exteriores: La plaza de San Agustín, la calle de Asalto y los dos claustros. Es muy distinta la ideología de intervención en cada uno de éstos, del mismo modo que son dispares las circunstancias históricas y morfológicas de cada uno de ellos.

La plaza de San Agustín es un espacio histórico poco alterado y por tanto sólo ha sido preciso actuar en la restauración de la fachada y la torre de la iglesia. Se ha aprovechado la ocasión para completar la pavimentación de piedra natural sobre la superficie de la plaza. Por el contrario, la intervención ha sido destacable en la reconfiguración de los claustros mediante un ejercicio basado fundamentalmente en la interpretación espacial e histórica desde un vocabulario contemporáneo de máxima discreción.

La planta del Claustro Mayor pretende funcionar como elemento vertebrador de los recorridos externos y como espacio abierto que realza la escala del lugar, a la vez que se constituye en plaza recoleta desde la que observar las arquitecturas, antiguas y nuevas, que lo rodean. Tres coníferas de distinto porte, agrupadas, y el césped repartido en cuadrados conforman el soporte vivo dentro del territorio de este Claustro. Una obra del escultor italiano Arnaldo Pomodoro ha quedado instalada en la perspectiva más alejada de la entrada.

El Claustro Antiguo ha sido entendido como un espacio complementario del anterior, abierto y plenamente comunicado con éste. Se ha tratado de enfatizar su presencia buscando una funcionalidad con un estanque muy plano de planta ochavada y cuadrada, fuente que parte del pozo central y pretende generar evocaciones conventuales relacionadas con el rumor del agua.