Iconografía


La obra de Santiago Arranz en el Centro de Historias de Zaragoza

En 1998 Santiago Arranz es invitado por los Servicios Municipales de Arquitectura del Ayuntamiento de Zaragoza a colaborar artísticamente en el Proyecto San Agustín: en un primer momento en la Biblioteca Maria Moliner (98-00) y posteriormente en el Centro de Historia de Zaragoza (00-03), pues para el arquitecto encargado del proyecto, José María Ruiz de Temiñ, la coherencia en el lenguaje entre los dos espacios era fundamental ya que se pretendía lograr una perfecta unidad Arte-Arquite_tura en todo el conjunto. Con Ruiz de Temiñ, Arranz ya había colaborado en proyectos anteriores como la Pintura Mural, o el diseñ de las ventanas interiores y las puertas de acceso principal de la Casa de Los Morlanes en 1995.

Según Arranz su inicial fuente de inspiración para crear la obra del Centro de Historia fue el estudio de Andrés álvarez, "Visión histórica del Convento de San Agustín de Zaragoza" en el que se narra como durante casi ocho siglos diversos estilos arquitectónicos y manifestaciones culturales germinaron en ese enclave, y nos legaron su testimonio: pavimentos y restos de estucos de época romana, necrópolis musulmana, convento franciscano, muralla medieval, convento agustino (claustro gótico y claustro renacentista), cementerio de frailes y pinturas barrocas, hasta que finalmente quedó arrasado durante el asalto de las tropas napoleónicas en 1809. Tras la desamortización de Mendizábal en el lugar se levantó un cuartel que a partir de 1978 pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Zaragoza.

Además, la reconocida mentalidad creadora de la orden se había plasmado en múltiples motivos y elementos: molduras de yeso, ladrillos aplantillados, pinturas murales rococó, cerámica y vajilla de Muel con el anagrama agustino, refinados trabajos de aljecería, y, a partir del siglo XVIII, azulejos y cerámica italianos en suelos y paredes, esgrafiados blancos sobre fondos rojos en la cripta, etcétera.

La idea era contar la historia a través de la evolución de ciertos símbolos estéticos, no como lo haría un historiador sino desde el punto de vista de un artista, y para ello recurre Arranz a la creación de un "vocabulario" de 64 formas que se inspiran en las diferentes culturas que han habitado o influido en nuestro entorno:

Celtíbera
Celtíbera
Romana
Romana (antecedentes griegos, etruscos y fenicios)
Mudéjar
Mudéjar
Gótica
Gótica: cristiana y judía

Se trataba de hacer convivir todas estas referencias y motivos históricos en un único relato visual alejado de cualquier intención narrativa lineal; dejando que la interrelación y la polivalencia de sus símbolos dieran sentido y valor estético al conjunto, pudiendo ser entendidos en varios sentidos en cuanto que forman parte de la totalidad de tejido de esos muros, o aparezcen fragmentados.

El conjunto del proyecto de San Agustín está pues animado por la ambición de explicar el concepto de tiempo histórico, en tres planteamientos diferentes y, a su vez, complementarios. Así hay un tiempo fragmentado en los relieves que perdemos de vista de una planta a otra de la Biblioteca. Sin salir de esta, hay un tiempo circular en los óculos o planetas de la última planta, debajo de los cuales nos refugiamos, y, por último, hay un tiempo lineal que encadena acontecimientos como formas, en un discurso infinito que se desarrolla principalmente en el Centro de Historia.

La parte posterior de la portada tardobarroca del Centro de Historia repite los planteamientos formales de la Biblioteca, pero sin interrupciones. No hay plantas que segmenten el espacio, sino un vacío luminoso que facilita la lectura global del conjunto de elementos plásticos: un suelo teselado por donde ahora deambula la sombra de un monje franciscano, formas de las diversas culturas encadenadas y encofradas desde el suelo hasta los óculos en el muro de hormigón gris, tres celosías "en lo alto del cielo"; y cuatro ventanas: el vaso íbero, el templo romano, la estrella mudéjar y la cruz cristiana, dispuestas a modo de columna historiada. Desde el exterior estas ventanas son prácticamente imperceptibles de día por coincidir en su cromatismo el alabastro que sirve de cierre con la piedra de la fachada, pero con la iluminación interior nocturna quedan realzadas.

En cuanto al concepto, si el proceso expansivo del convento de San Agustín había consistido en una yuxtaposición de construcciones a lo largo del tiempo, se recurre a una yuxtaposición de formas a lo largo del espacio, pero ofreciendo una visión no de fragmentación sino de continuidad utilizando una caligrafía elocuente de líneas grabadas en la "piel" de hormigón.

En el encofrado de los monumentales muros de más de 40 metros lineales de cada una de las tres plantas del edificio, se utilizan figuras a diferentes escalas y dos anchos de línea de 20 ó 10 centímetros. Así mismo la utilización de materiales que absorben en mayor o menor grado la humedad durante el fraguado del hormigón les confiere una ilusión perspectiva y una gran plasticidad.