Línea 4. Compromiso activo de la sociedad civil

Desde el convencimiento de que la pobreza infantil es un problema social que no sólo atañe a las instituciones, sino al conjunto de la ciudadanía, apostamos por un modelo social de ciudad en la que queden perfectamente articuladas la responsabilidad pública en garantizar los más amplios derechos sociales y el fortalecimiento del compromiso activo de la ciudadanía. Porque ambas instancias deben tener un papel protagonista si queremos afrontar de una manera integral la lucha contra la pobreza infantil. En ese sentido, desde este plan pretendemos ampliar y fortalecer las potencialidades de las que ya dispone la ciudad, tanto desde el punto de vista institucional como desde el de la ciudadanía organizada, para afrontar los desafíos que la pobreza infantil supone.

A partir de la premisa anteriormente planteada, en esta línea queremos poner en valor las diversas formas en las que el tejido social zaragozano se está corresponsabilizando de la pobreza infantil y juvenil en nuestra ciudad. La ciudadanía, a través de redes formales e informales, ha contribuido a dar respuesta a este problema social. El modelo de organización de nuestra sociedad está caracterizado por una ciudadanía socialmente activa y comprometida con la pobreza infantil y un tercer sector autónomo, fuerte, diverso, eficiente y plural como exponente de una ciudad socialmente inclusiva. Cuando hablamos de ciudadanía socialmente activa hacemos referencia también a la necesidad de ir construyendo un modelo de ciudad que favorezca que la ciudadanía pueda desarrollar a fondo su dimensión social, que rompa con la actitud pasiva del ciudadano receptor de recursos públicos y que asuma la responsabilidad ciudadana de participar en la construcción colectiva. Un modelo de ciudad que potencie prácticas innovadoras en materia de ayuda mutua y de solidaridad vecinal.

La ciudadanía de Zaragoza se caracteriza por sus aportaciones al trabajo de las entidades sociales que trabajan con la población infantil más vulnerable y por su contribución en hacer realidad el amplio tejido asociativo que existe en nuestra ciudad. Por eso desde este plan queremos reforzar y promover canales de cooperación ciudadana que transformen esta potencialidad de la ciudad, en una oportunidad de fortalecimiento de la lucha contra la pobreza infantil. Además, una ciudadanía comprometida y organizada socialmente es una garantía de una ciudad más justa, responsable, democrática y que aspira a alcanzar el bien común.

También es importante señalar la importancia numérica de las entidades sociales que trabajan con infancia en nuestra ciudad, entidades que tienen una relación clave con el Ayuntamiento y que cumplen un papel muy importante a la hora de garantizar los derechos sociales de los niños, niñas y adolescentes más vulnerables. Dada su pertinencia, el Ayuntamiento quiere continuar apoyando y reforzando el importante papel que estas entidades desempeñan en la prestación eficiente de servicios financiados con fondos públicos y de responsabilidad pública, a través de convenios y subvenciones.

Las entidades sociales son, por tanto, una condición necesaria para que Zaragoza disponga de una ciudadanía activa, además a través de ellas se pueden tener en cuenta las necesidades y desafíos que plantean algunos sectores de la población, como el que nos ocupa, que por su edad y por su situación de exclusión no se integran en los mecanismos de participación ciudadana establecidos ni en los movimientos sociales de defensa de derechos. Las entidades sociales del Tercer Sector contribuyen con su labor a que las necesidades de este sector de la población sean tenidas en cuenta en las políticas públicas. Por eso es fundamental que el Ayuntamiento siga favoreciendo la existencia de un Tercer Sector amplio, eficiente, diverso y que actúe en todos los ámbitos territoriales de la ciudad. Un sector que, además, sea pluralista, lo que significa que debe integrar todas las sensibilidades sociales y democráticas, y funcione de manera autónoma a los intereses políticos.

Por otro lado, el análisis de las experiencias vitales de los niños, niñas y adolescentes que viven en situaciones de pobreza pone de manifiesto la importancia de la implicación comunitaria a la hora de desarrollar actividades consideradas compensadoras, a través de la articulación de iniciativas de autogestión comunitarias, de apoyo mutuo. Es evidente que el desarrollo comunitario puede contribuir a mejorar la calidad de vida de las comunidades más vulnerables, promoviendo redes de apoyo familiares, sociales y comunitarias. El desarrollo comunitario debe ser un componente básico de toda estrategia de lucha contra la pobreza infantil y resulta esencial para la construcción de una sociedad más inclusiva y cohesionada. Las iniciativas comunitarias deben complementar, desde una posición de mayor cercanía y flexibilidad, la labor Institucional.

Es evidente que la pobreza sitúa a los niños, niñas y adolescentes en situación de «vulnerabilidad», lo que implica la posibilidad de sufrir carencias, discriminación o daño. Pero la vulnerabilidad lo que sobre todo implica es falta de poder, remitiendo inevitablemente a su carácter estructural y a la responsabilidad que el contexto social e institucional tienen en la misma. A la hora de afrontar la situación de vulnerabilidad que sufren los niños, niñas y adolescentes, nos parece pertinente adoptar también la perspectiva de la resiliencia comunitaria. Porque desde esta perspectiva, el concepto de vulnerabilidad no se asocia a «debilidad», sino a la ausencia de empoderamiento. Además, al enfocar la vulnerabilidad desde esta perspectiva consideramos a las niñas, niños y adolescentes y a las comunidades a las que pertenecen como agentes de su propio cambio. Es decir, el concepto de resiliencia nos permite trabajar con la noción de que las comunidades, y por tanto los menores también, pueden sobreponerse a las situaciones de adversidad si reciben los apoyos adecuados y, en definitiva, generar capacidad de elección y decisión sobre sus propias vidas. Por todo ello, a la hora de enfrentar las situaciones de pobreza que viven los niños, niñas y adolescentes de nuestra ciudad, es necesario implementar acciones que supongan un desarrollo práctico de la noción de resiliencia, orientadas a maximizar y aprovechar las oportunidades que ofrecen los recursos del propio niño o niña, su familia y su entorno.

Una vez puesta en valor la necesidad de la corresponsabilidad de la sociedad civil en la lucha contra la pobreza infantil, es imprescindible ahondar también en los mecanismos o dispositivos a través de los cuales la sociedad produce y reproduce los prejuicios, estereotipos e identidad negativos respecto de las personas pobres, con el fin de poder desactivarlos.

Dentro de las relaciones humanas se establecen categorías que diferencian los patrones de comportamiento entre las personas. Es decir, que desde el nacimiento de una persona se le asigna dentro de un patrón de comportamiento a seguir, basado en su pertenencia a un género, a una etnia o a un determinado grupo social. Esto significa que la pobreza se debe entender como una categoría construida socialmente y que trae aparejada la materialización de ciertas prácticas, comportamientos y actividades. La pobreza no es solamente una descripción de un estado vital, sino que constituye al mismo tiempo unas formas de comportamiento, unas acciones y una identidad muy concreta. Por otro lado, la repetición constante de estos comportamientos y acciones refuerza la pertenencia a ese grupo social en situación de exclusión. Las personas al nacer, o en un momento determinado de sus vidas, son sometidas al proceso de tener que asumir su estatus de pobreza. A partir de estos mecanismos de asimilación se llega a un sistema de identificaciones basado en la exclusión. Porque la concepción de la pobreza está ligada al concepto de identidad, una identidad que hace alusión a una conciencia grupal de pertenencia y a una serie de símbolos establecidos que imponen ciertas conductas a las personas, dependiendo de su estatus socioeconómico.

La pobreza aparece como una construcción cultural, es decir, como el conjunto de propiedades y funciones que una sociedad atribuye a las personas en virtud de su carencia de recursos. Para entender el fenómeno de la pobreza hay que ser conscientes de la elaboración que cada sociedad hace de las diferencias socioeconómicas y tener en cuenta que estos factores juegan un importante papel en la construcción de la identidad de las personas.

La pobreza no sólo consiste en un problema de desigual distribución material, sino que también trae aparejada un sentimiento moral de desventaja y una falta de amor propio, resultado de la falta de reconocimiento y del menosprecio social. En esta línea estratégica se abordará cómo afecta esa falta de estima social a los niños, niñas y adolescentes en situación de exclusión, y desentrañar los mecanismos de elaboración y reproducción de los estigmas y los prejuicios que existen sobre quienes sufren pobreza infantil, para poder articular y fomentar acciones efectivas que garanticen el reconocimiento de estos menores. Sólo de esta manera los niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad y exclusión podrán construir una imagen de sí mismos como sujetos valiosos, iguales a los demás y con las habilidades necesarias para poder llevar a cabo sus planes de vida.

  • Poner en valor el papel que la sociedad civil en la lucha contra la pobreza infantil.
  • Conocer las actuaciones de las entidades sociales y las redes ciudadanas en barrios y distritos de la ciudad, que contribuyen a paliar la pobreza infantil.
  • Fomentar la colaboración y la sinergia entre todas las entidades sociales que trabajan con infancia en los distintos barrios de la ciudad, para plantear un abordaje más eficiente, integral y sostenible de la lucha contra la pobreza infantil en nuestra ciudad.
  • Conocer si la construcción cultural de la pobreza en nuestra sociedad actúa provocando una identidad degradada, resultado de la falta de reconocimiento y del menosprecio social.
  • Programar actuaciones que contrarresten la sobrecarga negativa, manifestada a través de estereotipos y prejuicios, en los niños, niñas y adolescentes que están en situación de pobreza. Fomentar acciones efectivas que garanticen el reconocimiento social de los menores situación de vulnerabilidad y exclusión social.

1) Poner en valor el papel de la sociedad civil en la lucha contra la pobreza infantil.

  • 1.1 Realizar un estudio diagnóstico que establezca un mapa de las entidades sociales que trabajan en el ámbito de la infancia con el objetivo de mejorar la vida de los niños, niñas y adolescentes, en los diferentes distritos de la ciudad. Conocer cuál es su actividad principal y en qué grado implementan esta actividad en la zona o territorio en el que habitualmente desarrollan sus proyectos, especialmente aquellos que prestan más atención a la infancia en situación desfavorecida.
  • 1.2 Fomentar la generación y el apoyo a las redes y a los recursos comunitarios que puedan compensar los procesos estructurales de exclusión.
  • 1.3 Favorecer la articulación de iniciativas de autogestión comunitaria, que complementen la labor institucional, de una manera cercana y flexible.
  • 1.4 Conocer las redes sociales que la sociedad civil zaragozana ha ido tejiendo en el territorio para atender a la población infantil más desfavorecida.
  • 1.5 Conocer el funcionamiento de las redes sociales. Una red constituye una estructura compuesta por un conjunto de agentes relacionados entre sí en función de algún criterio o cuestión común. Este tipo de estructuras se caracterizan por contar con una serie de nodos, o puntos de conexión, desde los que se extienden enlaces a modo de líneas que parten y acaban en dos de estos nodos.
  • 1.6 Realizar programaciones diferenciadas por barrios que atiendan la diversidad expresada en el estudio diagnóstico.
  • 1.7 Analizar el el grado de conocimiento e interrelación existente entre las entidades sociales, con el objeto de establecer qué nivel de cooperación y de trabajos en red se da entre estas entidades.
  • 1.8 Estudiar las características de la red o redes conformadas por todas estas entidades y grupos no formales, para acordar mecanismos de coordinación.
  • 1.9 La consideración de la especificidad de las entidades que trabajan en favor de la población infantil más desfavorecida, y de sus redes de interrelación, permitirá por tanto contemplar las medidas oportunas dirigidas a la generación y apoyo de redes de recursos autogestionados y comunitarios que complementen la labor institucional, buscando en último término, los objetivos de complementariedad, enriquecimiento mutuo y aprovechamiento de la diversidad de enfoques.

2) Fortalecer el papel de las entidades sociales en la lucha contra la pobreza infantil.

  • 2.1 Elaboración del mapa de entidades sociales con las que establece convenios de colaboración el Ayuntamiento y de las entidades sociales que participan en las convocatorias publicas de subvenciones.
  • 2.2 Mantener la línea de subvenciones a las entidades sociales.

3) A través del Consejo Sectorial de Derechos Sociales, se invitará a todas las entidades que trabajan en el ámbito de la infancia, además de a las entidades integradas en dicho Consejo, a suscribir el Plan Municipal contra la Pobreza Infantil, con el fin de constituir un grupo más amplio que haga explícito el compromiso de todas las entidades y colectivos ciudadanos que lo suscriban en la lucha contra la pobreza. El Plan Municipal contra la Pobreza Infantil también debe servir para evidenciar el trabajo realizado por todo el tejido social y transmitir a la ciudadanía la situación real de pobreza infanti y poner en valor la corresponsabilidad de todos en la lucha contra la pobreza infantil.

4) Profundizar en el conocimiento de la situación de pobreza infantil en la ciudad. Ante la ausencia de datos directos sobre pobreza infantil en nuestra ciudad, se llevarán a cabo las acciones pertinentes encaminadas a disponer de datos tanto cuantitativos como cualitativos que nos aporten información directa sobre su incidencia, así como sus características más significativas. Dado que la pobreza es un fenómeno multidimensional, para obtener datos directos será necesario realizar estudios socioeconómicos de los distintos distritos de la ciudad. Estos estudios o diagnósticos determinarán las especificidades propias de los diferentes ámbitos territoriales que componen la ciudad, a partir del establecimiento de indicadores de tipo cualitativo y cuantitativo que permitirán tener una visión más certera de este fenómeno y redundarán en una acción política más efectiva.

5) Sensibilizar a la ciudadanía sobre los estereotipos negativos asociados a la pobreza infantil que afectan a la construcción de la identidad de los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en esta situación.

  • 5.1 Realizar un estudio diagnóstico que permita identificar y sistematizar aquellos estereotipos, prejuicios y discriminación asociados a la pobreza infantil en la ciudad de Zaragoza, presentes en la población adulta. Una vez identificados se analizará como repercuten en la construcción de la identidad de los menores y en su desarrollo personal y social.
  • 5.2 Identificar los factores asociados a estas actitudes y comportamientos en la población adultas, para posteriormente elaborar propuestas de actuación concretas. Estas actuaciones deben ir encaminadas a sensibilizar y formar sobre las distintas maneras de discriminación que sufren los niño y niñas en situación de pobreza y a potenciar la eliminación de los estereotipos y prejuicios que, en torno a la pobreza, existen en nuestra ciudad.
  • 5.3 Revertir la conciencia social negativa hacia las familias pobres a partir de unas actuaciones, que lo que buscan es incidir en una construcción social de la pobreza que está muy anclada en la subjetividad de la ciudadanía.

6 ) Identificar y sistematizar los estereotipos, prejuicios y discriminaciones asociados a la pobreza infantil, presentes en la población infantil y en aquellos profesionales que trabajan directamente con dicha población.

  • 6.1. Realizar un estudio diagnóstico Analizar los prejuicios, estereotipos, rumores y discriminación que sufren los niños y niñas pobres, y sus familias, en nuestra ciudad; y cómo repercute en su proceso de identidad y desarrollo personal y social.
  • 6.2. Establecer factores asociados a estas actitudes y comportamientos.
  • 6.3. Establecer actuaciones de sensibilización y formación hacia la población infantil que contemple las distintas maneras de discriminación que sufren los niños y niñas en situación de pobreza. Así como actuaciones especificas, de lucha contra los estereotipos y prejuicios en torno a la pobreza, que existen en nuestra ciudad.

7) Todas las medidas, programas, actuaciones, enmarcadas en esta línea de actuación, persiguen que la condición de pobreza no pase de ser un dato coyuntural a convertirse en un estigma estructural. Que el potente descriptor del «niño/a pobre» no lo identifique, para que se haga de su condición de pobreza un hecho socialmente natural e inevitablemente heredable.

8) Se programarán grupos de formación para profesionales, con la finalidad de reflexionar acerca de cómo los prejuicios y estereotipos, de los que nadie está libre, constituyen los cimientos sobre los que se alza un edificio de prejuicios tendente a segregar social y culturalmente a las poblaciones pobres. Esta segregación se encarna entre las poblaciones infantiles y constituye uno de los mecanismos básicos para asegurar la transmisión generacional de la pobreza.

9) Programación de encuentros y foros, abiertos a agentes sociales y a la sociedad en su conjunto, para analizar, los prejuicios y estereotipos identificados en los colectivos estudiados, pues su descripción es básica a la hora de diseñar estrategias efectivas para afrontar su potencial capacidad disruptora. Y en segundo lugar, la consideración de la dimensión cultural del rumor y el estereotipo en los procesos de génesis identitaria aportará una comprensión de las acciones que los actores sociales están llevando a cabo.

10) Investigar las causas que actúan a nivel grupal y relacional y que desencadenan un proceso de alterización, es decir, una construcción social específica de la imagen del Otro, dotada en mayor o menor medida de anomalías y diferencias entendidas peyorativamente.