Crítica de arte: Julia Dorado pinta una escenografía de la incertidumbre
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Cuenta Julia Dorado (Zaragoza, 1941) en la breve entrevista que Alejandro Ratia le hace con motivo de su exposición en la galería A del Arte algunos detalles interesantes que afectan a las pinturas ahora seleccionadas: la búsqueda iniciada en Bruselas que le precipitó desde un escenario exterior a otro interior, en el que se dieron cita algunos de los hallazgos de sus primeras etapas; su fidelidad a la formulación pictórica en series; y su querencia por el aire, "lo que llamamos la atmósfera de un cuadro, es lo que hace habitable el espacio pictórico". Un espacio pictórico que en la pintura de Julia Dorado persevera en el hallazgo de algo que supere los ámbitos interior y exterior, meras convenciones que, no obstante, le sirven para explicar el impulso que guía sus búsquedas en uno u otro momento. Todo se enreda en su obra, espacios y, por supuesto también, tiempos.
En 2010, Julia Dorado presentó su primera individual en la galería A del Arte. La viajera se tituló. La abrió con la pintura Aquí no me quedo, un tríptico con cuadros que en origen eran individuales. A la fachada de pisos en los que la incidencia de la luz derrama colores, seguía un sucio escenario en ruinas y empantanado que derivó en una visión apocalíptica de un paisaje incendiado que no era sino la cartografía de la incertidumbre que sigue alojada en su pintura. Residente en Zaragoza desde 2012, Dorado animó a los responsables de la galería A del Arte a celebrar su amistad con Sahún y Vera, compañeros de viaje del Grupo Zaragoza, con un conjunto de obras en las que, siquiera lejanamente, pervivía aquel impulso renovador que dirigió su empeño de seguir la aventura del grupo Pórtico. La valoración constructiva del gesto y del color, eslabón de continuidad entre Pórtico y Grupo Zaragoza, en opinión de Vera, continúa activo en la obra de Dorado, aliado siempre a la suntuosidad de la pintura, a los efectos del claroscuro, a su preocupación por dar entrada al aire y abrir perspectivas, y conciliar abstracción y figuración. Todos estos rasgos persisten en las obras que presenta en A del Arte, a modo de pequeño relato, Érase una vez lo ha denominado, que continúa el que aborda en el IAACC Pablo Serrano, Entre mirar y ver. Títulos que dejan las puertas abiertas.
Dorado siempre ha trabajado en series que finaliza cuando considera agotados los retos pictóricos. Sucede, sin embargo, que algunas de esas series le ofrecen la posibilidad de regresar pasado un tiempo. Es así que muchas de las obras de pequeño formato que presenta en A del Arte están relacionadas con la exitosa serie Pasillos que, en 1976, presentó la sala Víctor Bailo de Zaragoza. En realidad, los cuadros actuales, fechados entre 2013 y 2015, son una deriva cuyas múltiples variaciones le sirven para probar nuevas soluciones plásticas, en su deseo de avanzar.