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23 marzo 2015

Crítica de arte: Sorolla, a la orilla del mar de los mares


Por: Chus Tudelilla (El Periódico de Aragón)
Cultura

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"A la orilla del mar de los mares, donde se mira el cielo de los cielos, (...) el artista parece como que se ha abandonado en una actitud de exquisita receptividad y fruición sensual, que le acaricia todos los sentidos, y que luego él proyecta y perpetúa en el lienzo (esos lienzos casi huelen a mar, por aquello del complejo condicionado), a modo de revelación directa, sin mengua alguna del goce original de que se engendró. (...) Esa fase o manera ocasional de Sorolla, la de las emociones por decirlo así de naturaleza elemental, es insuperable", escribió Ramón Pérez de Ayala. Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 - Cercedilla, 1923) hubiera estado de acuerdo. Basta recordar su posicionamiento estético: frente al pesimismo, tristeza y negrura de la generación del 98, Sorolla exaltó el placer de vivir y de pintar.

Nadie como Sorolla, escribió Pérez de Ayala, pintó el sonido, el viento, la brisa marina en la playa, el olor del mar y la luz. Duncan Phillips sintió, gracias a sus obras, que los días de verano eran el mejor de todos los mundos posibles. Y Juan Ramón Jiménez supo que el pintor había encontrado su tesoro en el agua azul.

El mar en la pintura de Sorolla centra este proyecto organizado en colaboración con el Museo Sorolla de Madrid, de donde proceden las obras expuestas. Destacan sus responsables el carácter no especializado de la muestra. Sin embargo, y a pesar del poder de convocatoria del pintor, no es una exposición sencilla. El espectador no avisado echará en falta mayor número de grandes cuadros del mar que tantas veces ha visto reproducidos. En su lugar, abundan tablas, cartones e incluso lienzos que sirvieron al pintor de apuntes o de notas experimentales, complicadas de entender a pesar de ser claves en los cuadros definitivos.

José Manuel Pascual, comisario de la exposición, ha obviado el estricto orden cronológico --quizás por falta de obras--, que hubiera ayudado a situar las influencias y peculiaridades de la pintura "del natural" en Sorolla. A su temprana fascinación por el mar, siguieron las enseñanzas de Gonzalo Salvá, conocedor de la Escuela de Barbizon; la experiencia que Pinazo le transmitió de los machiaioli italianos; el descubrimiento de la pintura nórdica en la Exposición Universal de París, en 1889, sobre todo la de Zorn; la atención por la pintura del danés Kroyer; o la estrecha relación con Beruete, y con este su interés por el Impresionismo. Señalar además, la insistencia de Sorolla en las luces del ocaso, que procuran tan fuertes contrastes, las distintas dicciones que hizo de un mismo cuadro, y su costumbre de pintar en dos lugares diferentes durante el verano. A las marinas primeras, siguieron cuadros costumbristas de pescadores y a partir de 1904 irrumpió el tema de la playa que dio a Sorolla fama internacional.