Pulsa para ver la imagen en grande
18 julio 2013

Berto Romero: 'No me gustan las etiquetas, al final lo importante es que haga gracia'


Guillermo Esteban (El Periódico de Aragón)
Cultura

Cuerpo de la noticia

El humor como forma de ganarse la vida es una fórmula que funciona. O por lo menos así ha sido para Berto Romero (Cardona, Barcelona, 1974), cuya carrera artística ha estado siempre muy unida, aunque no revuelta, con Andreu Buenafuente, quien le dio la oportunidad en televisión. Ahora, a veces acompañado y a veces en solitario, triunfa tanto en directo como en la radio. Mañana estará en el Anfiteatro de la Expo, a las 22.00 horas, dentro de la programación de los Festivales del Ebro.

-Berto Romero sigue con nosotros explica cómo ha ido aprendiendo alguna que otra buena lección de la vida. ¿Se trata de una obra de autoayuda en primera persona?

-No, no ayuda a nadie, ni al público, ni a mí, pero por lo menos te ríes. Al final de lo que se trata es de volver a hacer una obra de monólogos y música pero cambiando los temas. La anterior hablaba de cuestiones adolescentes, como el amor, la familia, etc. En esta hay cambios: ya he tenido hijos, una edad, tengo que empezar a cuidarme... Pero todo esto en clave de humor, que nadie venga a aprender, por favor.

-Usted no suele utilizar la situación política en sus espectáculos...

-Se puede hacer buen humor con el tema político, pero a mí ya me cansa, la verdad. Estoy realmente saturado de actualidad y del mismo machaque continuo a base de noticias que alertan de que todo va mal. Llega a amargar.

-Acaba de estrenar junto a Andreu Buenafuente Nadie sabe nada, un programa de humor radiofónico que se emite cada domingo. ¿En qué consiste?

-La verdad es que estoy muy contento. Se trata de un programa de improvisación entre Andreu y yo. Durante 25 minutos charlamos sobre las cuestiones que nos han planteado los oyentes a través del e-mail y cuando nos cansamos de hablar ponemos una canción. Todo es muy fresco y muy divertido, la verdad.

-Hace ya años era conocido en el ámbito de Cataluña, pero la fama le llegó a raíz de su participación en el programa Buenafuente. ¿Qué le supuso esta experiencia?

-Fue muy enriquecedora a todos los niveles. A mí el programa de Buenafuente me lanzó a la primera división, me dio popularidad y, sobre todo, me permitió expresarme muy a gusto durante todos los años que duró. Hice lo que me dio la gana, me escribía mis propias piezas. Aprendí mucho, entre otras cosas cómo hacer comedia para el gran público.

-Parece que Andreu Buenafuente y usted son uña y carne en los platós. Pero, ¿tienen el mismo clima de complicidad detrás de los focos o se llevan fatal y cada uno hace su vida?

-Paradójicamente, sí. Nos llevamos bien porque luego cada uno hace su vida, evidentemente. Buenafuente es como esa novia que siempre está ahí y de vez en cuando me llama y hacemos algo juntos. Hemos conseguido mantener la relación trabajo-amistad satisfactoriamente.

-Ha escrito varios libros y tiene un hijo. ¿Ya solo le queda plantar un árbol o tiene algo más planeado?

-(Ríe). En todos estos años en los que he estado haciendo espectáculos, me he podido expresar en muchos ámbitos diferentes y siempre me lo he estado pasando muy bien.

-¿Qué tipo de humor es su favorito?

-Yo soy muy gourmet con el humor. Me gusta probar cosas raras, posthumor, también me gusta consumir humor mucho más fácil... No me gustan las etiquetas, al final lo importante es que haga gracia. Yo soy bastante agradecido, me gusta reír y consumo mucho el trabajo de los compañeros.

-¿Alguna vez el público no ha respondido positivamente a uno de tus chistes?

-Me ha ocurrido muchas veces. Cuando no tienes bien construido el personaje o la gente no te conoce puede ocurrir. Además en esto no hay varita mágica, no hay fórmula del éxito. Me sigue pasando, a veces escribo cosas y a la gente no le hace tanta gracia.

-¿Y cómo sale del paso?

- Disimulando, tiras de recursos de oficio. En ocasiones, es más importante cuando fallas que cuando va bien porque aprendes.