Crítica de arte: Pablo Palazuelo en el IAACC Pablo Gargallo
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"Todo se dibuja, incluso lo infinito. Se quiere fijar el ser y al fijarlo se quiere trascender todas las situaciones para dar una situación de todas las situaciones", escribió Gaston Bachelard en La poética del espacio (1957). Pablo Palazuelo (Madrid, 1915-Galapagar, Madrid, 2007) quiso dibujarlo todo, incluso lo infinito, como Bachelard, a quien dedicó la escultura Élan formé (Homenaje a Bachelard) en 1977. La pintura y la escultura de Palazuelo tienen su germen en los dibujos que, mediante un proceso de manipulación, provocan generaciones metamórficas organizadas en familias; en ocasiones, contó Palazuelo a Kevin Power, de un dibujo "primero" aparece otro mientras lo contempla, que le exige seguir trabajando para evitar que ese nuevo escape. Las visiones rápidas que guían la generación sucesiva de estructuras, los dibujos, responden a una especie de meditación irracional que será la que decida. En su archivo, Palazuelo conservó los procesos, y, según comentó, su revisión le provocaba sorpresas positivas y una descarga emocional; de tal modo que al volver a mirarlos se desataba de nuevo una de esas cadenas según la cual las formas pasan de unas "en" otras. El final es una incógnita; incluso en ciertos casos no se ve el final.
Lo mismo creyó Paul Klee, de quien tanto aprendió Palazuelo: además de la seguridad de que las obras de arte remiten unas a otras y suscitan nuevas, comprendió el significado profundo de la reflexión de Klee "el arte no expresa lo visible sino que hace visible lo inefable"; y lo hizo bien temprano, cuando participó en el cuaderno Homenaje a Paul Klee de la colección Artistas Nuevos (galería Palma, Madrid, noviembre 1948) con la frase: "De la lejana región donde se elaboran los procesos últimos de la conciencia, nos llegan voces que nos hablan de esplendores invisibles...".
Palazuelo buceó en los orígenes con el propósito de plasmar en imágenes los principios subyacentes que son la naturaleza. "No quiero representar, sino manifestar o colaborar, al menos, en el acto de la aparición", confesó a Santiago Amón; y le dijo más: para sentir a fondo aquello que contempla, el espectador debía permanecer muy atento y mantener una escucha prolongada e intensa; solo así podrá alcanzar la verdadera "visión" que le sitúa en un estado equivalente al del artista en cada uno de los instantes de la visión.
Javier Maderuelo ha seguido el consejo de Palazuelo en esta selección de dibujos, maquetas y esculturas con dos intenciones: estudiar y comprender la creación escultórica del artista, que inició a partir de 1962, y brindarlo a la contemplación estética del espectador. Basta con detenerse y mirar.
La exposición Pablo Palazuelo "Proceso de creación escultórica" permanecerá en el museo Pablo Gargallo hasta el 23 de junio.