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10 diciembre 2012

Crítica de arte: Gaudí Único


Por: Chus Tudelilla (El Periódico de Aragón)
Cultura

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Desde París, Picasso solicitó a su amigo Opisso, ayudante de Gaudí en aquellos años primeros del siglo XX, que por el bien de su alma enviase la Sagrada Familia al infierno. Y Eugeni d'Ors escribía en 1906 que el pueblo catalán estaba obligado a soportar sobre los hombros de su frágil normalidad dos sublimes anormalidades: la poesía de Joan Maragall y la Sagrada Familia, en el empeño de integrar esa anormalidad, convertida en uno de los símbolos esenciales del catalanismo conservador, en la normalidad civil que los intelectuales del Noucentisme promovían.

Fue Joan Maragall quien creó el mito del arquitecto visionario y solitario que Gaudí avivó en sus últimos años. La Sagrada Familia, escribió Maragall en 1905, "es el monumento de la idealidad catalana en Barcelona... es la imagen del alma popular"; y Gaudí: "como es un visionario, nadie se ocupa de él ni él de nadie; pero empieza a tejer su visión a solas, y como una gran floración de los siglos empieza a alzarse el templo. (...) Aquel hombre es el genio de Cataluña".

A la muerte de Gaudí, en 1926, las necrológicas fusionaron el Gaudí católico con el visionario, y con el mediterráneo y apolíneo, lógico y preciso en lo más esencial de su obra: la construcción, la estructura y la geometría. De tal modo que la imagen de Gaudí que nació de esos textos es la que todavía hoy se mantiene en el imaginario popular. Así lo considera Lahuerta, autor de dos libros decisivos para la comprensión de la compleja figura de Gaudí: Antoni Gaudí 1852-1926. Antología contemporánea y Decir anti es decir pro, de los que hemos tomado las citas mencionadas.

Los textos de sus contemporáneos certifican, anota Lahuerta, que la arquitectura de Gaudí fue el reflejo y la expresión de determinadas estrategias ideológicas y necesidades políticas; así lo evidencian los responsables de esta exposición cuando aluden a las tertulias que Gaudí mantuvo con su mecenas Eusebi Güell, prohombre de la nación catalana, y con el exaltado sacerdote Jacint Verdaguer. A Gaudí correspondía dar forma al patriotismo y al misticismo sobre los que se cimentó la Renaixença. Los autores del libro Gaudí y la razón constructiva. Un legado inagotable subrayan su extraordinaria capacidad de inventar, utilizando materiales, fábricas y técnicas del pasado más remoto, novísimas formas arquitectónicas al servicio de los nuevos usos; y su preocupación por el correcto funcionamiento de sus edificios. Con todo, la visión religiosa de Gaudí es inseparable de la estética. Lo supo Dalí, fascinado por el ímpetu de Gaudí, ante cuyas obras aconsejaba más que ver, tocar y oír, "respirar el perfume sagrado".

Gaudí Único puede visitarse en el Patio de la Infanta e Ibercaja hasta el 29 de enero.