El Festival de Cine de Zaragoza se dedica José Luis Borau
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El Festival de Cine de Zaragoza quiere dedicar su XVII edición al director de cine aragonés José Luis Borau, fallecido este pasado viernes en Madrid a los 83 años.
Esta decisión se ha acordado por toda la organización del FCZ a iniciativa de su director José Luis Anchelengües. Así, el Festival realizará un homenaje a la figura de Borau en su gala de clasura, que tendrá lugar el 1 de diciembre. Esa noche se entregarán los premios del festival, que desde hace varias ediciones ya llevan el nombre del cineasta aragonés.
En José Luis Borau Borau: cineasta, productor, guionista, actor, ensayista, escritor, historiador, profesor, editor, académico de la Real Academia Española y el sexto presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, entre 1994 y 1999, se puede condensar buena parte de la historia del cine español de las últimas cuatro décadas.
Nacido en Zaragoza en 1929, Borau había sufrido en los últimos años una serie de reveses físicos que debilitaron su salud y, afectado de un cáncer de garganta, falleció en Madrid, ciudad en la que ha sido enterrado en el sacramental de San Justo, donde yacen sus padres, cumpliendo así los deseos del cineasta.
La muerte le llegó tan solo un día después de haber recibido en Madrid un homenaje en la Real Academia Española, de la que era miembro, y que el director de la institución, el también aragonés José Manuel Blecua, anunciase la creación de un premio de guiones cinematográficos que llevará el nombre de José Luis Borau.
Su obra como director es corta, solo nueve películas desde Brandy, disparatado wéstern de 1964, hasta Leo, estrenada en el 2000, además de la serie de televisión Celia (1992). Pero su andadura por el cine es tremendamente generosa. Produjo con su compañía El Imán la primera película de Iván Zulueta, Un, dos, tres, al escondite inglés (1969), y uno de los filmes más transgresores del cine español en plena dictadura, Mi querida señorita (1971), de Jaime de Armiñán.
Fue profesor de la Escuela de Cinematografía y el Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM), impartió cursos diversos y probó la aventura editorial de libros de cine fundando en 1995 Ediciones del Imán. Como ensayista e historiador destacan especialmente dos de sus trabajos, El caballero d'Arrast (1990), libro sobre Henri d'Abbadie d'Arrast, un genio oculto de la comedia hollywoodiense en el tránsito del mudo al sonoro; y el Diccionario del Cine Español (1998), una obra colectiva que dirigió y coordinó.
Sin ligarse a ningún partido político en concreto, Borau fue siempre defensor de todas las libertades. Del mismo modo que en 1975 se negó a realizar los 40 cortes a los que le obligaba la censura franquista para poder estrenar Furtivos, saliendo vencedor en el envite (y además logró la Concha de Oro en San Sebastián), en 1998, durante la gala de los Goya de aquel año subió al escenario en calidad de presidente de la Academia con las manos pintadas de blanco en señal de repulsa por el asesinato del concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su esposa, cometido por ETA un día antes.
Su integridad moral como profesor, académico o responsable de la Academia del cine español, se trasladó también a su estricta andadura cinematográfica. Si produjo obras independientes, incluso radicales en su momento, también intentó con sus propias películas como director horadar terrenos novedosos sin apartarse nunca de la realidad del país. Furtivos es el caso más evidente por su carácter de parábola sobre el ocaso del franquismo y su crudeza dentro del género del drama rural.
Su filmografía anterior a Furtivos se plantea como una particular revisión de géneros clásicos: el wéstern con Brandy, el cine negro con Crimen de doble filo (1965) y el thriller político de aires internacionales con Hay que matar a B. (1973).
Volvió a repetir la experiencia internacional en Río abajo (1984), protagonizada por David Carradine. En La sabina (1979) y Tata mía (1986) ofreció su visión del melodrama. Sus dos últimas cintas como realizador, ambas protagonizadas por Iciar Bollaín, fueron Niño nadie (1996), un relato sobre el libre albedrio, y Leo (2000), filme en torno a una muchacha indigente con oscuro y turbulento pasado, ganador del Goya al mejor director.