Las dos joyas mudéjar menos conocidas de Zaragoza

Zaragoza Turismo pone en marcha un programa de visitas guiadas para descubrir dos de las joyas del mudéjar menos conocidas de la ciudad: el Monasterio de Canonesas del Santo Sepulcro y la Parroquieta de la Seo.

Se trata de dos edificios únicos ubicados en el corazón de Zaragoza y con muchos elementos en común, ya que tuvieron los mismos promotores y en ellos trabajaron los mismos artistas.

Todos los primeros sábados de mes, una visita guiada de dos horas, que comenza a las 10.30 horas en la Parroquieta, permite conocer su historia y riqueza artística.

El Monasterio de Canonesas del Santo Sepulcro es el único edificio conventual de estilo mudéjar que ha llegado completo hasta nuestros días, y permite viajar en el tiempo adentrándose en su Sala Capitular y el Claustro.

Construido sobre los restos de las antiguas murallas romanas, lleva 700 años habitado y sigue siendo un edificio vivo, de hecho es el único de esta orden que hay en España y está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).


En cuanto a la Parroquieta de La Seo o capilla de San Miguel está incluida en el catálogo del mudéjar Patrimonio de la Humanidad. Se trata de una capilla funeraria con un extraordinario sepulcro de alabastro y una delicada techumbre de madera dorada, en la que además se podrá descubrir su cripta e inscripciones ocultas.

Así mismo la visita permitirá conocer el ayer y hoy de San Bruno y adentrarse en el barrio del Boterón, un espacio pequeño pero de gran personalidad. Todo ello en el entorno de la plaza de la Seo, centro religioso, político, económico y social de Zaragoza durante 2.000 años, desde época romana hasta comienzos del siglo XIX

Este Monasterio es el único edificio conventual de estilo mudéjar que ha llegado completo hasta nuestros días.

La mayor parte del Monasterio data del siglo XIV, momento en el que se construyeron el claustro, la Sala Capitular, la iglesia conventual, el refectorio o el dormitorio. Este núcleo mudéjar constituye lo más interesante del conjunto.

Está construido sobre los restos de las antiguas murallas romanas.

Lleva 700 años habitado y siendo un edificio vivo.

De hecho, es el único de esta orden que hay en España y está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).


Pierdes completamente la noción del tiempo cuando te adentras en su Sala Capitular y el Claustro.


LA SALA CAPITULAR

La Sala Capitular se ubica en el ala norte del claustro junto a las iglesias del Santo Sepulcro y de San Nicolás. El acceso primitivo se realiza desde el claustro a través de una puerta en arco apuntado flanqueada por dos ventanas que sirven para iluminar el interior, formando un conjunto de clara influencia cisterciense.

Su construcción puede datarse alrededor de mediados del siglo XIV, puesto que hay constancia documental de que en un capítulo del año 1336, que recoge el notario Tomás Batalla, se decía: “como repicada la campana del Sant Sepulcre de la casa de la Ciudat de Çaragoça et aiustado el convento de las duennyas del dito monesterio en el portegado que yes entre la ecglisia et el corral de las cassas del dito monesterio do por otras vegadas yes costumpbrado de aiustar...”, lo que se traduce en la inexistencia de Sala para la celebración de los capítulos. En este mismo lugar se seguían reuniendo las religiosas en 1365, cuando el 10 de julio se celebró capitulo para dar a treudo distintas posesiones en Hijar y Urrea de Gaén a Gil Tarín, vecino de la primera: “clamado capitol del convento de las duenyas del monesterio del Sepulcre de la ciudat de Caragoça, a son de campana, et plegado todo el convento de las duenyas del dito monesterio en el portegado de las casas del dito monesterio, de otras vegadas yes costumpbrado de plegar …” .

La primera noticia documental la encontramos en 1381 cuando redacta su testamento Fray Martín de Alpartir, y la estancia ya debía de estar construida, puesto que en el mismo dispone que “et primeramente slio mi sepultura en el monasterio de las duenyas del Sancto Sepulchro de la ciudat de Çaragoça en el capitol de dito monasterio delant del altar de la sancta Resurrección de Nuestro Senyor Jhesuchristo el cual yo ordeno seya feito e puesto en aquel lugar do ya mi sepultura sobredita es feyta et mi nombre sobre aquella sepultura pora lo qual facer honradamente segunt a mi estado conviene yo retengo de los ditos bienes nobles que seran trobados en mi poder dos mil sueldos dineros jacceenses”. Faltaría el solado que como veremos en su apartado correspondiente, deja dispuesto en el mismo testamento que se realice de azulejos que tenía encargados en Manises.

La Sala tiene planta cuadrada. Con motivo de la Reforma Tridentina de finales del siglo XVI se habilitaron cuatro espacios enrejados que la comunicaban con las dos iglesias. Tres celosías abrían en el muro oeste hacia la del Santo Sepulcro, de las que se conservan por el interior las laterales mientras que en el lugar que ocupaba la central se abrió un acceso al templo. Una cuarta reja, que también se conserva, se sitúa en el muro norte, en la primera capilla del lado de la Epístola de la iglesia de San Nicolás, con comulgatorio; a través de ella las canonesas podían seguir las ceremonias religiosas. El dedicar la Sala Capitular antigua a esta función hizo que hasta hace unos años se le denominase coro bajo.

EL CLAUSTRO

El claustro es el lugar que centra la construcción del monasterio. A su alrededor se disponen las distintas estancias como la Sala Capitular y la capilla en el lado oeste y el refectorio, cocina y bodega en el este. Actualmente se puede llegar al mismo tanto desde la portería moderna como desde la Sala Capitular, a la que se accede desde la iglesia del Santo Sepulcro. Antiguamente se entraba a través de la puerta reglar contigua al torno recorriendo un estrecho pasillo.

Hay que comenzar diciendo que es el único ejemplo de claustro mudéjar que se conserva en Zaragoza y uno de los pocos de Aragón. Además, gracias al recogimiento con el que la Comunidad ha vivido durante siglos es el que menos intervenciones y restauraciones posteriores ha sufrido, lo que ha conllevado que no se modificase sustancialmente, algo que permite hacerse una idea clara de cómo fueron los claustros de los monasterios medievales en Aragón.

Construido en ladrillo, como corresponde a la arquitectura mudéjar aragonesa, tiene planta rectangular poco pronunciada y tres pisos en altura: el inferior o “claustro bajo” con grandes arcos apuntados, la segunda planta conocida como “claustro alto” con ventanas de arco apuntado, y la tercera con vanos adintelados, construcción moderna según proyecto de Manuel Lorente en la década de 1960.



Antes de entrar en la descripción pormenorizada del claustro bajo, la parte más interesante del conjunto, merece la pena hacer una breve parada en el superior. Las ventanas en arco apuntado que iluminan sus pandas actualmente se cierran con vidrieras tipo “catedral” colocadas en la restauración de 1960.


De planta similar al claustro bajo, el ala oeste desapareció prácticamente en su totalidad durante la obras de Ricardo Magdalena en 1883. Se conservan las otras tres alas o crujías con su primitiva techumbre de madera tipo alfarje.


Las jácenas o vigas transversales apean en canes con un tallado muy sencillo en sus quillas y sin ningún tipo de decoración pictórica. En los ángulos la techumbre apoya en gruesos zapatones que se sustentan sobre unas columnillas góticas terminadas en capiteles decorados con temática vegetal. La crujía oeste se cubre con un entramado de vigas de hierro. Este claustro es obra de finales del siglo XIV o principios del XV, comenzando a construirse previsiblemente cuando se terminó el inferior.



Al igual que la techumbre de la iglesia no presenta más decoración pintada que la que cubre el papo de los listeles sobre los que apoya la tablazón, en forma de lazo trenzado por dos cintas blancas sobre fondo negro encuadradas por líneas rojas. En una de mis visitas al lugar, al observar detenidamente las que todavía se conservan, pude ver que uno de los listeles rompía esta monotonía decorativa, con un motivo de ataurique en negro sobre fondo blanco.

HISTORIA

El Real Monasterio de Comendadoras Canonesas de la Orden Militar y Pontificia del Santo Sepulcro fue fundado como monasterio femenino en 1304 por iniciativa de Marquesa Gil de Rada,1​ hija ilegítima de Teobaldo I de Navarra y viuda de Pedro Fernández de Híjar, hijo bastardo de Jaime I de Aragón. La vinculación a la Casa de Aragón y a la Dinastía real de Navarra dio al convento un carácter noble, pues a él se acogieron tanto la fundadora descendiente directa de los reyes de Aragón y de la monarquía pamplonesa como otras damas de la aristocracia. Así, su primera abadesa fue la hermana de Marquesa, Teresa de Rada.


La construcción del convento fue llevada a cabo en distintas etapas a lo largo del siglo XIV. Destacó por su patrocinio económico la labor impulsora de fray Martín de Alpartir (fallecido en 1381), canónigo de la Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud que fue, además, tesorero del arzobispo de Zaragoza Lope Fernández de Luna, otro de los promotores del monasterio.

Martín de Alpartir emprendió la construcción del claustro y ordenó la ejecución de la bodega, el refectorio y las cocinas. Fue también Alpartir el mecenas del importante retablo de Jaime Serra, en cuya Tabla de la Resurrección fue retratado como donante. También en el siglo XIV es cedida a las dependencias del convento la aneja iglesia de San Nicolás de Bari. El convento poseía más pinturas góticas, actualmente en el Museo de Zaragoza: El Retablo de San Julián y Santa Lucía (último cuarto del siglo XIV), de tres calles con banco y escenas de la Pasión de Jesús, atribuido a Pedro Serra; el Ángel custodio de Zaragoza ante la Virgen, lienzo de Jaime Huguet y otro retablo dedicado a San Fabián procedente de la Iglesia de San Nicolás con banco, ático, tres calles y siete escenas de mediados del siglo XV.

La fachada que da a la calle Don Teobaldo fue restaurada en 1884 por Ricardo Magdalena en estilo neomudéjar; en ella reutilizó azulejos del siglo XVI que se encontraban en el interior del monasterio. Posteriormente, el convento ha experimentado dos restauraciones más, una debida a Francisco Íñiguez Almech en 1960 y otra en 1975.

El monasterio se organiza en torno a un claustro con tramos abovedados de crucería sencilla cuyas claves están decoradas por emblemas heráldicos del arzobispo Lope Fernández de Luna y del rey Pedro IV de Aragón. Desde el claustro se accede a tres dependencias: la sala capitular, la capilla y el refectorio antiguo.

La capilla está cubierta por una techumbre mudéjar de madera y es de planta rectangular dividida en tres tramos por dos arcos de diafragma rebajados.

El antiguo refectorio, que se abre en el lado sur del claustro, es de planta de gran salón rectangular cubierta con bóvedas de crucería. Fue restaurado en 1560.

La sala capitular, cubierta también con crucería, apea en columnas con capiteles y decoración mudéjar, que incluye caligrafías cúficas. Se ha especulado con la posibilidad de que estos capiteles fueran reutilizados de materiales provenientes de la reforma del palacio de Pedro IV de la Aljafería, si bien Gonzalo Borrás señala que son mudéjares de imitación de la tradición taifal de la Aljafería datados a mediados del siglo XIV. La sala capitular da acceso al claustro a través de una puerta de arco ojival flanqueada por dos ventanas de vanos geminados. Su solería está elaborada con cerámica de Manises y los muros reciben ornamentación agramilada mudéjar, siguiendo modelos mixtilíneos, cercanos a los del palacio musulmán de la Aljafería.

Sobre la planta baja del claustro se hallan las piezas de habitación del claustro alto. Una de sus dependencias, llamada dormitorio antiguo, conserva una puerta con arco mudéjar conopial rebajado con los salmeres muy pronunciados en forma de S y un frontón o tímpano con relieves geométricos de lacerías entrecruzadas de carácter mixtilíneo, también muy próximos a los modelos de las yeserías del palacio de Al Yafar Al-Muqtadir.