Maternidad


Autor/es
(Escultor y pintor)
Nacido en un modestísimo pueblo de la meseta zamorana, Baltasar Lobo (Cerecinos de Campos, 1910 - París, 1993) no recibió más que una instrucción artesanal y práctica. Los años de su juventud en Madrid, entre 1927 y 1939, están marcados por su compromiso con el anarquismo, la curiosidad intelectual y por una activa bohemia artística de la que sólo ha quedado su obra como ilustrador y dibujante, y que concluye al enrolarse como miliciano durante la Guerra Civil. La gran cesura biográfica se va a producir en 1939, cuando emprende el camino del exilio a París. Allí, gracias a Picasso y a Laurens, inicia su vida como escultor y se integra en la llamada Escuela de París. Desde los años cincuenta, sus datos personales pierden relevancia, llevando una existencia silenciosa dedicada por entero a la escultura, con exposiciones internacionales, en Suecia, Suiza, Alemania, Venezuela y Japón. En 1959, se expuso en España su obra por primera vez, aunque sólo volvió ocasional y tardíamente. En 1984 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Está enterrado en el cementerio de Montparnasse.
Colaboradores
Fundición realizada en vida del autor, en Susse Fondeur (París). Se desconoce la identidad del agrandador.
Emplazamiento
Entrada del Hospital Materno-Infantil (Avda. Isabel la Católica)
Periodo
[2001-] Siglo XXI
Materiales
Escultura en bronce sobre base troncopiramidal de hormigón
Dimensiones
Escultura: 0,78 m. alto x 1,05 m. ancho x 0,61 m profundidad
Cronología
1969. El bronce original, de pequeño tamaño, se realizó en 1949. Ésta es resultado de un agrandamiento ejecutado en 1969 con 8 ejemplares y 3 pruebas de artista, uno de los cuales se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Luxemburgo. Una segunda variante fue realizada en 1981. El 7 de octubre de 2005 el hospital Miguel Servet celebró el Día del Hospital Infantil, enmarcado en la celebración del 50 aniversario del centro. Con ese motivo se inauguró la restauración de la escultura, que fue colocada sobre un pedestal.
Promotor
Desconocido
Propietario
Hospital Materno-Infantil
Inscripciones
Una placa en el pedestal lleva la inscripción MATERNIDAD POR BALTASAR LOBO. BRONCE. PARIS 1949. ZARAGOZA 1972
El tema de la maternidad lo desarrolla Lobo durante su estancia en un pueblecito marinero junto a Marsella, La Ciotat, donde acude en 1946 en busca de descanso y salud, invitado por amigos españoles exiliados. Aquí, bajo la encantación mediterránea, observa la vida familiar de la playa y, en particular, a las madres que juguetean con sus hijos en la arena. "Era una pequeña playa, junto a un pequeño puerto… Había un pequeño rincón de arena, pequeñísimo, como un taller. Allí las madres jugaban con sus hijos; tres o cuatro mujeres, y nosotros. Era muy íntimo, casi estábamos en familia". De lo contemplado desde una torre abandonada toma bocetos a lápiz, apuntes a tinta china y aguadas que formarán un depósito de inspiración a partir del cual, a su regreso a París, esculpe el tema en mármol o lo traslada al bronce; ocasionalmente y varios años más tarde agranda algún ejemplar, como el aquí comentado. Las esculturas que forman esta serie constituyen una producción abundantísima. El conjunto mereció en 1970 una gran exposición monográfica, La femme et l’enfant, en la galería Villand & Galanis de París.  
Se desconocen las circunstancias históricas que hicieron posible la presencia de este pequeño monumento del Hospital Materno-Infantil. Cabe la posibilidad de que el origen esté en alguna amistad personal del propio escultor con algún médico del centro o con alguna persona notable de Zaragoza. Lo que sí es cierto es que Lobo, aunque no tuvo hijos (o quizá por eso mismo), era muy sensible a todos los temas infantiles y su simpatía por los niños es una constante de sus afectos, que afloraba en su colaboración desinteresada con asociaciones de protección de la infancia, como, por ejemplo, la donación de alguna escultura a la Comisión Central de la Infancia, cuyas subastas tenían lugar en la Galerie Nesle, de París. En 1953, hizo una versión monumental y más abstracta de una de las esculturas de este ciclo sobre la Maternidad para los jardines de la Universidad de Caracas, y hay esculturas semejantes en plazas de París y de Zamora.
La obra de Lobo se inscribe en la estela de la innovación introducida por un grupo de artistas de las vanguardias históricas, como Brancusi, Picasso, Laurens, Arp o Moore. Con ellos comparte un mismo rasgo de estilo: un organicismo muy moderno, que exalta la vida a través de sus signos más elementales y rechaza toda fidelidad al realismo anatómico y al canon clásico. La grave intensidad que ponen muchos de ellos en la exploración de este mundo dimana no sólo de preferencias personales sino de la sed colectiva de sentimiento y humanidad que aqueja a esta generación de supervivientes de la inmediata posguerra.

En paralelismo con Henri Moore, que hacia 1945 experimenta una especie de complejo maternal, Lobo se hace eco de esta "ética de la eterna inocencia" y aborda el tema de acuerdo con un viejo mito que ha inspirado a los escultores desde tiempos prehistóricos: que madre e hijo carecen de rasgos propios porque expresan una totalidad inseparable, el ciclo universal de la naturaleza, la solidaridad esencial entre todo lo que vive. En esta pieza, la figura materna, oronda y pulposa, se recuesta sobre la espalda, enredada y confundida con la criatura infantil, de modo que, con la cabeza levantada y las piernas recogidas sobre el vientre, forma una cuna humana en la que el niño queda literalmente acostado, fundiéndose ambos en una pieza magistralmente compacta.

Lobo no ilustra el mito, ni lo describe, sino que lo reelabora plásticamente en una masa arrebujada de óvalos y esferas, de disimetrías anatómicas, de esquematismos corporales y de torsiones deformadoras que en su ondulación recoge la gran Cadena del Ser, descrita sin literatura ni hieratismo, y traducida a una inteligencia puramente plástica de la figura humana, en la que cabe también el calor carnal, el gesto juguetón y una alegría vivaz y robusta. Esta fijación de su talento en un tema tomado de la naturaleza, pero trasferido a un orden específicamente plástico fue uno de los valores que la crítica francesa apreció desde muy pronto en la escultura de Lobo, como lo pusieron de manifiesto los organizadores del I Salon de la Jeune Sculpture en 1949, celebrada en el Museo Rodin de París.
Clave Iconografía Clave Materiales Clave Temática
Mujeres Infancia
Metal
Autor de la Ficha
María BOLAÑOS ATIENZA
Bibliografía
  • ARA FERNÁNDEZ, A., "Una aportación a la obra de Baltasar Lobo", Goya, nº 312, 2006.
  • BOLAÑOS, M., El silencio del escultor. Baltasar Lobo (1910-1993). Valladolid, Junta de Castilla y León, 2000.
  • HUICI, F. Baltasar Lobo. 1910-1993. Madrid, Fundación Cultural Mapfre Vida, 1997.
  • MULLER, J.-E., Lobo. Catalogue raisonné de l’œvre sculpté. Lausana, La bibliothèque des Arts, 1985.
  • PARMELIN, H., Lobo. La femme et l’enfant. 1946-1958.  París, Galería Villand & Galanis, 1970.