San Valero

Memoria, Leyendas y Tradiciones Religiones y Mitos
Autor/es
(Escultor)
Pablo Serrano Aguilar (Crivillén-Teruel-1908, Madrid, 1985)se formó en las Escuelas Profesionales Salesianas de Sarriá (Barcelona) y hacia 1926 emigró a Rosario de Santa Fé (Argentia), dedicándose a la docencia de la escultura en centros profesionales de la congregación salesiana, para la que también realizó abundante imaginería religiosa. En 1935 se traslada a Montevideo (Uruguay), donde desarrollará una destacada carrera profesional como profesor y como escultor, primero en el campo de la escultura religiosa y más tarde como autor de importantes monumentos públicos, receptor de muy diversos encargos privados, ganador de sucesivos premios en certámenes oficiales, uno de los cuales le permite regresar a España en 1955. Bien recibido por la crítica y los medios culturales de Madrid, inicia una fructífera carrera, caracterizada por su condición de miembro fundador del grupo El Paso, su relevante presencia en la Bienal de Venecia de 1962, su participación en importantes exposiciones internacionales a lo largo de esa década y la organización de grandes muestras de su obra por parte de prestigiosas instituciones nacionales e internacionales durante la siguiente (trayectoria jalonada al mismo tiempo de grandes proyectos monumentales para muchas ciudades españolas y varios países latinoamericanos), que acabará consagrándole como uno de los principales escultores aragoneses contemporáneos y situándole entre las más destacadas figuras de la escultura española de la segunda mitad del siglo XX.
Colaboradores
Fundiciones Codina (Madrid)
Emplazamiento
Plaza del Pilar (ante la fachada de la Casa Consistorial)
Periodo
[1937-1975] Periodo Franquista
Materiales
Bronce fundido y patinado
Dimensiones

4,63 x 1,85 x 2,56 m

Pedestal (granito): 1,23 x 1,49 x 1,19 m

Cronología

1965

Instalada el 22 de junio de 1965

Promotor
Ayuntamiento de Zaragoza
Propietario
Ayuntamiento de Zaragoza
Inscripciones

PABLO SERRANO /(1908-1985) / San Valero, 1965(en placa de bronce sobre cara anterior del pedestal)

San Valero (siglo IV) fue obispo de Zaragoza, participó en el concilio de Elbira (Granada), hacia el año 306, tuvo como diácono a San Vicente Mártir. Cautivo en Valencia durante la persecución de Diocleciano, al parecer salvó la vida y quizá fue desterrado a una zona indeterminada del Pirineo aragonés. En 1050 se trasladaron a Roda de Isábena unos restos que se consideraban suyos y, a partir de 1118, después de la entrada en Zaragoza de las tropas cristianas de Alfonso I el Batallador, dichos restos fueron trasladados a Zaragoza en sucesivos envíos a lo largo de varias décadas. Venerado desde entonces por los zaragozanos, es el patrono de la ciudad.

En la fase final de las obras de construcción de la nueva Casa Consistorial, el alcalde de Zaragoza, Luis Gómez Laguna, decidió encargar a Pablo Serrano la realización de dos grandes figuras monumentales que habían de flanquear la puerta principal del nuevo edificio. Si en un primer momento los personajes a representar en sendas tallas de piedra (siguiendo lo previsto en el proyecto arquitectónico) eran el Ángel Custodio y San Jorge, muy pronto se modificó ese planteamiento, manteniendo al Ángel Custodio o Ángel de la ciudad (advocación protectora muy frecuente en distintas ciudades pertenecientes a países del ámbito mediterráneo y que durante siglos ha sido objeto de mucha devoción en Zaragoza) y sustituyendo a San Jorge por la figura de San Valero, obispo y patrono de la ciudad, además de aceptar la sugerencia del propio Serrano acerca de la conveniencia de fundir las esculturas en bronce.

Como sucede con el Ángel de la Ciudad, imagen pareja por origen y emplazamiento de ésta dedicada al patrono de Zaragoza, la figura de San Valero está construida de acuerdo con la concepción volumétrica y los esquemas compositivos desarrollados por Serrano en casi la totalidad de los grandes encargos monumentales que atiende durante la década de los sesenta del siglo XX, caracterizados por la conjunción de grandes masas formalmente poco definidas, vigorosas y casi magmáticas en ocasiones, que representan la estructura básica necesaria pero no decisiva para identificar el personaje representado (hasta el punto de que estas partes pueden parecer intercambiables algunas veces) con ese elemento fundamental -la cabeza siempre, y por lo general también las manos- que distingue y sitúa los rasgos privativos del protagonista. Eso es precisamente lo que sucede con este longuilíneo San Valero, de anatomía imprecisa y cerrada (salvo por los vacíos de masa que contribuyen a conformar una escultura de naturaleza casi rocosa), pero de cabeza vivísima y acechante y manos que imprecan con rotundo vigor admonitorio, apostura y gestualidad que nos traen a la memoria las arrebatadas premoniciones del profeta Baruch, lejano precedente en la obra del propio Serrano, y todavía más el casi mítico y seminal antecedente del Gran profeta, obra caudal del inconmensurable Pablo Gargallo.

Clave Iconografía Clave Materiales Clave Temática
Hombres
Metal
Memoria, Leyendas y Tradiciones Religiones y Mitos
Autor de la Ficha
Rafael ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ
Bibliografía
  • ABAD ROMÉU, C. et al, Inventario de Bienes Histórico - Artísticos, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1995, p. 523.
  • ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, "Pablo Serrano en Aragón", en Boletín del Museo e Instituto "Camón Aznar", nº XVII (1984), pp.69-118.
  • ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, Pablo Serrano. Vida y obra, El Día de Aragón, 1986.
  • ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, "Escultura aragonesa contemporánea: dos pasos adelante y uno atrás", en Escultura contemporánea aragonesa a la escuela, Zaragoza, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988.
  • ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ, Rafael, "San Valero", en El espejo de nuestra historia. La diócesis de Zaragoza a través de los siglos, Zaragoza, Zaragoza Cultural S.A. [Ayuntamiento de Zaragoza], 1991.
  • RINCÓN, Wifredo, "Las esculturas de San Valero y del Ángel de la Ciudad, de Pablo Serrano, en la fachada del Ayuntamiento de Zaragoza", Boletín de Archivo, Biblioteca y Hermeroteca, nº 1 (2005), pp. 33-53.