Cuerpo de la noticia
Artículo escrito por Chema Hurtado
En ocasiones, por estudios, trabajo o circunstancias de la vida, nos toca compartir piso. Compartir piso puede ser una odisea llena de drama o de comedia, pero una cosa es segura: al final de vuestra estancia habréis vivido experiencias cómicas, surrealistas, desagradables o alguna de esas que quitan el hipo. En esta ocasión hemos preguntado a supervivientes de pisos compartidos anécdotas que parecen sacadas desde de una sitcom hasta de la peor de las pesadillas.
Ladrones de mobiliario
Jesús: "Durante mi estancia en Alemania estuve en una residencia de estudiantes. En Alemania les gusta la moqueta y yo tenía una en el cuarto. Pero daba mucho asco. Había una cantidad de fluidos: había manchas de varios colores, marrón, naranja, blanco... Yo no sé la cantidad de gérmenes que debía haber en esa moqueta con la que tuve que convivir. Hablé con los de la residencia y tardaron dos meses en venir a quitarla. Ese día le pedí a un compañero que me guardara las cosas pequeñas en su cuarto, pero los colchones no cabían.
Yo tenía dos colchones. Porque uno de los colchones estaba también muy sucio. Como parecían una hoja de papel (eran muy finitos) decidí pedir otro. Y puse el sucio debajo y el nuevo que me acaban de dar lo puse arriba. Así tenía un colchón más mullido y la parte limpia era en la que dormía.
Al sacar los colchones del cuarto no sé por qué cambié el orden. Puse el sucio arriba y el limpio debajo. No sé, no pensé en nada, simplemente lo cambié. Y a lo que volví de mis clases, uno de mis compañeros de residencia me había robado uno de los dos colchones. Lo bueno es que me robaron el sucio. Y al final me quedé el limpio. Le volví a hablar al chico que llevaba todas las gestiones de la residencia, le dije que me habían robado el colchón y me dio otro".
Vecinos invasores
Nerea: "Una amiga y yo encontramos un piso bien acomodado cerca del Campus San Francisco. Al llegar, notamos que estaba sucio, con pelusas y polvo por todos lados, pero lo limpiamos como pudimos. A las semanas, se cayó la primera tabla de madera de la cocina, pero sin mayor daño. El frío que hacía en el piso tampoco ayudó, sin llegar a los 19 grados en todo el invierno.
El verdadero problema vino después, cuando mi compañera encontró unos bichos en su escritorio el día de antes de un examen parcial. Los intentamos eliminar con insecticida, pero seguían apareciendo. Avisamos a la casera, pero su respuesta fue que estaba en la playa, que no podía atendernos y que echáramos más insecticida. Al poco tiempo, los bichos invadieron toda la habitación: en el techo, la mesa, el suelo… por todas partes y cada vez más grandes.
Fuimos a una tienda especializada y descubrimos que era carcoma dentada. Aunque la casera nos ignoró, 24 días después de iniciar el problema un casero vino a ver el piso, pero no resolvió nada. Unos días después, la casera se interesó por primera vez, pero solo nos dijo que matáramos los bichos como en cualquier casa, que ella no podía ayudar porque estaba en la playa otra vez. La situación no mejoró, y dos meses después de comenzar esta pesadilla abandonamos el piso, entregando las llaves a la inmobiliaria y sin volver a saber nada de la casera".
Españoles por Noruega
Andrea: "Esto me pasó mientras estaba de Erasmus en Noruega. Nada más llegar, me informaron que tenía que estar confinada dos semanas porque había dado positivo en Covid. Obviamente, no podía ni entrar a la casa compartida ni nada, así que me vi obligada a pasar 14 días en un apartamento, sin poder ver a nadie ni salir a explorar. ¡Vaya manera de empezar un Erasmus, eh!
Al dar negativo pude mudarme a la casa compartida donde iba a vivir con otros estudiantes. Al llegar, me recibió una chica que vivía en el piso y su novio. Y claro, al principio la conversación fluyó en inglés. Fue algo así como "Hi, how are you?", "How was the trip?", todo muy normal.
A los quince minutos de estar hablando me preguntaron de dónde era. Al responder "España" el chico soltó un "¡H***ia p**a!" con un acento gallego tan marcado que me quedé en shock por un segundo. Mientras tanto, la chica, que resultó ser de Madrid, también se estaba riendo a todo pulmón. Después de ese ratito de risas, nos hicimos muy amigos, y compartimos muchas experiencias viviendo juntos en Noruega.
Mi compañero es la reencarnación de Jesucristo
Lucía: "Cuando fui a Estados Unidos me quedé en la típica casa americana que tenía dos plantas. Vivía con otra española, con tres personas de Montenegro, con una chica de Ecuador y con un tailandés llamado Joshua. Aunque nosotros estábamos solo por el verano, Joshua estaba ahí todo el año, porque vivía y trabajaba allí. Con él teníamos un trato formal de convivir, de saludarte en la cocina y ya.
Una noche estábamos cenando todos en el porche de fuera y la conversación empezó a ir sobre si creíamos en las energías, el horóscopo o en la reencarnación, y ahí es cuando la cosa se puso rara. Él dijo súper convencido, que creía absolutamente en la reencarnación, porque decía haber tenido otras vidas en el pasado y sabía que iba a tener otras vidas en el futuro.
Fue entonces cuando dijo que él tenía claro que era la reencarnación de alguien que en el pasado fue muy importante y nos hizo adivinar quién creíamos que era. Nosotros empezamos a decir nombres al azar de personas importantes: emperadores, reyes, presidentes… Él decía que nos equivocábamos, que era alguien que tenía que ver con la religión, y que es como si fuera un dios. No lo adivinamos, dijo que empezaba por J, hasta que ya dijo Jesús. Nos quedamos todos sin saber qué decir ni hacer, tampoco íbamos a reírnos en su cara, porque él estaba súper convencido. Nacido en Tailandia, viviendo en Nueva Jersey, Estados Unidos, Joshua pensaba que era la viva imagen y reencarnación de Jesucristo".