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27 marzo 2025

Cuando el cierzo descansa: el drama silencioso del Kitesurf en Aragón


Artículo publicado en la Revista Zaragoza Joven, nº 46

DeporteOcio y Tiempo Libre

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Artículo escrito por Alejandro Alcaraz

 

El sol castiga la llanura aragonesa con una intensidad despiadada. El cielo ha amanecido desnudo sobre el Mar de Aragón, que se erige imponente bajo los pies de los riders o kitesurfistas que navegan y se elevan aferrados a sus arneses como ángeles celestiales. Las pocas nubes que se atreven a surcar el paraje se alejan inmediatamente a gran velocidad, sin pararse ni dudar en su coordinado movimiento.

Las cometas dibujan sus sombras sobre el intenso azul del agua. Los colores chillones de las mismas se zarandean y surcan el cielo movidas por una fuerza que ruge como nunca: el cierzo aragonés. Las aguas se mecen a su antojo, y el sol impregna de brillo chispeante los surcos de espuma blanca que trazan las tablas de kitesurf al recorrer la superficie del embalse de Caspe como si de una danza se tratara.

El cierzo, el mayor enemigo del aragonés, no tiene piedad ni la conoce. Sin embargo, no siempre es así. Para los kitesurferistas, el cierzo es pura adrenalina. Sin él, son simples humanos con una tabla bajo el brazo y una cometa que no se infla ni aunque le recen a Eolo.

Pero, ¿qué pasa cuando el cierzo decide tomarse un día libre? Ahí empieza el verdadero drama. Es el apocalipsis de las cometas, la tragedia del agua inmóvil.

Si el cierzo se toma un respiro, los kitesurfistas una siesta

El cierzo: ese viento indomable que en Zaragoza vuela paraguas, destroza peinados y convierte un paseo inofensivo en una batalla contra fuerzas invisibles. Todo aragonés lo da por hecho, lo teme y sabe que no hay más remedio que aguantar su presencia. Alcanza los 135 km/h. Frío y helado en invierno, inhumano y abrasador en verano. Pero, aunque la mayoría de los mortales lo maldicen, hay quienes lo veneran como a un dios caprichoso: los kitesurfistas.

El kitesurf, kiteboarding, flysurfin… o incluso "tablacometa", ha encontrado en Aragón un escenario privilegiado, y se trata de un deporte que consiste en el uso de una cometa de tracción que tira del deportista, permitiendo deslizarse sobre el agua mediante una tabla.

Sin viento, las velas permanecen en el suelo, inertes, mientras los kitesurfistas, con mirada perdida, esperan un milagro. Se escudriña el horizonte en busca de un soplo de esperanza, y los más optimistas siguen aferrados a sus arneses con la fe de que, en cualquier momento, la situación cambiará.

Aragón, meca del kitesurf en España

El Club Kitesurf La Loteta es testigo frecuente de estos momentos. Con más de 260 socios, es el epicentro de la comunidad kite en Aragón. Durante los días de calma, no falta el humor sarcástico sobre la "maldición del viento ausente", mientras algunos consideran la inevitable idea de cambiar el kite por el paddlesurf, aunque sea por un día.

En Aragón hay varias escuelas especializadas, como Tracción Kite, Aragón Viento, La Loteta Sports y Zeta Surf. Estos centros enseñan a los nuevos riders cómo manejar la cometa, entender el viento y evitar aterrizajes forzosos demasiado dolorosos. Aunque cualquier kitesurfista veterano dirá que parte del aprendizaje implica recibir unas cuantas "leches" y beber más agua del embalse de la que uno quisiera.

"Tenemos más de 150 días de viento navegable al año, con más de 20 km/h. Tantos días navegables como en Tarifa o en Fuerteventura", asegura la Junta Directiva del Club Kitesurf La Loteta, que celebra el Cierzo Festival. En su última edición, el festival contó con rachas de viento superiores a los 65 km/h, permitiendo a los participantes realizar piruetas y acrobacias impresionantes.

Sin embargo, la naturaleza es caprichosa, y no siempre se puede contar con condiciones ideales.

Más allá de la frustración, el vínculo entre los riders sigue intacto. "Al final, este deporte también es comunidad. Si no hay viento, nos quedamos en la orilla, charlamos, compartimos experiencias y esperamos juntos. Es parte del juego", concluye la Junta.

El kitesurf en Aragón es así: un deporte de altas expectativas y frecuentes desilusiones, en el que cada jornada de viento se celebra como un milagro. Los más optimistas hinchan la cometa de todos modos, convencidos de que "en cualquier momento arranca". Porque cuando el cierzo finalmente sopla y las cometas surcan el cielo, todo el drama queda atrás, y el kitesurfista olvida de inmediato todas las veces que el viento le ha fallado.

Hasta la próxima vez.


 


 


 

 


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