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El drama de las relaciones tóxicas


Artículo publicado en la Revista Zaragoza Joven, nº 9

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INFO JOVEN con la colaboración de la Asesoría Psicológica Zaragoza Joven 

Los seres humanos somos la especie más social que existe en la naturaleza. Es nuestra necesidad básica de seguridad y protección la que nos lleva a querer establecer relaciones duraderas con otras personas.

En lo relativo a las relaciones amorosas, puede ser que solo queramos pasarlo bien y sentirnos acompañados o tal vez busquemos una mayor complicidad y crear un proyecto de vida común a largo plazo. Hay tantas opciones como parejas y la comunicación y confianza serán nuestras grandes aliadas para establecer las bases de la relación que queremos construir. Sin embargo, no siempre acabamos teniendo el vínculo afectivo que buscamos y que cumpla lo que necesitamos. Es entonces cuando llega el momento de romper la pareja y continuar nuestro camino. Parece fácil, ¿verdad? Pero lo cierto es que todos sabemos que, aunque sobre el papel, la teoría está clara, la realidad no es nunca tan sencilla.

Por eso, en muchas ocasiones no sabemos romper las relaciones que no funcionan y, en el peor de los casos, terminan por volverse tóxicas produciéndonos un gran malestar y complicándonos cada día más la salida de esta situación. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué hace que nos enganchemos a relaciones en las que no somos felices? ¿Por qué nos resulta tan difícil salir de ahí? Vamos a ver algunos de los motivos que pueden afectar en estas situaciones y cómo podríamos ponerles remedio: 

LAS RELACIONES DISFUNCIONALES NO SON SIEMPRE OBVIAS

A veces es difícil esclarecer qué es lo que no está funcionando, pero las personas que están teniendo una relación disfuncional sí pueden notar que cada día se encuentran peor.

Remedio: conoce tus valores. ¿Qué cosas son importantes para ti? Conocerlas te darán una pista para comunicar mejor lo que quieres y no quieres en una relación y poder llegar a mejores acuerdos. También para saber cuándo ha llegado el momento de salir de una ella. Como no tenemos aprendizajes claros de lo que es una relación sana, podemos pararnos a reflexionar sobre nuestros propios límites (es decir, las expectativas y las necesidades que nos ayudan a sentirnos cómodos en las relaciones), para poder expresarlos y para darnos cuenta también de cuándo se ven vulnerados de manera recurrente.

CREEMOS QUE ES POSIBLE HACER QUE LAS PERSONAS CAMBIEN

Muchas veces intentamos que los demás se adecúen a nuestras ideas, que sean como creemos que deberían ser, o que hagan lo que creemos que deberían hacer. Pensar que nuestra pareja puede cambiar nos ciega a la hora de ver las cosas como realmente son y decidir si es o no lo que nos encaja. 

Remedio: trabaja en tu autoestima. Pon en valor a la persona que eres para no caer en círculos de dependencia y frustración. Tu valor no depende de la pareja que tengas o no tengas. 

SENTIMOS MIEDO Y NOS PARALIZAMOS EN LUGAR DE TOMAR ACCIÓN

El miedo a la soledad o el pánico a los cambios hacen que lo "malo conocido" sea un techo de cristal que nos cuesta atravesar, impidiéndonos que sigamos creciendo y nos convirtamos cada vez en personas más libres. 

Remedio: afronta las cosas que te dan miedo, verás que normalmente nada es tan terrible como lo habías imaginado. Aunque una ruptura puede ser dolorosa y un proceso poco agradable de transitar, no dura toda la vida y, tras él, viene un futuro lleno de nuevas posibilidades. Recuerda apoyarte en tu propia red o ayudarte de profesionales para ello si lo necesitas.

En definitiva, un proceso de introspección y honestidad con uno mismo puede ahorrarnos muchos quebraderos de cabeza haciendo que dejemos de caer una y otra vez en el autosabotaje. Estos y otros consejos, pueden ayudarnos a esclarecer nuestra mente y dejar de actuar desde la necesidad, que pide todo el rato, y empezar a actuar desde el amor, que nunca pide nada.

Recuerda que los verdaderos actos de amor hacia uno mismo y hacia los demás nos hacen salir de círculos viciosos que sólo se mantienen desde nuestra parte más tóxica.

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