Tus emociones son tu fortaleza
Artículo publicado en el número 7 de la revista Zaragoza Joven.
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Info Joven con la colaboración de la Asesoría Psicológica de Zaragoza Joven
Hay personas que quizá no son los cerebritos de clase o las más listas de la oficina, pero tú notas que tienen algo especial: se llevan bien con todo el mundo sin que nadie se aproveche de ellas, mantienen la calma en momentos de estrés, si te ven desanimado/a tienen la palabra perfecta para mejorar tu día… Son gente inteligente, solo que en otra modalidad diferente a la que nos solemos referir con esa palabra: su fuerte es la inteligencia emocional.
Este tipo de inteligencia consiste en percibir, entender y saber utilizar y gestionar nuestras emociones y las de los demás. No significa que las personas que tienen este tipo de cualidad estén felices las 24 horas del día 365 días al año, sino que son capaces de darse cuenta cuál es su estado emocional, por qué se sienten así y actuar. Por ejemplo, si les molesta como les trata un amigo, en lugar de callarse su malestar y dejar que vaya creciendo una bola de rencor hasta explotar el día menos pensado con consecuencias catastróficas, son capaces de hablar con la otra persona, exponer qué es lo que le hace sufrir y ver con ella cómo solucionar el problema. ¿A que suena bien?

Las personas tenemos unas emociones básicas (si viste la película Del revés, esto te sonará): la alegría, la tristeza, el miedo, el asco, la sorpresa y la ira. Todas son necesarias, porque nos ponen sobre aviso de lo que ocurre a nuestro alrededor e intentan protegernos. Las personas del ejemplo anterior han sentido la ira de sufrir un trato que no consideran justo, pero en lugar de quedarse ahí, reconcomiéndose, han dado un paso más: han reconocido su emoción y han actuado para mejorar su relación. De esta manera, la ira, en lugar de dañarlas, ha mejorado su vida. ¡Menudo superpoder!
Lo mejor de la inteligencia emocional es que se aprende. Crecer también significa conocerse mejor a uno/a mismo/a, saber cómo reaccionamos a ciertas cosas y ser más asertivo/a, es decir, saber expresar nuestras necesidades teniendo en cuenta a los/as demás. Si quieres mejorar en este campo, hay algunas técnicas que te pueden servir:
- Conócete a ti mismo/a. Nadie es perfecto, todos tenemos nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Saberlas nos permitirá apoyarnos en las primeras y trabajar en las segundas.
- Reflexiona sobre tus sentimientos. A veces vamos tan rápidos/as, que ni nos tomamos un momento para sentir. Hacer una pausa y mirar hacia dentro es una buena idea. Puedes utilizar un diario de emociones, en el que cada día apuntes que has hecho y cómo te has sentido.
- Busca tus desencadenantes. Lo bueno del diario es que de vez en cuando puedes echar un vistazo y descubrir qué es lo que te hace sentir de una manera en concreto. Así sabrás qué provoca tus emociones y podrás preverlas y saber cómo actuar en ese caso.
- Descubre estrategias para regular tus emociones. Las emociones son positivas, pero a veces nos desbordan. Para esos momentos está muy bien tener técnicas que nos relajen. No se trata de evitar la emoción, sino responder ante ella sin que nos perjudique. Lo más típico son ejercicios de respiración y meditación, pero también puede ser el movimiento. Hay gente que como mecanismo de regulación mueve una pierna, presiona el botón de los bolis retráctiles... muchas veces sin ni siquiera darse cuenta, para relajarse o mejorar su concentración. También es posible que necesites tener un momento a solas. Saber qué es lo que a ti te funciona de antemano te servirá como kit de emergencias para echar mano de él cuando te haga falta.
- Observa cómo te relacionas con los demás. La inteligencia emocional empieza por uno/a mismo/a, pero sigue por cómo nos comportamos con quien tenemos alrededor. Hay personas que naturalmente son muy empáticas o muy asertivas y se relacionan muy bien con la gente, pero otras tienen más dificultades. No siempre vas a acertar en las respuestas que des, pero si eres capaz de analizarlas, puedes buscar maneras de dar una mejor contestación la próxima vez o pedir perdón si ves que te ha sobrepasado la situación.