"¿Y por qué?"
Artículo publicado en el número 6 de la revista Zaragoza Joven (junio de 2024).
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Info Joven con la colaboración de la Asesoría de Estudios de Zaragoza Joven
Si eres una persona curiosa, seguro que has hecho esta pregunta más de una vez en casa o en clase. Aunque no siempre se acoge bien (alguna vez te habrán contestado "¡porque sí!"), enhorabuena: la curiosidad es un rasgo de personalidad muy importante para aprender. Querer saber más, hacerte preguntas (y hacérselas a los demás) es un motor que te impulsa a ser creativo/a, crítico/a…
A todos/as nos ha pasado: salir de un examen y que se nos olvide todo lo que habíamos estudiado. Pero también que pasen los años y te acuerdes a la perfección de las clases de un profesor/a o de un tema particular. En muchas ocasiones es porque esa persona o ese asunto nos llamó la atención y nos hizo querer descubrir más. La curiosidad hace que el aprendizaje se adhiera de una forma más estable (es decir, que se recuerde durante más tiempo) y potencia la autonomía de los/as estudiantes. Si en lugar de estar solo escuchando lo que dice el/la profesor/a, tú también tienes que investigar, es más probable que aprendas de verdad sobre lo que has trabajado y no lo "escupas" en el examen y se borre de tu cerebro. Además, descubrir cómo buscar información es importante para tu futuro: en la actualidad, tu ordenador o tu móvil tiene más datos de los que podrías estudiar durante toda tu vida. Eso no significa que no sea necesario memorizar nada de nada (siempre es más rápido buscar en tu cabeza que en Internet, por ágil que seas, y no se vale jugar al Trivial mirando el móvil), pero sí está bien que aprendas a separar la realidad de los bulos, dónde puedes encontrar información fiable, etc.

La curiosidad te impulsa a ser independiente y a entender tu aprendizaje como algo que vas adquiriendo en tu camino. Sacar buena nota está muy bien, pero, en el fondo, lo importante es que los conocimientos que se queden a vivir en tu cabeza. Utilizar tu propio interés para tener este impulso que te anima a estudiar y a tener nuevos conocimientos aumenta tu responsabilidad y compromiso. Ser capaz de aprender por ti mismo/a también mejora la autoconfianza, ya que ves que estás preparado/a para afrontar las dificultades sin depender todo el tiempo de otra persona, y desarrolla tu autoconocimiento, porque descubres cuáles son tus fortalezas y los aspectos a mejorar.
A cada persona le llaman la atención diferentes cosas, así que es normal que haya temas que despierten más tu interés y te vuelques más en ellos que en otros. Suele ser una manera de encontrar qué es lo que quieres estudiar en un futuro o a lo que te gustaría dedicarte. Centrarte más en unas asignaturas o en unas cosas y no tanto en otras es muy habitual, solo tienes que recordar dedicarle tiempo también a lo que no te gusta tanto. A veces nos enfocamos mucho en eso que nos encanta, de lo que queremos saber todo y de pronto nos damos cuenta de que tenemos un examen de otra asignatura a la vuelta de la esquina al que no le hemos hecho ni caso.
Hay personas que, cuando están muy entretenidas investigando sobre algo, no se acuerdan ni de comer (ni mucho menos de preparar ese trabajo aburridísimo que… ¡hay que entregar mañana!). Si eres de esos/as, es una buena idea que te pongas horarios para tus tareas (incluso con una alarma que te recuerde que llegó la hora de cambiar de actividad) o empieces por lo que menos te gusta y dejes como recompensa para el final el tema que te apasiona para que puedas zambullirte en él sin mirar al reloj.
Si ya no estás estudiando, ¡eso no significa que dejes de ser curioso/a y de aprender! Es verdad que la curiosidad es una capacidad que se suele ir perdiendo con los años, porque nos dejan de sorprender muchas cosas. Además, el estrés del trabajo, las obligaciones… nos dejan cada vez menos tiempo para explorar nuevas aficiones o intereses. Sin embargo, reservar un momento al día o a la semana para leer sobre un tema que te apasionó en el instituto, a hacer una nueva receta, a descubrir algo de tu entorno, etc. te ayudará no solo a mantener viva la curiosidad sino a relajarte y, en definitiva, ser más feliz.