¿VIH? Eso no va conmigo
El VIH no entiende de grupos de riesgo, sino de prácticas de riesgo. ¿Tú te arriesgas?
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El VIH es eso que tenía Freddy Mercury, ¿verdad? Normal, con esas vidas… ¿Sabías que el término "estigma" apareció en Grecia, y era un tatuaje o marca corporal para identificar a quien había cometido un delito? Tenerlo era una deshonra y conllevaba un rechazo social.
Hoy en día, "estigma" es una característica que se atribuye a una persona o grupo de personas y que implica desprestigio. Y es una de las principales barreras de las personas que viven con VIH y en la prevención del VIH-Sida.
PIENSO: Los estereotipos nos ayudan a estructurar nuestra mente. Tomamos alguna característica de esa persona y la colocamos en el cajón que corresponda en nuestra mente. Reducimos toda su complejidad a una característica, la que consideremos más destacable, obviando lo demás. Y decidimos, en base a eso, qué opinamos de ella. Establecemos nuestro prejuicio. En función de nuestros prejuicios podemos estigmatizar a esa persona. Una marca que la cualifica a nuestros ojos, y a los de las demás, no por lo que es, si no por lo que pensamos de ella.
El VIH es una enfermedad con una gran carga social y estigmatizante por los mitos y falsas creencias que la rodean. Se concibe como una amenaza para la sociedad. Amenaza real, porque es una enfermedad crónica, transmisible, y amenaza simbólica, porque está vinculada a comportamientos que se consideran por una parte de la sociedad como moralmente reprobables. Además, es una enfermedad que se presupone controlable. Es decir, si te infectas es porque no has hecho lo que tenías que hacer (o porque has hecho lo que no debías).
SIENTO: Cuando colocamos a una persona en nuestra cajita de "VIH+", y en función de los prejuicios que tenemos asociados a ella, desarrollamos unos sentimientos negativos concretos. Pueden ser de rechazo: no entiendo qué sucede, así que no quiero saber nada de ella; de miedo: a ver si me va a contagiar; de pena: pobrecico/a; de ira: se lo tiene merecido…
ACTÚO: Si esa persona (que por supuesto jamás voy a ser yo) me genera esos sentimientos negativos, voy a actuar en consecuencia, y desarrollaré unas conductas discriminatorias: rechazo, aislamiento, menosprecio, sobreprotección… ¿Qué consecuencias tiene en el VIH? Para empezar, cuando discriminamos a una persona estamos vulnerando sus derechos. Además, como no nos consideramos dentro de ese colectivo, infravaloramos nuestros propios riesgos. Y, en el caso de un diagnóstico propio como VIH+, cargaremos con una pesada losa de autoestigma que limitará nuestra capacidad de gestión de la infección. El VIH no entiende de grupos de riesgo, sino de prácticas de riesgo. ¿Tú te arriesgas?
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