Para su ubicación se eligió y adquirió un terreno "la mitad indivisa de un campo en el término de Zaragoza y partida de Garrapinillos, de cabida esta mitad, de una hectárea, siete áreas veintisiete y media centiáreas, o sea dos cahíces y dos hanegas de tierras (...) y que venden el matrimonio Patricio Martínez y Bescós y Manuela García Borobia a favor de este Excmo Ayuntamiento para que se construya el nuevo cementerio del Barrio de las Casetas... El precio de la enajenación es de 100 ptas." (según la escritura de venta testificada en Zaragoza el 21 de julio de 1899, inserta en el expediente de Gobernación no 404 de 1900).
En marzo de 1900 Vicente Muñoz, el cura párroco del Barrio de Las Casetas comunica al Alcalde de Zaragoza que las obras del nuevo Cementerio han concluido y solicita la autorización para poder llevar a cabo ya inhumaciones, invitando al Ayuntamiento de Zaragoza a la bendición solemne del mismo que se celebró el día 18. Asistió una comisión compuesta por el Teniente Alcalde del 2o distrito de las afueras, Manuel Latorre, el concejal José Sancho Arroyo y el oficial secretario de la Comisión 2a y toda la Junta del Cementerio compuesta por Clemente Alonso (alcalde), Vicente Muñoz (cura) José Ma del Campo, Juan Matiñón, Miguel González, Venancio Peñafiel, Pelegrín Barrao, Pablo Aznar, Bernabé Arilla, y Benito Paul. Asistieron también Joquín Abiol, cura de Sobradiel y Joaquín Moliné, ecónomo de Monzalbarba.
Aunque en el plano de Magdalena no aparece la capilla, parece que se construyó en ese momento y a partir del 27 de marzo de 1900 se comienza a enterrar en el nuevo recinto y se reorganiza el Libro de Enterramientos. El 30 de julio de 1900 el Ayuntamiento en sesión ordinaria aprobaba el Reglamento del Cementerio de las Casetas presentado por la Comisión Gestora y de obras del Cementerio en la que se aprueban todos los aspectos que regirán en su funcionamiento. La Junta que regirá el Cementerio estará compuesta por siete personas: Alcalde, cura párroco y cinco vecinos y tiene la obligación de la conservación del mismo. El terreno cedido por el Ayuntamiento de Zaragoza no podrá ser destinado a otro uso y, por supuesto, se regulan las tarifas que en sus modificaciones posteriores deberán ser aprobadas por el Ayuntamiento. La recaudación de estas tarifas por los distintos servicios funerarios se invertirán en el pago de un fosero, en las obras de reparación necesarias y en el pago de la deuda existente por dinero y materiales. Si algo sobrase después de atender a estos gastos prioritarios se destinará a algún fin benéfico. Todos los que hubieran contribuido a las obras tendrán derecho durante los primeros 20 años a resarcirse o a obtener algún tipo de beneficios en los servicios del Cementerio y, por último, se dispone que a los pobres de solemnidad se les enterrará gratuitamente.
Pasaron unos cuantos años hasta que se produjo el abandono total del viejo cementerio ya que hasta julio de 1914 no se procede a la exhumación de los restos y su traslado al nuevo.
El crecimiento progresivo de Casetas hizo que el Cementerio que se había construido para una población de 1438 personas en 1900, en 1934 con un censo de población duplicado resultaba insuficiente. A propuesta del arquitecto municipal Marcelo Carqué, se amplía hacia el fondo, con un aumento de la longitud de 34 m sobre un terreno de propiedad municipal, manteniendo las mismas dimensiones de fachada. Mariano Lozano Sesma, alcalde del Barrio, como presidente de la Junta encargada de la Administración del Cementerio, ofrece la ejecución de las obras por la Junta cediendo el Ayuntamiento el terreno. El 2 de julio de 1934 el alcalde comunica al Ayuntamiento que las obras de ampliación han concluido.
En su estado actual el Cementerio de Casetas responde básicamente a las obras ejecutadas sobre el segundo proyecto de Ricardo Magdalena concluidas en 1900 (3.066 m2) a las que se suma la ampliación de Marcelo Carqué de 1934 (en torno a los 2.200 m2). En la ejecución del proyecto inicial se simplifica sustancialmente el proyecto de Magdalena. Las obras se realizan por la Comisión Vecinal con una escasísima subvención de 900 ptas., a las que se saca partido gracias a las prestaciones voluntarias del vecindario. Recuérdese en este sentido que el presupuesto del primer proyecto de 1884, de dimensiones mucho más reducidas, aunque más cuidado en lo ornamental, era de 5.747 ptas.
Actualmente y según las últimas mediciones tiene una superficie de 5.283 m2, de planta casi cuadrada, ligeramente trapezoidal por el trazado recayente al Camino del Molino del Rey. Esta cerrado por una sencilla tapia enfoscada con dos puertas abiertas en la fachada SE. La principal esta ejecutada en ladrillo visto, en arco carpanel sin más adorno que el de los ladrillos a sardinel de la rosca del arco y una banda en la parte superior bajo el pequeño vuelo del tejaroz. El otro es un portón anodino de reciente apertura en el extremo de esta mima fachada.
Al interior, entrando por la puerta principal, el espacio se distribuye en cuatro cuadros o espacios, articulados por dos andadores que se cruzan perpendicularmente. Tres de ellos están ocupados por sepulturas en tierra de distribución relativamente ordenada. El cuarto, entrando a mano derecha esta ocupado por manzanas de nichos, lo mismo que todo el espacio de la zona SO, sistema de aprovechamiento en altura del
espacio y forma de ampliación del 4 Cementerio en una localidad de población siempre en aumento. Al final del segundo andador principal, entre las sepulturas en tierra y las manzanas de nichos citadas se sitúa la capilla, muy sencilla y carente de elementos a destacar, y la Fosa Común, ambas en la zona de ampliación de 1934.
Si bien este Cementerio se inaugura en 1900, y la mayor parte de los restos exhumados en el antiguo en 1914 se depositarían en el Osario, se conserva alguna sepultura antigua (resituada aquí), aunque sencilla, como es la de M. Santos Alvarez de 1891, con cerramiento de forja sencillo y lápida de fundición a la cabecera. Del resto de las sepulturas en tierra cabe destacar por cierta monumentalidad la de Isabel Burka, esposa de Deogracias Turka, de 1916, dentro de una tipología característica de la época. Muy sencilla es la Fosa Común. En espacio rectangular al aire libre, anejo a la capilla, una placa de esmalte sobre una pequeña cruz recuerda al visitante la caducidad de la vida: "Acuérdate hombre que eres polvo y en polvo te has de volver" (Génesis 3, 19).
Nada parece indicar que los cementerios previstos por Magdalena destinados a los no católicos, se llegaran a ejecutar, a pesar de las normas que así obligaban y a las recomendaciones del propio párroco dada la cantidad de extranjeros allí residentes.
Hoy el más populoso de los catorce barrios rurales de Zaragoza (sobrepasa los 7.600 h) tiene necesidades de más espacio en su necrópolis, estando en redacción el anteproyecto de una manzana de 120 nichos, porticada en su lado sur hacia un pequeño espacio al que se accede por la segunda puerta ya citada (arquitecto Luis Moreno Tortajada) y hay previsión de llevar a cabo en un futuro próximo un velatorio que se situaría en la zona del Camino del Molino de Rey.
Texto redactado por:
Mª Isabel Oliván Jarque.
Patrimonio Cultural Urbanístico
Fuentes documentales
- Archivo Municipal de Zaragoza
- Archivo Municipal del Barrio de Casetas: Libro de enterramientos
Bibliografía
- ADIEGO ADIEGO, E. y otros: Zaragoza. Barrio a barrio, vol. 4. Zaragoza 1984.
- CORONA, I. y otros: Zaragoza. Barrio a Barrio. Ed. Prensa Diaria Aragonesa S. A. Zaragoza 1992
MADOZ IBAÑEZ, P.: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Vol. 9: Zaragoza. Madrid 1845.
RODRIGO ESTEVAN, Ma L.: "Barrios rurales de la ciudad de Zaragoza" en BELTRÁN MARTÍNEZ, A.: Zaragoza. Calles con historia. Ed. Prensa Diaria Aragonesa, S. A. Zaragoza 1999
Más información