Cultura

Plaza Aragón

La denominada Glorieta de Pignatelli, actualmente Plaza de Aragón, reúne cinco monumentos conmemorativos de diversas épocas, autoría y naturaleza. Este espacio ha sufrido variaciones con el tiempo, por ejemplo se han eliminado las zonas ajardinadas y las dimensiones de la plaza han aumentado, por lo que se ha visto afectada la percepción que de ellos obtenía el viandante. A pesar de estos cambios, continúa destacando en el eje del conjunto, alineado con el Paseo de la Independencia, el monumento al Justicia de Aragón Juan de Lanuza. El proyecto del arquitecto Félix Navarro, de complejo desarrollo iconográfico y clara exaltación regionalista, se ubicó en el centro de la plaza, lo que obligó a buscar una nueva ubicación para el Monumento a Ramón Pignatelli.

La tónica ya mencionada de la adjudicación de las obras monumentales zaragozanas inauguradas en la primera década del siglo XX a artistas no locales se confirma con la figura de Lanuza debida al gallego Francisco Vidal de Castro, pero se rompe sin embargo con el resto de homenajes que se disponen casi simétricamente en sus laterales. Realizados por dos de los escultores aragoneses más valorados en su momento, José Bueno y Félix Burriel; si bien el primero alcanzó mayor prestigio a nivel nacional, de ambos podemos contemplar un buen número de piezas paseando por Zaragoza.

En la actualidad estos bustos, todos ellos dedicados a hombres de letras -poetas, escritores y dramaturgos-, se encuentran empequeñecidos en cierta medida, debido al volumen dominante del monumento central y por haberse perdido los jardines que los aislaban y distinguían. Conforman un conjunto unitario al responder todos ellos a una tendencia común, habitual por otra parte en la época, consistente en un busto en bronce sobre pedestal pétreo de sencillo perfil. En los dos casos desarrollados por Bueno, el Monumento a Cavia y a Fernando Soteras "Mefisto", se plantearon de manera inmediata tras el fallecimiento de estos personajes, tal y como se efectuó en el mismo período con otros como el Monumento al Doctor Félix Cerrada. También había transcurrido escaso tiempo de la muerte de Marcos Zapata cuando surgió la iniciativa de rendirle homenaje y unas décadas tardó en materializarse el recuerdo a Julio Monreal y Ximénez de Embún. Todos ellos se adjudicaron directamente a los artistas, sin convocar ningún concurso para su realización.