
La tía Chorla y la tía Candila
Letristas
Naturales ambas de Alborge, cerca de Sástago, Zaragoza, sabemos que vivieron a final del siglo XIX. Conocemos de ellas por el estudioso Martín Sancho que realizó un artículo sobre la poesía popular publicado en la revista Noreste en la primavera de 1933, editada por Seral y Casas. Lo titulaba como: La Tia Chorla y La Tia Candila, Poetas del Bajo Aragón.
Reproducimos aquí partes del artículo donde incluye la referencia a las letristas, cuya obra califica como ‘una maravilla de literatura popular’:
‘En Alborgue, cerca de Sástago, delicioso villorrio del más puro sabor mudéjar, vivieron, hasta hace unos treinta de años, dos mujeres, condensación de lo popular y exponentes de toda una época de ingenuidad y sencillez rural. Tenían sus nombres de pila, pero jamás nadie las llamó por ellos. Una era «La Tia Chorla», otra era «La Tia Candila». Ambas rivalizaban en hacer coplas a los mozos para las rondas, y hasta en «inventar» dichos y retolicas que las gentes repetían, y hasta los ciegos las llevaban de pueblo en pueblo con sus «oraciones» y otros tipos de romances.
Una de ellas tenía una botiga en la plaza del pueblo y ‘entre cuartillo y cuartillo de vino que vendía, entre una libra de abadejo, o mixtos de yesca, o alpargatas, o chambras, o moqueros, o piales, o sardinas de cubo, o chorizo rancio, mormoteaba sus «inventivas» para distraer la clientela..., y de paso ver si entre canción y canción, las pesas obraban en su provecho’.
También se conservan gracias a la memoria del vecindario, varias de las composiciones transmitidas oralmente.
De La Tía Chorla (fragmento):
Allá arriba, en la Turquía,
vivía una melindrosa.
Esta tal era dichosa,
dichosa de sus edades.
No hay canónigos ni abades
que no tiren de su renta;
pero vivamos en cuenta
que nos himos de morir.
Esta noche hi de dormir
con una bizarra moza
ribera de Zaragoza.
De La Tía Candila:
En Sevilla, canta un gallo
paticojo y patimanco,
y el herrero tiene un banco
que trebaja,
y en tu casa la baraja:
En vido uno, en vido dos, en vido tres;
este mundo va al revés,
pero más te quiero.
En tu casa hay un bujero
que lo tapa el arbañil,
y en tu casa está el candil
que se alumbra,
y en la Ilesia está la tumba
que retumba
de naranjas y limones
que las toman los siñores de Madrí.
Quiquiriquí, las campanillas del tio Joaquín

Alborge, Zaragoza, final del siglo XIX
Autoras de coplas para las rondas y de dichos populares, letras y romances improvisados que gozaron de gran popularidad, quizá el último ejemplo de literatura oral.