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Gaja i Díaz: 'Hay que decidir el tipo de salida de la crisis inmobiliaria: la continuidad o el cambio de modelo'

12/04/2013. En sus conclusiones aboga por la asunción de pérdidas, la reconversión del sector y la transición a un contexto de crisis ecológica que ha sido propiciado por el estallido de la burbuja

Zaragoza, viernes, 12 de abril de 2013- ¿Qué hacer con los "frutos" urbanísticos de "La Década Prodigiosa (1996-2007)"? Ésta ha sido la gran pregunta en torno a la cual Fernando Gaja i Díaz, profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de Valencia, ha tratado de responder con su ponencia "Paisajes después del Tsumani: la intervención urbanística tras el final del ciclo de hiperproducción constructiva" en las Jornadas sobre Urbanismo y Crisis Financiera que se están llevando a cabo en el Edificio Seminario, organizadas por el Ayuntamiento de Zaragoza.

En su intervención, el profesor Gaja i Díaz ha centrado su análisis en 4 grandes apartados: vivienda, suelo, infraestructuras (especialmente las relacionadas con la movilidad) y grandes equipamientos, y todos ellos con una especial referencia a la situación en la Comunidad Valenciana y sus peculiaridades, ya que se trata de uno de los ámbitos territoriales donde estos problemas han sido más graves y tienen unas peculiaridades específicas.

Desde lo que ha llamado "la lógica de la hiperproducción constructora", ha repasado el paisaje social y la herencia del estallido de la burbuja inmobiliaria: paro, recortes, desahucios, desmantelamientos del estado social, viviendas vacías, suelos vacantes (entre 30.000 y 50.000 hectáreas sólo en la comunidad Valenciana), obras inacabadas, infraestructuras y equipamientos infrautilizados o, directamente, sin uso.

Ha señalado, como primer dato relevante, la existencia de un stock de viviendas vacías e inacabadas que va a costar muchos años digerir: de los 29 millones de viviendas que hay en España, hay 3,1 millones de viviendas usadas vacías y 900.000 viviendas nuevas sin vender. El hundimiento desde 2006 ha sido espectacular: en 2011 se iniciaron las obras de 1 vivienda por cada 30 que se empezaron a construir en 2006. En consecuencia, hay que hacer un inventario para conocer las características detalladas de este stock de viviendas para poder buscarle salidas.

Respecto al suelo urbanizado, ha señalado que es el gran problema, especialmente del País Valenciano, como resultado de una legislación nacional y autonómica que ha posibilitado su desarrollo desaforado y el cambio de la estructura tradicional de la propiedad., Según datos del Catastro, en Valencia hay 50.000 hectáreas urbanizadas vacías, y sus grandes propietarios son entidades bancarias, agencias inmobiliarias y empresas constructoras.

En cuanto a las infraestructuras, la gran diferencia es que todas se han hecho con financiación pública, con el consiguiente endeudamiento de las administraciones: su planificación no ha respondido a mecanismos de mercado, y el mito de que la construcción de infraestructuras es igual a progreso no se sostiene.

Ha calificado a la política de grandes equipamientos públicos como "Arquitectura del espectáculo", y los ha señalado como un auténtico agujero negro de pérdidas, no sólo por su coste, que aún se está pagando, sino por el déficit que generan por su uso uy mantenimiento.

Ha señalado que se ha llegado a la situación actual por una "tormenta perfecta" nacida de la "irracional creencia en el crecimiento permanente e infinito, que no es posible. Hemos agotado la época del crecimiento, los daños que se han causado al ecosistema son irreversibles, y hay que replantearse el paradigma: a partir de ahora las cosas serán diferentes".

Hemos llegado a esta situación por una serie de lógicas específicas: la financiera, la política, la social y la ideológica, que han alimentado la cultura de la vivienda en propiedad y de que la construcción es sinónimo de progreso y empleo. El cese de la financiación en 2007 fue el detonante del estallido de la burbuja, con efectos y daños colaterales (económicos, laborales, sociales, políticos...) y ahora hay que decidir el modelo de salida: bien la continuidad, o el cambio de modelo.

Gaja i Díaz ha dado una serie de claves para esta salida, referidos tanto a los modelos de continuidad , como al alternativo (abandonar la senda del crecimiento y decidir qué se hace con el stock) y al reformista: continuidad con reformas estructurales severas.

Sobre estas reflexiones, y aportando una serie de ideas complementarias entre sí para abordar la situación actual, ha apostado por la asunción de las pérdidas (con todas sus consecuencias), la reconversión del sector inmobiliario y la transición a un contexto de crisis ecológica. Entre sus propuestas se encuentran la reutilización del suelo urbano, la vivienda social, la desprivatización de la vivienda mediante políticas públicas, la reconversión productiva de los suelos urbanizados para otros usos (como los agrícolas), la "retirada ordenada" (abandono y demolición) y acabar con la sobredosis de infraestructuras.