Biodiversidad y Naturaleza

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Desarrollo Plan de Control

Inventario de nidificación

Es al comienzo del año natural, ya entrado el invierno y con la defoliación de los árboles de hoja caduca casi completa, cuando podemos observar con suma facilidad la ubicación de los nidos de cotorra argentina. El tamaño singular y la presencia de ramitas cortadas bajo el árbol aseguran su identificación.

Vista censo Parque Tío Jorge

La obtención de datos en esta época del año no solo abarca el conteo de nidos, sino que pretende recabar abundantes datos complementarios que resultarán de utilidad para las acciones de control: tipo de sustrato hospedador, especie de árbol, ubicación dentro del árbol, altura aproximada del nido, número de bocas, posicionamiento GPS, accesibilidad, etc. Todo ello queda debidamente registrado en una base de datos. El posicionamiento se traslada a un espacio de gestión en la web municipal del ayuntamiento, donde cualquier ciudadano podrá consultar sobre un fondo de cartografía urbana u ortofoto, la ubicación de los soportes con nidos. Además la propia gestión en esta web nos permite marcar con un código de colores los soportes: con nido apeado (color rojo), intervenido (azul), y sin tocar (verde). Cada anualidad todos los nidos resultantes del censo se visualizan inicialmente en verde y la intervención en uno u otro sentido propicia el cambio de color hasta final de año. Cada uno de los soportes queda codificado, de forma que arrastra todos los datos que resulten necesarios.

El carácter colonial y gregario de la especie, facilita los trabajos del censo. Una vez registrado el primer censo, cada año resulta más sencillo, ya que sirve de guía el del año anterior. Este censo anual se lleva a cabo en aproximadamente una semana en el caso de Zaragoza.

Durante los trabajos de control de puestas, ya en primavera, se llevan a cabo pequeños ajustes que actualizan los datos del censo.

Intervención sobre los nidos

Una vez realizado el censo de principios de año, se lleva a cabo un primer análisis de la peligrosidad de algunos nidos. En especial atendemos a nidos grandes situados al final de las ramas y a su ubicación vertical sobre zonas sensibles (juegos de niños, paseos centrales de parques, aceras...). De esta manera retiramos cada año unos 40 nidos por motivos de seguridad. En Zaragoza este criterio se ha mantenido estable durante todo el periodo de control.

Durante la fase de control de puestas se lleva a cabo también la retirada o eliminación de algunos nidos no peligrosos, principalmente aquellos que se han instalado en solitario en nuevos emplazamientos. También se quitan algunos que causan molestias o alarma social.

Cuando se realiza una captura de adultos, resulta aconsejable reducir los nidos en esa zona. En esas circunstancias, resulta muy poco probable su reconstrucción.

En el caso de Zaragoza, al elevar la intensidad del control selectivo de adultos, especialmente en los años 2015 y 2016, hemos podido retirar la práctica totalidad de nidos durante la fase de control de puestas. A fecha de hoy tan solo se han dejado 19 nidos sin actividad sobre otros tantos soportes, ubicados estratégicamente en distintas zonas de la ciudad, y bajo condiciones de seguridad elevadas.

Intervención sobre las puestas

El censo actualizado de soportes, nidos y cámaras, y su traslado a los archivos informáticos pertinentes, permite afrontar el plan de intervención anual sobre las puestas con cierta facilidad y eficiencia. De forma previa, se han llevado a cabo visitas aleatorias de control, mediante las cuales confirmamos la ausencia de huevos en los nidos hasta llegado el mes de abril. Para estos trabajos precisamos únicamente un recurso elevador (camión con cesta) en una jornada de trabajo.

Durante los primeros años de control, el sistema por el que quedaba malogrado el embrión fue objeto de diversas pruebas, en aras a alcanzar una mayor eficiencia en el empleo de los recursos. El objetivo que se persigue con el sistema de intervenir sobre el huevo y dejarlo en el nido, es que la incubación continúe, sin llegar a eclosionar. Así evitamos una segunda puesta de reposición.

Se han llevado a cabo a lo largo de estos años diferentes pruebas de intervención sobre varios nidos previamente elegidos en distintas áreas: retirar la puesta y dejar un pollo, retirar toda la puesta, dejar toda la puesta para comprobar el éxito final reproductor y posible segunda puesta, etc.

Tras estas experiencias concluimos que el método sobre el que debíamos trabajar con las puestas era el del pinchado del embrión con una aguja, a poder ser cuando la puesta estuviese completa y la incubación estuviese en la semana previa al inicio de la eclosión. Con estos condicionantes la intervención debe ser intensa y realizarse en dos semanas si es posible. A partir de primeros de mayo, encontraremos pollos que van naciendo, cuyo control también resulta necesario. Existen variables no controlables que pueden alterar los objetivos, habitualmente por condiciones climatológicas adversas: la lluvia intensa o el viento superior a 40 km/h. hacen que los trabajos en altura resulten peligrosos.

Para llevar a cabo esta tarea se precisa un camión con cesta elevadora donde ascienden dos personas. En nuestro caso suben un empleado de la empresa concesionaria del mantenimiento de parques públicos, que ubica y maneja la cesta, y un agente de medio ambiente que manipula el interior del nido. Para ello ambos deben contar con equipos de protección individual y formación correspondiente en materia de prevención de riesgos laborales. Dado que la operación precisa meter el brazo hasta interiores de más de un metro de profundidad en algunos casos, resulta indispensable además de guantes, un manguito protector de brazo y gafas de protección. En estos casos, para poder llegar al fondo, tenemos que desmontar parte del nido y reducir el túnel de acceso a la cámara de cría.

Durante la intervención, los adultos de la colonia normalmente sobrevuelan la zona emitiendo continuas vocalizaciones.

Dado que la presencia de la especie no diferencia entre espacios públicos y privados, en el caso de Zaragoza hemos actuado sobre todos ellos. En las zonas privadas (centros deportivos, urbanizaciones, colegios...), se les ha requerido para intervenir retirando nidos en la primavera, de forma que, aunque la reconstrucción era un hecho, la retirada del nido con las puestas completas tenía un efecto importante en la reproducción.

Intervención sobre los adultos

Conscientes desde un primer momento de que el control de puestas podría resultar insuficiente para reducir ostensiblemente la presencia de esta especie invasora, hemos llevado a cabo de manera autodidacta la fabricación de artilugios que nos permitieran la captura de adultos.

Durante los años 2007, 2008 y 2009 se han capturado ejemplares mediante un sistema de jaulas trampa hexagonales, de las que se utilizan para córvidos. Su instalación debe tener en cuenta que no sea posible su manipulación por personas ajenas al control, que no estén a la vista del público en general y que se utilicen alimentos de querencia casi exclusiva de las cotorras, como las pipas. El control de la jaula debe ser diario, principalmente para liberar posibles capturas de especies no deseadas.

Conviene aprovechar los meses de invierno principalmente, cuando el alimento escasea en la ciudad. El cebado puede consistir en pipas, frutas o maíz, aunque éste último asegura la rápida entrada de palomas y tórtolas. El reclamo con un adulto en el interior de la jaula también resultó eficaz en un primer momento, debido al efecto llamada de sus vocalizaciones.

La experiencia más exitosa con este sistema la llevamos a cabo en el año 2009, en una colonia de doce nidos y una población estimada de unas 40 cotorras. Pusimos dos jaulas sobre techumbre plana de planta baja debajo de los nidos en una instalación deportiva cerrada al público que reunía todos los requisitos. Se capturaron 25 adultos. Este control consiguió un resultado en esa colonia de tan solo tres parejas reproductoras ese año.

Después de esta intervención inicial, y aunque se han instalado jaulas en otras colonias, este sistema ha resultado de baja efectividad. La conocida capacidad de aprendizaje de todos los loros podría ser una posible explicación, si pudieran llegar a relacionar las jaulas con un peligro que conviene rehusar a pesar del reclamo alimenticio.

Diversas pruebas de cebado con frutos de melia, esparcidos en zonas de campeo habituales (praderas de césped debajo nidos) para su captura posterior con red abatible de tierra, no dieron el resultado esperado, ya que no mostraban interés por el alimento ofrecido.

La baja altura de alguno de los nidos y la orientación de la boca de la cámara, nos llevó a confeccionar una pequeña red sujeta sobre un aro metálico, para izarla con una caña telescópica (tipo pesca). Su manejo manual nos ha permitido alcanzar hasta unos 8 metros de altura. La metodología de captura era la aproximación al nido una vez entrada la noche y el emboque en una de las bocas al azar. Mediante pequeños movimientos conseguíamos alertar a los inquilinos de la cámara si los había, los cuales en su huida quedaban atrapados en la red. Las vocalizaciones de alarma, si se capturaba alguno, alertaban a menudo al resto de la colonia, por lo que la intervención era de una efectividad limitada. En Zaragoza menos de un 10% de los nidos se podían abordar con este sistema. Los resultados fueron positivos en un pequeño complejo de 8 palmeras de baja altura, donde se capturaron unos 30 ejemplares con este método. En el resto de las zonas, el éxito de las capturas fue menor.

Durante la fase de control de puestas se han capturado manualmente algo más de una docena cada año de individuos sorprendidos en el interior del nido mientras incubaban.

Otros métodos analizados y propuestos siempre han sido desechados por la posible afección a otras especies, ya que garantizar la selectividad de intervención sobre la cotorra argentina ha sido un objetivo irrenunciable.

En el año 2014 se propuso realizar pruebas sobre el control selectivo de adultos mediante el empleo de un arma de 4ª categoría, conscientes por un lado de ser un método fácilmente selectivo y de bajo coste, pero con una posible repercusión social que debía ser gestionada adecuadamente.

Señalar que el empleo de un arma de 4ª categoría mantiene su regulación normativa en el vigente Reglamento de Armas (RD 137/1993), de ámbito nacional, siendo los Ayuntamientos los competentes para expedir los documentos de legalización y control (Tarjeta de Armas).

El método resultaría autorizable previa solicitud al departamento correspondiente del Gobierno de Aragón en materia de gestión de fauna, en este caso el INAGA. El análisis técnico fue valorado por el Área de Biodiversidad del instituto gestor, al considerar que estábamos ante una acción de gestión en favor del mantenimiento de la biodiversidad autóctona.

Con la finalidad de elevar al máximo grado la seguridad, por tratarse de ámbitos urbanos­periurbanos, se estableció un procedimiento de trabajo exhaustivo, asignando el uso de una única arma, a tan solo tres agentes con experiencia. Se fijaron una serie de parámetros (horarios de baja presencia ciudadana, ausencia de niños, técnica de tiro en vertical, etc.), que debían ser observados en todo momento. La acción de control se desarrolló siempre por dos agentes de medio ambiente. Aunque se trata de un arma sencilla de perdigones, el calibre utilizado (en nuestro caso 5,5 mm.), debe perseguir la máxima eficacia.

Sin duda éste ha sido el método más eficiente y de menor coste, que ha permitido el control deseado en cada colonia, y ha posibilitado la eliminación posterior de los nidos con garantías de no ser reconstruidos. Este sistema evita los arriesgados trabajos en altura, así como la reiterada eliminación de pollos nacidos en la fase de control de puestas.