Biodiversidad y naturaleza

Canal Imperial de Aragón >> Corredor de vida y ocio

Los ilustrados quisieron recrear los espacios próximos del Canal con orlas lineales de vegetación, aspecto que fue facilitado por estar revestido el cajero con limos y arcillas que permiten la permeabilidad del agua a los árboles de la orilla. En los 41 km del Canal, en el término municipal de Zaragoza, podemos apreciar la abundancia de arbolado e incluso la formación de algún soto bien conservado. Este curso artificial constituye un ecosistema valioso que alberga múltiples formas de vida.

En todo su recorrido existe un importante dominio público que se extiende en ambas orillas, desde 9,5 m hasta 19,5 m en la mayoría de los tramos. Este patrimonio que en muchos lugares ha sido ocupado por particulares a cambio de un canon, debería en el futuro revertirse para uso ciudadano.

El Canal toma sus aguas del Ebro a la altura del Bocal en Tudela y por tanto es heredero de las condiciones ecológicas de éste. Las aguas son de elevada conductividad, resultado de los yesos disueltos por el Ebro, y de gran turbidez, como consecuencia de las arcillas que revisten el Canal.

La gran proliferación de especies invasoras, aparecidas en el Ebro en los últimos años, se manifiestan también en el Canal: gambusias, alburnos, siluros, cangrejo americano, almeja asiática y mejillón cebra son algunos de los ejemplos. El mejillón cebra invade acequias y brazales y llega a todo tipo de instalaciones causando, en ocasiones, graves daños económicos. La proliferación de plantas acuáticas, en los últimos años, es una nueva preocupación.

A pesar de estos problemas, el Canal sigue siendo un espacio de gran biodiversidad ya que es el hábitat de numerosas especies de aves, mamíferos, reptiles... Además, el Canal guarda un tesoro que con todo tipo de medios hay que preservar: la margaritífera auricularia o margaritona, almeja que habitó los ríos europeos hasta el siglo XVIII y que ha ido desapareciendo hasta solo encontrarse de forma relevante en el Canal Imperial.

Este corredor de vida es también nexo de unión entre diferentes parques urbanos del perímetro sur de la ciudad: Valdefierro, Oliver, José Antonio Labordeta, Pignatelli, La Paz, La Granja y zonas arboladas del Barranco de la Muerte.

Tanto en su margen derecha como izquierda unas líneas de vegetación separan dos hábitats de gran riqueza y contraste: la zona de la estepa y la de la huerta que se extienden a ambas orillas del Canal, dos de los ecosistemas más valiosos de la ciudad. Esta vegetación va siendo diferente según los tramos: bosque de ribera al lado de Plaza Imperial, pinares en Venecia, Valdegurriana, Valdefierro y Cabezo Cortado y paseos de plátanos de sombra en gran parte de su recorrido.

El corredor del Canal forma parte del Anillo Verde y nos permite conectar con el Ebro y con las estepas zaragozanas. Con el Ebro, en el extremo oeste de la ciudad, a través del corredor Oliver- Valdefierro que sigue la antigua vía de Ferrocarril a Teruel y en su parte este con el Camino Natural de la Alfranca tras pasar las esclusas de Valdegurriana y el barrio de La Cartuja. Con las estepas, desde los llanos de la Muela, Valdespartera, Camino de La Junquera, Pinares de Venecia, Valdegurriana o Torrecilla.

El Canal Imperial es por tanto un marco idóneo para las actividades de ocio y tiempo libre. Un espacio de disfrute ideal para la andada y los recorridos en bicicleta. Un Canal que se nos muestra diferente según las estaciones del año, que sea de día o de noche, según nieve, esté con bruma o con un sol radiante. En el espejo del agua vemos reflejada la naturaleza o el medio urbano de la ciudad.

Un valioso ecosistema natural en donde los usos urbanos y agrícolas deberían ser compatibles con su protección y conservación.

La transformación de los espacios agrícolas del entorno del Canal en una agricultura ecológica con denominación de origen de la huerta zaragozana, constituiría una oportunidad económica y ambiental que permitiría abastecer a la ciudad de hortalizas con seguridad y calidad alimentaria.