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Avenida del río Ebro a su paso por Zaragoza. [1871]

A.M.Z. Sign. 0837. Avenida del río Ebro a su paso por Zaragoza. [1871]

A.M.Z. Sign. 0837. La furia del Ebro.- Los zaragozanos conocen como pocos como se las gasta el Ebro, su río. A lo largo de la historia, todos los años más de una vez, el río muestra su ímpetu arrastrando los obstáculos que se le ponen al paso. Cada vez que eso ocurre, el puente de piedra se convierte en el observatorio capaz de acoger docenas de zaragozanos para ver de cerca la incontenida furia de un río voraz y generoso al mismo tiempo. Ahora, los embalses construidos en su curso contienen ese frenesí del río cuando despierta cada primavera. Durante siglos, sus iras cargaron contra el puente, al que numerosas veces privó temporalmente de su función. Todavía hoy, en sus intensas crecidas, arrastra por el cauce el rico légamo de la feraz huerta de Zaragoza y de sus pueblos vecinos, arrancando de raíz los árboles de sotos y riberas y anegando sótanos y garajes de las edificaciones de la margen izquierda. Luego, durante el estío, el río sufre amargamente la sequía estacional y los ciudadanos pueden vadearlo casi a pie enjuto. ¡Pobres de los lejanos ingenuos que no lo conocen y piensan que el río es capaz de saciar sus desbordadas ambiciones!