Ayuntamiento de Zaragoza

Juventud / CIPAJ

Sexo... con amor !!!???

Desde la Asesoría Sexológica del CIPAJ, queremos reflexionar en voz alta con nuestros jóvenes lectores, sobre los devenires del amor y sexo en los últimos años: juntos, separados, ordenados en uno u otro orden...

Ni siquiera repararemos en distinguir algo que nosotros tenemos meridianamente claro y que, aunque parezcan lo mismo, no lo son: el enamoramiento y el amor. Y aunque el matiz guarda unas tonalidades deliciosas, lo dejaremos para otra ocasión. Nos referiremos al amor en tanto vínculo afectivo (sin reparar en su vertiente torrencial o manantial), en resumen: el querer a alguien y que te quieran a ti. Así de un plumazo, nos despachamos con la definición de amor, con permiso de los filósofos, literatos, cantantes y poetas enfebrecidos.

Sexo con amor o sin amor... ¿Qué es mejor? Lamentablemente no vamos a responder a esta pregunta. Ni ahora ni al terminar el artículo. Lo decimos a tiempo para no defraudar al lector paciente; pero sí que recorreremos algunos caminos recientes, que los jóvenes han transitado hace no mucho tiempo.

En torno a los años 80, quienes escribimos estas letras comenzamos a hacer Educación Sexual por las escuelas de Aragón. Entre nuestras actividades iniciales, estaba el interpelar a nuestros alumnos con la pregunta ¿Para qué sirve la sexualidad? La primera respuesta (que sigue siendo también hoy la primera) era para tener hijos. Como en cierta medida es evidente y cierto, felicitábamos al alumno en cuestión. Pero proseguíamos con nuestro interrogatorio ¿Para algo más? No pasaba mucho tiempo hasta que algún otro alumno contestase para expresar amor. Como también, en cierta medida, es evidente y cierto, llegaba nuestra segunda felicitación.

Y llegábamos al tercer interrogante: ¿Para algo más? En general se repetían las respuestas anteriores, hasta que nuestra insistencia animaba a buscar algo diferente. Algún atrevido (solía ser chico) decía: para gozar. El resto de la clase comenzaba a reírse de forma nerviosa, mirándose los alumnos unos a otros, como si alguien hubiese nombrado lo innombrable.

Que nadie vea en nuestras letras menosprecio o mofa hacia nuestros alumnos del pasado. Nuestro interés está en analizar el porqué de esa risa ante el tercer interrogante. La cuestión resulta sencilla y evidente.

En aquella época, de forma implícita (y no tanto) se consideraba que la sexualidad sólo tenía cabida dentro del ámbito afectivo (y si me apuran, dentro del vínculo matrimonial), con unos fines primordialmente reproductivos. Todo lo que implicase salir de ese ámbito (pareja con afecto) y esos fines (la reproducción) se suponía inadecuado, intolerable, inmoral, insuficiente, o cualquier otro calificativo similar que seamos capaces de encontrar. Las razones que sustentaban esta visión eran ideológicas, morales y religiosas.

Valoramos como un logro social y un avance el haber conseguido considerar la búsqueda del placer como un elemento válido y lícito en la sexualidad humana, junto con las dimensiones afectiva y reproductiva, que ya estaban presentes. De este modo, el placer se convertía en un objetivo legítimo, sin ser considerado en si mismo inmoral, pecaminoso o vicioso.

Pero viajemos hasta el presente y reparemos en la misma situación de preguntas y respuestas. La primera respuesta ante las posibilidades de la sexualidad, sigue invariable: tener hijos. La segunda respuesta (que tanto tardaba en aparecer hace unos años) es para tener placer. La diferencia es que ahora nadie se ríe. Buena señal, se considera algo normal y nadie se escandaliza.

Pero el lío viene ante las ausencias, que eran presencias en el pasado. Como somos cabezones, también en el presente, volvemos a repetir... ¿Para qué más sirve la sexualidad? ¿No os parece que falta algo? No sólo no obtenemos la respuesta que buscamos, sino que alguien se atreve a decir... para ganar dinero. Sin darle excesiva importancia ni escandalizarnos.... Seguimos con nuestra insistencia. En este caso, algún alumno (casi siempre chica) dice por amor. No hay risas histéricas, pero sí sonrisas de relativo menosprecio.

Y aquí es donde estamos y aquí es donde hemos llegado.

A veces la sociedad no evoluciona de malo a bueno; sino de malo a menos malo. Y que nadie imagine que queremos volver al pasado; lo que nos duele, en el sentido profesional, es la pérdida o desmerecimiento de valores. Tan preocupante es el olvido del placer en el pasado, como el olvido del afecto en el presente. Es como si se tratase de una especie de ranking de popularidad, donde los valores suben y bajan en función del momento que nos toque vivir.

Todos somos personas, con diferente personalidad; y todos tenemos un sexo, con diferente sexualidad. Cada quien decidirá, en función de sus circunstancias soberanas y personales, a qué le da más relevancia en su sexualidad; qué va primero y qué va después. E incluso esa distribución cambiará, evolucionará, retornará al inicio... a lo largo de su vida.

Este artículo pretender reivindicar el valor del afecto, en la dimensión sexual humana. No porque nos parece mejor o peor que la dimensión afectiva o placentera, sino porque vive tiempos de baja popularidad. Es curioso observar como a nuestros programas, antaño de educación sexual; hoy los denominamos de educación afectivo-sexual. Y esto que puede parecer una concesión a lo políticamente correcto, es algo más, si entendemos que la actual percepción de la sexualidad por parte de muchos jóvenes, considera que esta es una dimensión aparte y sin conexión con el afecto. Algo que, desgraciadamente, empobrece un territorio amplio y diverso.

Si eliminamos ingredientes en un guiso, este seguro que pierde riqueza. Que cada quien tenga sus prioridades, pero que los ingredientes estén siempre al alcance de los cocineros y no escondidos por la moda y el vaivén de cada época.

Sirva este artículo para recolocar al amor, en el universo del sexo... de donde nunca debió de salir.

Muchas gracias.

Santiago Frago y Silberio Sáez
Asesoría Sexológica para Jóvenes del CIPAJ y de la Universidad de Zaragoza

CIPAJ, Centro de Informaci�n Juvenil.. Casa de los Morlanes. Plaza San Carlos, 4. 50001 Zaragoza. Tel. 976 721 818. cipaj@zaragoza.es