"El redescubrimiento de una nueva relación entre los sexos y el amor por la vida constituyen el mejor valor a cultivar,?." (Santiago y Silberio)
¿De qué hablamos cuando hablamos de relaciones sexuales?
La sexualidad humana ofrece una privilegiada triple dimensión: lúdica-placentera, convivencial-relacional y reproductiva.
Las relaciones sexuales, entendidas, no como relaciones genitales sino como relaciones entre sexos, no sólo son algo que se hace, son fundamentalmente algo que se vive. Creemos que lo importante no es sólo lo que se hace, sino fundamentalmente como cada cual lo vive, qué significados, valores, sentimientos, expectativas y emociones se ponen en juego.
Lo significativo en la erótica de los jóvenes
No vamos a caer en la tentación de diseccionar cifras. Y es que las cifras, aunque atractivas, sólo sirven para teñir, dirigir y obligar deseos. Hablaremos siempre de generalidades porque la diversidad y la excepcionalidad forman parte de la erótica de pareja. Chicos y chicas son diferentes y suelen manejar eróticas diferentes, por ello intentaremos al hablar de erotismo y arte de amar ser políglotas. (El artículo se basa en una investigación que puede consultarse en las Publicaciones internas del Instituto Amaltea de Sexología de Zaragoza, www.amaltea.org)
Lo más relevante es que hace años las relaciones de pareja (lo relacional) y el erotismo de la pareja (relación corporal) llevaban un ritmo secuencial, es decir, la dinámica de relación y el encuentro íntimo precisaban de unos tiempos necesarios. En la actualidad estos tiempos se han acortado hasta el punto de que en muchos casos el juego erótico y la relación de pareja llevan ritmos paralelos o casi paralelos. Los jóvenes inician su relación con el simbólico enrolle o morreo que les señala, un punto de partida en su relación. Todo comienza siendo un rollete pero puede acabar no siéndolo.
De darse la mano a enrollarse
En la actualidad este juego ritual es prácticamente paralelo y es un rito iniciático universal en nuestros jóvenes. Es indicativo del momento en que son novios en su contexto social. Hace 25 años este juego iniciático era menos paralelo y las manos se hacían amigas antes que los labios. Es inviable, por todo lo anteriormente expuesto, una relación de noviazgo sin relaciones sexuales. Ello obliga a entender las relaciones prematrimoniales de otra manera.
De la masturbación genuina a la masturbación relacional
La práctica y vivencia de la masturbación en las chicas ha ido aumentando históricamente con el paso de los años.
La vivencia de la genuina masturbación en los chicos se ha ido manteniendo en cotas muy altas con el paso de los años. Y en la actualidad el porcentaje de chicos y jóvenes que viven o han vivido esta actividad sexual es cercana al 99%. Son porcentajes similares a los de hace 25 años.
Del juego erótico, ¿sexo con amor o sexo sin amor?
Cuando las chicas están enamoradas evalúan el juego erótico como algo menos importante que los chicos; el placer físico no es lo significativo porque el sentimiento de amor lo envuelve todo. En la medida que el amor se consolida, el placer erótico adquiere más protagonismo e importancia.
Los chicos viven el juego sexual en pareja como una prueba clara del amor que ella siente hacia él. En este sentido para ellos la parcela íntima es eje sustancial de la pervivencia y salud de la pareja. Cualquier dificultad, en forma de insatisfacción sexual o conflicto erótico, tiñe y contamina toda la relación.
La vivencia erótica de las jóvenes parejas actuales sigue un protocolo bastante uniforme: 1º: se miran, se imaginan, se desean; 2º: se besan, van de la mano; 3º: se acarician, se tocan y pueden incluir juegos masturbatorios; 4º: hacen el coito o pueden hacerlo; 5º: si la complicidad es máxima pueden incorporar juegos buco-genitales y otros. Las causas fundamentales que han incidido en esta uniformidad han sido:
La primera vez
En el plano social que nos movemos se da una falsa e interesada jerarquización del juego erótico; se considera al primer coito como un acto de especial relevancia y cargado de mucho significado en la vida de una persona. El hecho de que la primera vez nos haga pensar en el primer coito y no en otra primera actividad sexual, pone de manifiesto que el resto de actividades sexuales son consideradas como conductas menores o sucedáneos. Y, además, se considera al coito como la frontera que separa la sexualidad completa de la sexualidad inmadura o incompleta.
En la sociedad occidental el coito es el juego estrella y el objetivo último del juego erótico entre los sexos. Supone para las chicas la entrega inequívoca del amor hacia la persona que quiere. Tiene para ellas un significado especial, en especial cuando es la 1ª vez que lo viven. Las causas fundamentales que han incidido históricamente en esta supervaloración son:
De los deseos de ambos
El esquema de modelo ?chico deseante / chica deseable- sigue siendo una constante. Las chicas desean ser deseadas e invitadas.
El deseo de las chicas y de las mujeres jóvenes es un deseo que se mueve entre el lujo y el amor. Lujo porque suele ser un deseo que precisa de estímulos del tipo: - una sonrisa, un estar pendiente, un sentirse escuchada, atendida, mimada, un gesto de complicidad -; y amor, porque para activarse precisa de un cierto sentimiento de admiración hacia la otra persona.
En los chicos el deseo responde a estímulos más sencillos y más sensoriales: un cuerpo concreto, una mirada seductora, una sonrisa cómplice, un gesto sensorial
Con todo tenemos claro que el deseo se hace real con la edad y la madurez inherente. En este sentido los jóvenes se mueven en claves de entusiasmo e ilusión, y por ello no hablaríamos de deseo real. Tal y como piensa nuestra amiga y colega Maialen Isasti: la gente joven en asuntos de conducta o práctica erótica no desea hacer ciertas cosas, tiene que hacerlas.
En definitiva?
Os animamos a que respetéis vuestros ritmos y que la presión social y del grupo de iguales no supere a vuestros deseos. Siempre quedará vuestro cuerpo, vuestra piel?. Si los escucháis tendréis mucho ganado.
Y si os sentís confusos con vuestros deseos, si los miedos os asaltan o las dudas os sorprenden, sabed que tenéis la Asesoría Sexológica a vuestra disposición.
Santiago Frago y Silberio Sáez
Asesores Sexológicos del CIPAJ y la Universidad de Zaragoza
CIPAJ, Centro de Informaci�n Juvenil.. Casa de los Morlanes. Plaza San Carlos, 4. 50001 Zaragoza. Tel. 976 721 818. cipaj@zaragoza.es