
El "Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Antiguo Convento de San Agustín" aprobado por el Ayuntamiento de Zaragoza el día 27 de mayo de 1999, confería un papel fundamental a la implantación de un nuevo equipamiento público que integrara los restos arquitectónicos monumentales y los espacios libres tanto interiores como exteriores, con objeto de revitalizar ese sector urbano. Se trataba de actuar básicamente en el recinto del antiguo convento --y parcialmente cuartel-- de San Agustín, ubicado en un área cuyos límites corresponden a la plaza del mismo nombre y la calle de Asalto, en el antiguo borde entre la ciudad y la vega de la cercana Huerva. Al mismo tiempo, las peculiaridades topográficas del terreno quedan puestas de manifiesto por la fuerte diferencia altimétrica existente (2,42 metros).
Se rehabilita así, en este momento, el bloque lineal noroccidental y el denominado Pabellón de Ingreso, permaneciendo pendiente de posterior solución urbanística el polígono septentrional.
En definitiva, tanto la historia --incluidos los restos arqueológicos--, como las características topológicas del lugar fundan la génesis del conjunto e inspiran el diseño del propio edificio, cuyo resultado ha sido el Centro de Historia de Zaragoza.
AUTORES:
En congruencia con las determinaciones del Plan Especial, el Proyecto recoge la restauración de las distintas arquitecturas monumentales o de interés histórico-artístico del lugar.
La piedra caracoleña de Fuendetodos de las cornisas y, en particular, el gran zócalo, se encontraban en mal estado. Los elementos de piedra negra habían corrido mejor fortuna; tanto el arco del vano de acceso, como el gran ventanal del Coro y el bello relieve escultórico que recoge la simbología agustiniana (*), se encontraban en un estado más que aceptable. Sin embargo, las formas escultóricas de los otros huecos, laterales al ventanal, se encontraban en mucho peor estado.
Los militares habían aprovechado los muros de la fábrica de la iglesia para su construcción cuartelaría, pero introduciendo varias plantas en su interior. En esta operación se abrieron nuevos huecos, afectándose sensiblemente a la estructura de la fachada. Afortunadamente no se alteró, no obstante, ni su composición ni los elementos artísticos.
La restauración propiamente dicha de la fachada monumental atendió a una intervención convencional cajeando y restituyendo los sillares más dañados, pero respetando las incisiones de metralla consecuencia de los combates de los Sitios.
En cuanto a las puertas de acceso, se diseñan para el exterior dos grandes hojas correderas con revestimiento de mosaico de maderas con arreglo a una composición igual a la del Pabellón de Ingreso -que han contado con la aprobación de la Comisión Provincial del Patrimonio-, de forma que el conjunto queda armónicamente tratado.
Por último, se consideró conveniente no reconstruir el posible frontón, tanto por carecer de referencias históricas suficientes, enmarcando simplemente la fachada con un ligero vuelo de la cubierta.
La torre barroca se compone de tres cuerpos básicos, de los cuales, los dos primeros se corresponden con los de la fachada de la iglesia. El constructor original tuvo cuidado en destacar sutilmente el plano de la misma. Tiene planta cuadrada y sólo el último cuerpo, el que sobresale por encima del volumen de la iglesia, presenta fachadas iguales entre sí a sus cuatro caras.
Las acciones de reparación en la misma han sido limitadas, dado que el estado de su estructura era, en general, bueno; salvo el correspondiente al último cuerpo, que por carecer de chapitel y de cubierta se encontraba especialmente deteriorado. Al campanario se accede ahora mediante una escalera metálica de caracol, de planta cuadrada, que permite observar desde los ventanales el paisaje urbano del entorno.
Para completar la acción de restauración era preciso, según dictamen de la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural, añadir un chapitel de cobre proporcionado al tamaño del último cuerpo de la torre, para cuyo diseño no existían referencias constatables.
Construida también en la etapa barroca del convento, hundida la bóveda ha permanecido su interior relleno de escombros hasta nuestros días, en los que la excavación arqueológica la ha puesto de manifiesto. Se trata de un espacio, simple y severo, de paredes lisas y blancas con un pilastrón central. El estado de lo que quedaba en pie era muy precario, casi ruinoso, y por tanto, se ha tratado de una auténtica reconstrucción.
En el límite suroriental del solar se encuentra el convento de Santa Mónica, y corresponde a la medianería un muro de cierto tamaño realizado en aparejo toledano hasta algo más de su mitad y el resto de tapial, encontrándose la parte más retirada de la calle Asalto parcialmente enyesado y pintado por haber sido límite de los edificios cuartelarios adosados a esa pared medianera.
El Proyecto quiso revalorizar ese muro, visible francamente tanto desde el exterior como desde el interior del Centro de Historia de Zaragoza
El otrora perímetro de defensa de la ciudad que se apoyaba sobre las edificaciones conventuales discurría a lo largo de la actual Calle Asalto. Convertidos los restos de las edificaciones militares junto con las construcciones adyacentes, en un largo muro de cerramiento del solar, constituían, en la actualidad, una importante barrera urbanística entre el Barrio de San Agustín y el sector del Parque de Bruil.
El Proyecto pretendía abrir una nueva brecha, precisamente en la calle que rememora el asalto de las tropas napoleónicas, potencial pasaje de comunicación a través de aquella línea. En consecuencia, sus arquitecturas se debían orientar a articular nuevas conexiones entre los sectores colocados a uno y otro lado de esa línea de frontera, actuando así el recinto exconventual como una rótula, cuyo eje lo asumía el emplazamiento de los antiguos claustros que recuperaban así su viejo papel de espacios públicos de relación.
Era preciso considerar de manera simultánea distintas variables:
A partir de la posición axial de la torre, se construye así una entidad (masa principal del Centro de Historia) que corresponde a la antigua iglesia de San Agustín, apoyada sobre la antigua cripta, que refuerza así su vocación absidal. Este volumen se asienta en el espacio-frontera con Santa Mónica, y se proyecta otro volumen a su izquierda, de manera perpendicular al primero.
El borde urbano de la vía pública queda así fuertemente renovado y, al mismo tiempo, el prisma de la iglesia de Santa Mónica, recupera su tradicional papel en el cierre visual de esa fachada urbana.
El acceso a ese recinto interior, sugerido por la macla de esas estructuras, se produce a través de un voladizo --o gran marquesina--, con un efecto de tensión que enfatiza el ingreso en los antiguos claustros. Esta pieza incorpora, al mismo tiempo, escaleras y rampa que salvan el desnivel topográfico desde la calle Asalto.
Desde los inicios de los trabajos se observó la oportunidad de tratar desde una perspectiva integradora, no sólo las edificaciones de referencia del antiguo convento sino también los espacios abiertos directamente relacionados con aquéllas, lo que además ofrecía la posibilidad de incrementar la superficie útil de exposición.
Se definían las siguientes exigencias fundamentales:
El Programa constructivo tenía como principales objetivos.
La distribución de los principales elementos del Programa constructivo se realizó del siguiente modo:
Se establece la entrada principal al Centro de Historia desde la plaza de San Agustín, a través de la puerta central de la fachada monumental de la antigua iglesia, que da paso al vestíbulo de acceso, espacio intermedio que recrea el atrio del templo barroco y a su vez permite ver, en toda su rotundidad, el lienzo posterior de la fachada como resto auténtico.
Este antevestíbulo resulta, pues, el primer espacio de contacto con la historia del recinto de San Agustín. Su escala arquitectónica y su limpia verticalidad, rematada en un techo de bóveda celeste, así como los grandes iconos que, filtrando la luz lateral ascienden desde el observador hasta los dieciocho metros de altura, evocan la inmaterialidad del tiempo simbólico antiguo o moderno.
El vestíbulo general del edificio es un gran espacio que se extiende en toda la longitud de la nave histórica, con bóveda muy rebajada con la evidente función de distribución integral. La Tienda, como un mueble transparente, abre luces al Claustro Mayor, con acceso independiente; del mismo modo que la Cafetería-restaurante, situada al fondo de la nave, orientada visualmente hacia el Parque Bruil, y con su cierre absidal rememora el de la Cripta que la soporta. Ambos espacios complementarios tienen acceso independiente.
En el centro de esta nave principal se posibilita el descenso a un nivel inferior a través de una recta escalera central. Este espacio es el vestíbulo inferior, desde el que se accede a la Cripta, al Salón de Actos y a las Aulas-taller. El acceso propiamente dicho al Centro de Historia, se desarrolla desde el vestíbulo general, mediante un hueco en el muro que permite alcanzar, inmediatamente, un espacio cuyo frontal está formado por un ventanal de más de quince metros de altura desde el que se observa el testero de Santa Mónica.
Este distribuidor interior articula los recintos así como las perspectivas internas y externas, y se constituye en el núcleo de comunicación vertical central. Un ascensor panorámico recorre el ventanal; otro convencional parte desde ese mismo lugar. También allí se inicia la escalera que vertebra las circulaciones de los visitantes.
En la planta primera se establece la entrada a las salas ("Ciudad Monumental", "Ciudad del Conocimiento", "Ciudad de la Celebración" y "Ciudad de la Gente") así como a la "Mediateca" (Centro de Documentación). El recorrido establece la comunicación con la gran sala trapezoidal ("Mirador de la ciudad") albergada en el ala del lado oriental del Claustro Mayor. La planta superior repite los espacios principales de la sala inferior ("Ciudad del Gobierno", "Ciudad de los Mercados", "Ciudad de los Caminos" y "Ciudad del Agua"). Entre la Cripta, el Salón de Actos y las cuatro Aulas-taller se configura un vestíbulo abierto que distribuye las actividades de estos recintos. En la Cripta se sitúa el llamado Navegador del tiempo. El Salón de Actos cuenta con espacios para traducción simultánea así como proyecciones; tiene dobles salidas de emergencia hacia la calle Asalto, respecto de la que la planta se presenta como semisótano, lo que permitiría accesos exentos en circunstancias puntuales.
El acceso de vehículos al edificio se establece también desde la calle Asalto, junto a la pared divisoria con Santa Mónica, mediante una suave rampa donde se encuentra el Sótano -1.
A través de puertas motorizadas se alcanza un área de carga-descarga. Desde dicha área se alcanzan las escaleras de conexión con los otros niveles así como el montacargas, que recorre todo el edificio en altura.
En el Sótano -2, se encuentran las salas de instalaciones, almacenes, vestuarios de personal y el taller de mantenimiento. A través del acceso de vehículos y sin llegar a entrar al interior, se encuentra la entrada particular de mercancías de la Cafetería-restaurante, cuyos espacios complementarios se establecen en Sótano -1 para almacén, barra, cocina, y entreplanta para vestuarios y despachos, todos ellos intercomunicados por una pequeña escalera.
A esta entreplanta se accede también junto a la torre, a través de un espacio de doble altura, amén de ser inicio de la escalera de evacuación noroccidental. Además de esta escalera de evacuación, el edificio cuenta con otras dos más, situadas en los extremos de los bloques, es decir, en los ángulos suroriental y nororiental del edificio, todas ellas independientes de las diversas salidas de emergencia con que cuentan las plantas bajo rasante.
El Proyecto interviene en cuatro sectores exteriores: La plaza de San Agustín, la calle de Asalto y los dos claustros. Es muy distinta la ideología de intervención en cada uno de éstos, del mismo modo que son dispares las circunstancias históricas y morfológicas de cada uno de ellos.
La plaza de San Agustín es un espacio histórico poco alterado y por tanto sólo ha sido preciso actuar en la restauración de la fachada y la torre de la iglesia. Se ha aprovechado la ocasión para completar la pavimentación de piedra natural sobre la superficie de la plaza. Por el contrario, la intervención ha sido destacable en la reconfiguración de los claustros mediante un ejercicio basado fundamentalmente en la interpretación espacial e histórica desde un vocabulario contemporáneo de máxima discreción.
La planta del Claustro Mayor pretende funcionar como elemento vertebrador de los recorridos externos y como espacio abierto que realza la escala del lugar, a la vez que se constituye en plaza recoleta desde la que observar las arquitecturas, antiguas y nuevas, que lo rodean. Tres coníferas de distinto porte, agrupadas, y el césped repartido en cuadrados conforman el soporte vivo dentro del territorio de este Claustro. Una obra del escultor italiano Arnaldo Pomodoro ha quedado instalada en la perspectiva más alejada de la entrada.
El Claustro Antiguo ha sido entendido como un espacio complementario del anterior, abierto y plenamente comunicado con éste. Se ha tratado de enfatizar su presencia buscando una funcionalidad con un estanque muy plano de planta ochavada y cuadrada, fuente que parte del pozo central y pretende generar evocaciones conventuales relacionadas con el rumor del agua. El arbolado, como telón de fondo, cierra la perspectiva que constituyen el Albergue Municipal y el Pabellón de Ingreso.