UNA CIUDAD AL ALCANCE DE TODOS
Hay destinos que se viven a golpe de entrada y reserva, y otros que se revelan paseando, mirando con calma y dejándose sorprender.
Zaragoza pertenece a esta segunda categoría: una ciudad abierta, luminosa y generosa, donde el patrimonio monumental convive con propuestas culturales gratuitas, grandes espacios verdes, riberas llenas de vida y rincones creativos que convierten cualquier escapada en una experiencia rica, inspiradora y llena de matices.
Una de las mejores maneras de empezar es perderse por el entorno de la Plaza del Pilar, uno de esos lugares que impresionan a primera vista y que invitan a quedarse. Allí, entre la silueta majestuosa de las catedrales, la amplitud de la plaza y el pulso siempre cambiante del centro histórico, Zaragoza se muestra monumental y cercana al mismo tiempo. Es un espacio para contemplar, para sentarse, para fotografiar y para dejarse llevar por ese ambiente en el que a menudo se cruzan la vida cotidiana, la celebración y la cultura al aire libre. En este escenario sobresale la Basílica del Pilar, uno de los grandes iconos de la ciudad, que además puede visitarse gratuitamente, lo que la convierte en una puerta de entrada accesible y extraordinaria al alma monumental de Zaragoza.
Muy cerca aparece también La Lonja, uno de los grandes tesoros de la ciudad: un magnífico edificio civil del siglo XVI que hoy acoge exposiciones de fotografía, pintura o escultura, y cuya entrada es gratuita, convirtiéndose en una parada perfecta para sumar belleza y cultura a un paseo por el corazón histórico. Y a poca distancia, casi como una invitación a seguir descubriendo la ciudad paso a paso, emergen también algunas de las joyas mudéjares que forman parte del Patrimonio Mundial: la bellísima Parroquieta de San Miguel de La Seo, con su extraordinario muro exterior de ladrillo y cerámica, y la torre de la iglesia de San Pablo desde la que se divisa una de las panorámicas más singulares sobre los tejados del casco histórico.
Para quienes buscan una Zaragoza más contemporánea, el IAACC Pablo Serrano es una visita imprescindible. Situado en el Paseo María Agustín, este museo de arte moderno y actual ofrece una propuesta abierta, sugerente y muy accesible, ideal tanto para quienes disfrutan del arte como para quienes simplemente quieren descubrir otra cara de la ciudad. En sus salas conviven la Colección Fundacional Pablo Serrano, la Colección Juana Francés, fondos de arte aragonés contemporáneo, así como exposiciones temporales que amplían la visita y la convierten en un recorrido vivo por la creación artística de los siglos XX y XXI. Entrar en el IAACC es asomarse a una Zaragoza creativa, inquieta y en diálogo permanente con su tiempo.
Pero Zaragoza no solo se descubre en sus monumentos, museos y espacios expositivos: también se vive intensamente a través de sus fiestas, sus recorridos urbanos y esa manera tan suya de convertir la calle en un gran escenario compartido.
A lo largo del año, la ciudad ofrece celebraciones que permiten acercarse a su historia y a su identidad de una forma abierta, participativa y muy accesible. Las Fiestas Goyescas, por ejemplo, invitan a redescubrir la figura universal de Francisco de Goya en la ciudad donde aprendió a mirar el mundo, con propuestas culturales, recreaciones, actividades y ambientes que conectan el arte con la vida cotidiana. La ciudad se abre también a otras citas que combinan cultura, gastronomía y ocio de una forma especialmente atractiva. Entre ellas destaca la Feria de la Garnacha, una celebración ya consolidada que convierte Zaragoza en punto de encuentro para los amantes del vino, el producto local y el ambiente festivo, con degustaciones, conciertos y propuestas pensadas para disfrutar la ciudad desde una perspectiva cercana y contemporánea. Y, por supuesto, las Fiestas del Pilar representan la expresión más viva y emocionante del alma zaragozana: días en los que la ciudad se llena de música, tradición, cultura popular, ofrendas, espectáculos, actividades familiares y eventos al aire libre que convierten cada plaza y cada rincón en una invitación a participar.
Y si la ciudad apetece al aire libre, Zaragoza responde con espacios verdes y paseos que merecen recorrerse sin prisa. El Parque Grande José Antonio Labordeta, uno de los grandes pulmones urbanos, despliega 27 hectáreas con esculturas, pinares, grandes avenidas, fuentes, terrazas y zonas para el paseo y el descanso. Muy distinto y también muy atractivo es el Parque del Agua Luis Buñuel, el mayor parque urbano de Zaragoza, con más de 120 hectáreas junto al recinto Expo, ideal para caminar entre naturaleza, láminas de agua y amplios espacios abiertos. Y para quienes buscan una experiencia más natural, el Galacho de Juslibol ofrece un paisaje sorprendente a las puertas de la ciudad, con más de 100 hectáreas en las que conviven el Ebro, el antiguo meandro, las lagunas, los cortados de yeso, la estepa y las huertas. A todo ello se suman las riberas del Ebro, casi 20 kilómetros para pasear o ir en bici entre vistas monumentales y naturaleza urbana, y lugares como la Arboleda de Macanaz, una tranquila terraza verde con miradores, fuentes y juegos infantiles desde la que contemplar el Pilar y el río desde otra perspectiva.
Y todavía hay otra Zaragoza que se descubre mirando hacia arriba: la de los murales del Festival Asalto, que lleva desde 2005 llenando la ciudad de arte urbano y que en 2025 celebró sus 20 años de trayectoria. Sus intervenciones, nacidas primero en el casco histórico y el entorno de la ribera del Ebro y extendidas después a distintos barrios, han convertido Zaragoza en una especie de museo al aire libre, donde una fachada, una medianera o un rincón inesperado pueden convertirse en hallazgo.
Así, la ciudad se disfruta a muchas velocidades: la del patrimonio, la del museo, la de la fiesta, la del parque, la del paseo junto al río y la del arte que aparece sin avisar en mitad del camino. Quizá ahí resida una de las mayores virtudes de Zaragoza: en su capacidad para ofrecer mucho sin exigir demasiado.

