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Zaragoza en el siglo XVIII

El siglo XVIII es el siglo de la Ilustración. Esta centuria comenzó con una guerra de sucesión al trono de España y discurrió en un ambiente social, económico y cultural muy propicio para el surgimiento del liberalismo. En Aragón esta etapa es testigo del recorte de sus privilegios, pérdidas de carácter político que en Zaragoza tuvieron como contrapunto la prosperidad económica y demográfica que la convirtieron en el centro comercial de todo del valle del Ebro.

La Guerra de Sucesión (1705-1710) fue un conflicto dinástico que enfrentó al archiduque Carlos, de la casa de los Austrias, con Felipe de Anjou, de la dinastía francesa de los Borbones. El triunfo de Felipe V supuso la entrada en España de numerosas reformas políticas, que en Aragón fueron determinantes: los decretos de Nueva Planta suprimieron los fueros aragoneses, se negó la existencia de este reino como ente independiente, se menguó la capacidad de Zaragoza como capital política y de ella desaparecieron las Cortes y la Diputación. A su vez se erigieron nuevos órganos, como la Real Audiencia y la Capitanía General, que dieron a esta ciudad un nuevo papel como urbe de realengo.

En la Zaragoza del momento la población sumaba poco más de 40.000 habitantes. Esta sociedad mantenía su estructura estamental, donde la oligarquía tradicional y los cargos eclesiásticos ostentaban una situación preeminente y cargos importantes (caso del conde de Aranda). Otro sector era la burguesía, bien fuera urbana (comerciantes, funcionarios, clérigos, militares), bien fuera rural. Por último las clases populares, un campesinado sometido al riguroso régimen feudal y un proletariado urbano, sectores desfavorecidos que protagonizaron diversos altercados y motines (como el de 1764 y el de 1784) ante su mala situación económica y los problemas de abastos que sufrieron.

La burguesía urbana de la ciudad, compuesta por no más de quinientas personas, formó parte de la burocracia zaragozana y tuvo poder decisorio e influyente en muchas instituciones políticas, administrativas y culturales de la ciudad, como el Ayuntamiento, la Real Audiencia, la Universidad, la Casa de Ganaderos, la Sociedad Económica Aragonesa y la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. La importancia que alcanza esta burguesía, de entre la que despunta la figura de Ramón Pignatelli, está muy unida a la Ilustración y a la preocupación de los ilustrados por mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos. Dicha preocupación tuvo su reflejo en diversas acciones, unas de carácter asistencial, ejecutadas en instituciones benéficas como la Casa de la Misericordia, y otras de carácter económico, como el reparto de las tierras regadas por el Canal.

La Casa de la Misericordia, creada en el siglo XVII para dar respuesta a la pobreza de muchos ciudadanos, vio mejoradas sus instalaciones y fortalecida su gestión cuando entre 1724 y 1793 tuvo como regidor a Ramón Pignatelli. Entre sus mejoras se cuenta la creación de un centro de manufactura textil y la construcción de una plaza de toros (que aun hoy lleva el nombre "de la Misericordia") gracias a los cuales la Casa podía contar con ingresos propios y dejar de depender de la caridad y los donativos.

El Canal Imperial de Aragón se planteó como una necesidad tras la rotura de la antigua Acequia Imperial en 1722. Las obras empezaron en 1768, pero el impulso definitivo se dio cuando en 1772 Pignatelli fue nombrado gestor general. Este ilustrado redefinió el proyecto, reorganizó los regadíos, mejoró la producción y procedió al reparto de las parcelas entre las clases populares. En 1784, tras años de construcción, las aguas del canal llegaron a Zaragoza. Vinculados a su construcción se encuentran en la ciudad algunos monumentos neoclásicos de gran interés, como la Casa Tarín o del Canal Imperial, la fuente de los Incrédulos y sobre todo la iglesia de San Fernando -en la que intervino el pincel de Goya- que sirvió de parroquia a las familias que trabajaron en la obra del canal. Destaca además este edificio por ser el único ejemplo de arquitectura religiosa neoclásica de Zaragoza, ya que este estilo artístico está más dirigido al ámbito civil, bien sea en palacios y casas particulares (Palacio de los condes de Sobradiel, Arzobispal, de la familia de Palafox) o elementos públicos, como la Puerta del Carmen, construida en 1792 por el arquitecto Agustín Sanz.

Bibliografía:
- Lostal Pros, J. Y Ansón Navarro, A. (2001): Historia de cuatro ciudades. Salduie, Caesaraugusta, Saraqusta, Zaragoza. Ayuntamiento de Zaragoza.