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MEMORIA HISTORICA Y ARQUITECTONICA

El Seminario Metropolitano de Zaragoza es una pieza arquitectónica relevante de la ciudad. El edificio, de enorme tamaño, se comenzó a construir en 1945 en una parcela próxima a la vía de circunvalación que cerraba el perímetro de la ciudad según su proyecto urbanístico de entonces, el anteproyecto de Ordenación de Zaragoza de 1943. Al situarse en sus proximidades, desde el principio fue llamado Seminario de Casablanca, para diferenciarlo del existente en la Plaza de la Seo.

El proyecto contempla una arquitectura de gran capacidad, con espacios capaces de albergar un conjunto muy amplio de necesidades. Al ambicioso programa se une simultáneamente una idea de aprovechamiento máximo y de austeridad constructiva. Las enormes superficies del edificio son fiel reflejo de un comedido diseño para sus económicas propuestas interiores, excepción hecha de los espacios públicos y de la pieza central de su arquitectura: el templo.

La construcción del gran edificio, acuciada por una necesidad perentoria y una limitada situación de los recursos financieros, condujo a una ejecución parcial del proyecto, desarrollada a su vez en varias fases, dejando para mejores tiempos precisamente la construcción de la iglesia, nunca concluida. Esto dio lugar a que el edificio funcional que ha servido como sede del Seminario Diocesano desde 1953 hasta nuestros días, nunca haya alcanzado las posibilidades arquitectónicas que estableció su propio proyecto original.

El edificio existente, en todo caso, contempló todos los elementos funcionales precisos para su finalidad. Su imagen de arquitectura inconclusa, bien patente en la propia fachada principal, ha configurado precisamente la imagen popular del edificio, creando así en la memoria colectiva de Zaragoza una "arquitectura terminada". El Seminario es así, inacabado respecto a su proyecto original, finalizado como arquitectura monumental.

La historia de este edificio es una bella historia de ilusiones en la que se implicó la ciudad en su conjunto. Que su futuro quede vinculado a los servicios municipales de su Ayuntamiento, una vez que el Seminario se traslade a una nueva sede de acuerdo a sus necesidades actuales, otorga una dimensión pública a la utilización de sus espacios, una vez reconfigurada su arquitectura conforme a la nueva funcionalidad. Esta idea es intrínseca con la propia vocación del edificio, y así, en su nueva etapa futura, su arquitectura se explicará como evolución de un proyecto de sucesivas transformaciones, dirigido hacia un servicio a la sociedad.

Para ilustrar la génesis de esta magnifica obra arquitectónica nada mejor que las palabras escritas por D. Placido Fernández, actual Rector del Seminario, en su libro El Seminario de Zaragoza. Siglo XX:

El día de San José, Día del Seminario de 1943, el arzobispo lanza una "llamada de Padre" a los fieles para la construcción de un nuevo Seminario.

(...) El 19 de marzo de 1945 fue un día especial. Tan especial que había tenido una larga preparación. Tanto en la radio como en la prensa los días anteriores a esa fecha se escucharon alocuciones y aparecieron artículos que propagaban la noticia: Se coloca la primera piedra del nuevo Seminario.

(...) El proyecto para el Seminario Metropolitano de Zaragoza está firmado en 1944 por los arquitectos Santiago Lagunas, Casimiro Lanaja y Manuel Martínez de Ubago.

El solar había sido comprado a las Hijas de la Caridad. En su momento parece que había sido, al menos en parte, un antiguo cementerio. Cuando éste se llevó a Torrero, el mismo cardenal Soldevila compró la finca que donó, al menos en parte, a la Hijas de la Caridad, en cuya casa él pasaba algunos ratos de descanso y donde fue asesinado, como hemos visto.

El edificio, sobre todo la fachada, tiene una arquitectura ecléctica, que combina elementos de otros estilos con una arquitectura moderna. Se mezcla el historicis­mo del gótico con elementos personales de Santiago Lagunas. Se consigue una gran expresión mezclada con sencillez. Destaca la fachada principal con galería de arcos polilobulados que recuerdan el Palacio Ducal de Venecia. En el centro corona la fachada un monumental retablo donde se inserta el enorme rosetón flanqueado por arquillos ciegos en cuyos vértices figuran los símbolos del tetramorfos. Debajo del ro­setón figura el escudo episcopal de D. Rigoberto Doménech.

La distribución de los espacios interiores obedece a una planta cuadrangular en torno a cuatro patios, formando claustros, que invita al recogimiento. El vestíbulo aparece dividido por una pantalla con grandes óculos apoyados en arquería sujeta por doble columna de mármol que separa la zona más privada de acceso a las puertas laterales que dan paso a las galerías del Seminario.

El eje vertical al torreón de la entrada está compuesto por el salón de actos y la capilla central en planta baja. Los dos patios del lado noroeste y sus pabellones serán los destinados a Seminario Menor, y los otros dos patios del lado sudeste con sus dependencias serán los destinados al Seminario Mayor.

[Cfer.: Fernández García, P. El Seminario de Zaragoza Siglo XX, Zaragoza, 2001 pp. 83-86.]

La arquitectura del Seminario de Zaragoza responde a una forma de proyectar específica con arreglo a los planteamientos funcionales y estéticos del periodo de posguerra. El encargo del proyecto se dirige a un equipo de arquitectos perteneciente a la Dirección de Regiones Devastadas, de manera que su ejercicio no puede desvincularse de la concepción racionalísta-historicista de la plástica utilizada por sus oficinas de arquitectura. Sobre este particular, ha sido referenciado el proyecto por J.M. López Gómez:

Al aproximarnos al análisis de la tipología de los seminarios realizados por Regiones Devastadas en Aragón hay que hacer una inevitable referencia al Seminario Metropolitano de Zaragoza. Si bien en su construcción no interviene directamente Regiones Devastadas sí debe merecer nuestra atención por dos razones. Primera, los tres arquitectos que realizan en el proyecto, Santiago Lagunas, Casimiro Lanaja y Manuel Martínez Ubago, pertenecen a la plantilla de este organismo. Segunda, se trata del primer seminario proyectado en el Aragón de la posguerra, y por lo tanto punto de referencia para otras edificaciones posteriores. Concretamente donde encontraremos más similitudes, en cuanto a estruc­turas y distribución de espacios, será con el seminario de Barbastro.

El Seminario Metropolitano de Zaragoza se edifica en una zona periférica de la ciudad, entre campos de labor, en un solar de 73.000 m2, de los que se edificaron 30.677 m2, regalado por el Ayuntamiento, próximo a la vía perimetral que une las carreteras de Madrid y Valencia. Hoy ha sido absorbido por el crecimiento de la ciudad quedando englobado entre los polígonos urbanos de Vía Universitas y La Romareda, perdiéndose el intencionado aislamiento.

La composición general del edificio viene determinada por la disposición simétrica de los servicios y aulas de las dos facultades que contiene, la de Filosofía y la de Teología, en sendos cuerpos paralelos. Los servicios comunes a ambas facultades, religiosos y representativos, se emplazan en un tercer cuerpo, central y paralelo a los anteriores, que alcanzará tanto en planta como en alzado mayor significación y relieve. Los tres cuerpos longitudinales se unen transversalmente por otros tres. El primero constituye la fachada principal y está dedicado a los servicios administrativos. El segundo es un paso de enlace y el posterior se destina a los dos comedores que convergen en la cocina. A modo de apéndice y como prolongación en la fachada posterior del eje central principal, se dispo­ne, en planta de U, una edificación que alberga la enfermería, despensas, servicios de lavado y planchado, y alojamiento de la comunidad de religiosas que sirven al seminario.

La disposición final de la planta será la de un rectángulo con dos ejes centrales entrecruzados perpendicularmente, que configuran cuatro patios interiores. La prolonga­ción posterior del eje central da al conjunto un aspecto general de planta en forma de parrilla.

Por lo que respecta a las alturas, el edificio consta de semisótano, planta baja, planta noble y dos plantas superiores.

El semisótano contiene; el refugio antiaéreo, situado en el cuerpo central. Bajo la iglesia y el aula magna, capaz de albergar hasta 450 personas. Dos patios cubiertos coincidentes con los dos patios posteriores, y la zona de almacenes, calefacción y despensa.

La planta baja se dedica a la vida escolar. En la entrada se encuentra la portería y un amplio vestíbulo de 112 m2, que da acceso a los pasos de comunicación con el resto del seminario. En el cuerpo de la fachada principal se instalan las salas de profesores, despacho del Mayordomo, salas de visita, la secretaría de estudios y la Prefectura. En los cuerpos laterales se encuentran las aulas, laboratorios y sala de estudios. En el eje central se dispone un salón de actos y un aula magna. En la fachada posterior están los comedores, uno por cada facultad, y las cocinas.

La planta noble dispone en su fachada principal las estancias privadas, despachos y dormitorios, del Arzobispo, Rector y Mayordomo. Las alas laterales están ocupadas en su totalidad por los dormitorios de los seminaristas y los aseos. El eje central está ocupado por la iglesia, un oratorio y la biblioteca. En su prolongación posterior se encuentran la clínica y la enfermería. Las dos plantas superiores se dedican exclusivamente a dormitorio de los seminaristas. La capacidad prevista es de 200 alumnos.

En alzados hay que distinguir dos planteamientos, uno representativo, correspondiente a la fachada principal, y otro funcional en el resto de las fachadas. El frente del edificio se nos ofrece de manera monumental, tanto por las dimensiones como por su estética. El tratamiento general es historicista, empleándose elementos neorrománicos, en las plantas baja y noble, como ventanales en arco de medio punto, pareados y con gablete en la planta noble, o las arquerías de la entrada a la iglesia, y formas goticistas en la lógia superior, el gran rosetón central, y los ventanales que recorren las cuatro plantas en las cabeceras de las alas laterales.

Si en la planta tenemos que encontrar el precedente en una construcción hispana como es el monasterio de El Escorial, en el alzado y muy especialmente en lo que respecta a sus formas más vistosas, habrá que referirse a la arquitectura mediterránea. La estilizada logia nos remite a los palacios venecianos, el rosetón enmarcado por un recuadro con los símbolos de los evangelistas en sus ángulos y coronado por un piñón triangular, pieza esta última que definitivamente no se realizó, nos recuerda extraordinariamente, en su composición, al de la catedral de Siena.

[Cfer.: López Gómez, J.M. Un modelo de arquitectura y urbanismo franquista en Aragón. La Dirección General de Regiones Devastadas 1939-57 Gobierno de Aragón. Zaragoza, 1995, pp. 201-203.]

Efectivamente, la arquitectura gótica italiana puede considerarse como el catálogo de cabecera en el proyecto arquitectónico de la monumental fachada del Seminario. Las catedrales de Orvieto y Siena, en sus imafrontes, son la referencia literal de la composición del cuerpo central, correspondiente al templo del Seminario. Pero las referencias se amplían a otras formas literales, he ahí la gran logia, trasunto de las venecianas Ca- d´Oro y el gran Palacio Ducal o las simples decoraciones en remates y aleros, seguidoras de los adjetivos góticos romanizados, visibles, por ejemplo, en la también veneciana iglesia de los Santos Juan y Pablo. Este juego proyectual alcanza el interior del edificio en el vestíbulo principal y en el Salón de Actos, rompiéndose en el interior de la iglesia, que abandona el proyecto historicista inicial de 1944 para transformarse completamente después, de acuerdo a una plástica conceptualmente diferente, si bien como hemos dicho jamás llegaría a desarrollarse por completo.

Como hemos señalado más arriba, el elemento principal del proyecto era el templo, verdadera cumbre funcional y formal del edificio. Precisamente su singularidad lo ubica en un nivel distinto a la planta baja, para no entorpecer la axialidad e independencia del resto de los espacios, verdaderos elementos de la vida cotidiana del Seminario funcional, pero que debían ser totalmente compatibles son la elevación de la iglesia en relación al resto. Este concepto había sido puesto de manifiesto en la propia memoria del proyecto:

Se ha intentado conseguir en sus dos exigencias inseparables lo que es esencial a todo edificio, la máxima expresión en su significado y la mayor sencillez en su funcionamiento material.

Desde el primer punto de vista, la iglesia ejerce un predominio absoluto sobre los demás órganos del edificio, y todo ello nos ha llevado a situada en el lugar preeminente, como vértice de toda atención (cruce de los ejes principales).

Existen dos ejes principales. Del estudio del programa de necesidades se desprende que, dentro de su unidad total, el edificio acusa una simetría general, la cual no ha de entenderse rígidamente llevada a último extremo.

Estimamos que el ingreso en el Seminario ha de ser único y por la razón de simetría expuesta ha de estar asimismo situado en el cruce de los ejes principales y centro del edificio.

Hay, pues, una aparente interferencia entre los ámbitos de la iglesia y del ingreso; la cual sería real en el caso de que las posibilidades de subordinación fuesen nada más las que ofrece el plano horizontal; pero si elevamos la iglesia a nivel de la planta noble, cosa que exalta aún más el predominio de aquélla, se conserva para el ingreso el sitio que la naturaleza de éste exige en posición y planta.

Se destina el cuerpo que contiene la fachada principal del edificio a la vida representativa del mismo, evitando que puedan producirse en él interferencias de función con la vida interior del Seminario

[Texto de la memoria original del proyecto]

Así pues, la realidad hizo que se construyera una arquitectura parcial del proyecto originario. El tamaño extraordinario de la obra obligó a su puesta en utilización de manera progresiva, incluso en condiciones provisionales.

Finalmente se construyó un gigantesco y austero edificio, extraordinariamente racional y ecléctico, apoyado en una tipología neohistoricista y de acuerdo a un proyecto más amplio en su concepción monumental y de proyección pública. El grado de no-terminación es bien visible en el espacio interior del templo, pero se extiende a todo el conjunto en mayor o menor medida. Este estado actual en 2004 es nuestro punto de partida para reconstruir funcionalmente una arquitectura sobre la historia de su preexistencia y crear un nuevo edificio en su metamorfosis.

Para tal nuevo proyecto deconstruimos el proyecto originario de la arquitectura realizada de acuerdo con su sentido vocacional, en la búsqueda ?más allá de un mero aprovechamiento de lo existente- de las valencias comprendidas en aquél, en un sentido a lo Viollet-le-Duc, para configurar una nueva arquitectura a partir de su génesis. No hablamos de mutación, sino de la metamorfosis de una arquitectura viva.