Las determinaciones del proyecto en cuanto a su definición formal devienen de los criterios estéticos descritos en la memoria histórica y siguiendo las consideraciones que prescribe la legislación y normativa urbanística (PGOU, Normas específicas, Catálogo) así como las de la Ley del Patrimonio Histórico. A tal fin el proyecto plantea el máximo respeto por los elementos arquitectónicos de valor preexistencial y el valor de conjunto.
Mantenimiento integral de la formas de las fachadas a conservar cuyas patologías principales residen en graves problemas de disgregación de revestimientos en la planta baja y áreas de disgregación aisladas en numerosos sectores, todo ello consecuencia de la presencia de humedad (capilaridad, filtraciones). La actuación prevista consiste en el saneamiento general, aplicación de estuco idéntico al original y repitiendo exactamente el trazado irregular de los cortes. En el zócalo de planta baja se ampliará el revestimiento de piedra hasta la cornisa para crear una cámara y ennoblecerlo, utilizando la misma piedra o similar a la ya existente. Toda la labor de ladrillo en jambas y aleros se limpiará y se consolidará.
En cuanto a la fachada principal y los elementos de piedra, se restaurarán con limpieza, consolidación y aplicación de hidrofugantes. La extraordinaria fachada mayor ganará con la apertura de los huecos originales, resolviéndose todas las carpinterías con grandes planos de vidrio que destaquen exclusivamente la arquitectura.
Las estructuras que solucionan las cubiertas actuales son diversas, de escasa sección e insuficientes. La capacidad de carga del edificio en sus lienzos de apoyo está agotada. La cubierta originaria está resuelta con sendos cartabones de madera de sección límite a pandeo. Hace algunos años fue necesario reconstruir la cubierta del ala occidental sustituyendo el sistema original por tijeras de acero.
Considerando estas características se ha optado por seguir el sistema de sustitución empleado en dicha ocasión, resolviendo con estructura metálica el conjunto del edificio y ampliando el proceso de aligeramiento con el elemento de cubierta, optándose por láminas de cobre de agradable envejecimiento y extraordinaria estética que ennoblece el edificio y pone de relevancia las trazas de los aleros, resolviendo además el problema de configurar una sección que permita recoger las aguas pluviales. Mantener la cubierta con teja cerámica hubiese significado rozar los límites de cargas, abrir la posibilidad de movimientos (palomas, etc.) y sacrificar los canales de agua. Hoy la lluvia cae directamente a los patios interiores y a las aceras perimetrales, generando las patologías más grandes del edificio.
El proyecto ha optado por manifestar cuáles son las nuevas piezas de la arquitectura del conjunto sin simulaciones, manteniendo el ritmo de los módulos compositivos del edificio y construyendo los volúmenes de acuerdo a una integración armónica con la preexistencia, buscando un diálogo de gran nivel discursivo.
Se ha pretendido intervenir desde la rotundidad de las formas mediante un diseño de elementos simples de manera que sea la gran escala del edificio la que ponga en valor el resultado de unas formas surgidas desde el orden interno y una geometría proporcionada.
Las nuevas piezas se plantean como volúmenes simples articulados con los preexistentes. Ponen en valor el juego de volúmenes y sombras de unas y otras arquitecturas. Un proyecto discreto en cuanto a los adjetivos ya que voluntariamente es funcionalista, racionalista o como queramos llamarlo. Un proyecto que huye del virtuosismo tecnológico para poner marcos que destaquen la monumental preexistencia con nuevos elementos de noble carácter.
Así pues todas las piezas plantean un lenguaje común, de simplicidad, como volúmenes puros, que configuran "cajas" cúbicas insertadas en los vacíos determinados por las necesidades compositivas o funcionales. Las piezas son de piedra, los huecos rectos y amplios. El contraste define la apertura de las luces con paños de vidrio y parasoles. Las cubiertas no se diferencian de los planos verticales, incorporando los paneles solares en la gran pieza central.
El mejor resultado está determinado en la nueva fachada sur, simétrica porque tiene la pureza de un sencillo sistema para dialogar con los grandes pabellones preexistentes. Flanqueada por los nuevos bloques que forman la plaza pública, acentuadas las arquerías con los estanques, el núcleo central presenta una gran pieza abierta, correspondiente al homólogo alzado principal, dialogando con la geometría que enmarca al rosetón neogótico mediante un prisma que se inscribe en el eje central, explicando cómo la nave mayor del conjunto es el corazón del edificio.
Los espacios interiores conservan todos los elementos de interés del proyecto original que se construyeron en la realidad, es decir: El vestíbulo noble, el arranque de una escalera y el techo interior del Salón de Actos. Se mantienen o reconstruyen las bóvedas vaídas de escayola de las crujías laterales a éste, únicas existentes. Este conjunto se revaloriza con pavimentos de piedra, que se aplican a toda la parte noble y pública del edificio. En estas zonas se aplicarán conceptos positivos del primitivo edificio como el aplacado de cerámica. Toda la carpintería de integración, especialmente la de las fachadas, será de aluminio, de extraordinario envejecimiento y mínimo impacto. Se procurará que sea el vidrio el que determine los cerramientos de los huecos para enfatizar toda la arquitectura preexistente que queremos revalorizar.
Los nuevos grandes espacios, los que rememoran la parte del edificio más importante, las Salas de Recepciones, Consejo y Conferencias, y el gran Vestíbulo de Público de Oficinas, se resuelven con zócalos de madera o cerámica y grandes coronas de planta circular o rectangular de celosías de diseño vertical que permiten tamizar la luz natural de los enormes tragaluces elevados en los espacios. De esta manera se persigue el sentido personificado y de enorme delicadeza de los recintos velados y paralelamente conseguimos grandes piezas rotundas y simplicísimas. Todas las celosías son de madera y contribuyen a formar un clima acústico y ambientalmente equilibrado.
En los tramos de los pasillos colaterales a las principales Salas públicas y los otros recorridos principales ortogonales, frente a los enormes ventanales que se abren a los patios interiores, los zócalos serán cerámicos o de vidrio luminoso, materiales y elementos inscritos en la tradición de los arquitectos que construyeron el Seminario Metropolitano. Estas reminiscencias serán tratadas con el debido respeto, planteándolas con un sentido plenamente contemporáneo.
Las áreas de trabajo se definen con la mayor neutralidad y simplicidad, de manera que contribuyan a crear un contenedor lo mejor preparado posible para recibir un equipamiento de oficinas integral. Dadas las características del edificio actual, serán los lienzos verticales de fachada los encargados de servir al trazado de toda clase de instalaciones. Sus alzados interiores, por tanto, se conforman registrables y neutros. Los pavimentos, de piezas de gres porcelanico, y los techos acústicos serán los encargados de definir unas amplias salas aptas para el equipamiento.
Como el gran valor del proyecto en estos ámbitos consiste en disponer de una flexibilidad total en la distribución ulterior de los puestos de trabajo, las salas no persiguen definir una imagen final sino como fondo de dicho equipamiento, cuya forma, color y disposición serán realmente la clave de las oficinas: su funcionalidad, su imagen.