Museos y Exposiciones

Pedro Cerbuna

(Fonz, Huesca, 1538-Calatayud, Zaragoza, 1597)

Pedro Cerbuna es bien conocido por su larga y extensa actividad eclesiástica: entre otros cargos ostentó los de Vicario General de Lérida, de Huesca y de Zaragoza, fue canónigo de La Seo, diputado a Cortes del Reino en el brazo eclesiástico, y culminó su carrera como obispo de Tarazona, donde fue consagrado en 1585. Sin embargo, su figura destaca sobre todo por ser el gran defensor y el creador de la Universidad de Zaragoza.
Su fundación hay que llevarla al reinado de Carlos I, quien en 1542 concedió a la ciudad de Zaragoza el privilegio de crear una Universidad y dotarla de enseñanzas de Teología, Derecho Canónico, Derecho Civil, Medicina, Filosofía y Artes. Con estos campos de estudio, la nueva institución elevaría el nivel educativo proporcionado por el Estudio General y otorgaría mayor prestigio a la ciudad. Pero esta concesión verbal del monarca no se vio acompañada de recursos monetarios para hacerla realidad, y tampoco se contó con el apoyo económico del Ayuntamiento, de la Diputación del Reino, ni de la Iglesia, que se enfrentó duramente a tal empresa ante la posibilidad de perder el control que sobre la enseñanza había estado proyectando a través del Estudio General. Estas dificultades para la creación de la universidad cesaraugustana se vieron agudizadas por la manifiesta oposición de la Universidad de Huesca, que veía amenazada su existencia y su protagonismo.

En el empeño de llevar a cabo la iniciativa, Cerbuna aportó sus rentas personales (abundantes gracias a sus cargos eclesiásticos) y dio los primeros pasos en lo que fue la organización y funcionamiento de la Universidad de Zaragoza. Su completa formación -estudió en las universidades de Huesca, Salamanca y Lérida, fue Maestro en Artes (1557), Doctor en Teología (1560) y catedrático- contribuyó positivamente a la articulación de los nuevos estudios.

La Universidad fue inaugurada en 1583, con un primer rector -Juan Marco- y unos estatutos que otorgaban a este cargo un papel principal. Ya en los primeros años se nombraron catedráticos y se acondicionaron edificios, aunque su primera andadura tampoco estuvo exenta de dificultades. Especialmente duras fueron las rivalidades que resurgieron con la Universidad de Huesca, favorecidas por Felipe II, y los problemas emanados de la rebelión de 1591. De todos estos contratiempos la Universidad de Zaragoza, con el esfuerzo de Pedro Cerbuna y el apoyo firme de Felipe III en 1599, salió fortalecida y ha llegado a nuestros días.