De tapas

Marcos Cebrián

Las tapas son esa cocina en miniatura que llevan a relacionarse directamente, pues se toman de pie en la barra de un bar o restaurante. Muy de moda en nuestra ciudad y con un alto nivel culinario. En esta ruta podremos recorrer zonas de centro histórico y aprovechar para visitar museos, monumentos y espacios de interés turístico.

Entre el “jamón con chorreras”, tapa tradicional con pedigrí zaragozano, y “La mar de pincho”, elegida mejor tapa de España en el concurso nacional de Valladolid, 2018, hay todo un abanico de posibilidades para comerse Zaragoza, a pequeños bocados. Para muestra un botón: más de 110 establecimientos se baten el cobre, cada mes de noviembre, en el concurso local dedicado a la tapa que, por cierto, es el más antiguo de España. Tal es la afición por la cocina en miniatura que varias zonas del centro dedican los jueves a rendirle culto, con iniciativas como el “Juepincho”, en la zona Magdalena-Heroísmo, o “Los jueves toreros”, en torno al Coso de la Misericordia.

Varios factores han confluido para hacer de Zaragoza una de las capitales españolas de la tapa, las raciones y las cazuelitas, destacando, en primer lugar, la afición de los zaragozanos por compartir, comer de pie, socializar, picotear informalmente, cambiar de bar y parrandear. En segundo lugar, tenemos una rica despensa local —verduras y hortalizas, carnes, jamón, aceite de oliva virgen extra, quesos, salazones, encurtidos, vinos y cerveza— y a unos cocineros que la conocen, la aman y la ponen en valor

La itinerancia que exige una jornada de tapeo es, además, el pretexto ideal para descubrir los rincones más encantadores de Zaragoza y sus barrios, ya que, a diferencia de otras ciudades, en la capital aragonesa los bares de tapas se distribuyen por sus cuatro puntos cardinales.

Entre la plaza del Pilar y la de España, sin ir más lejos, se ubica “El Tubo”, entramado laberíntico de calles cuajado de bares de tapas, pero también de palacetes renacentistas, museos —como el de Goya— e iglesias mudéjares, como la de San Gil. Con numerosos establecimientos especializados o monotemáticos (de la anchoa en salmuera, de los escabeches, del champiñón, de las migas…), “El Tubo” permite realizar una larga ruta, sin repetir de bar ni de tapa.

Sin dejar el mudéjar y con otra magnífica torre como faro, la de la iglesia de la Magdalena, descubrimos la calle Mayor, otro paraíso para los amantes de la mini cocina, y el barrio de la Magdalena, castiza zona revitalizada en los últimos años por artistas y artesanos locales que han puesto en marcha pequeños negocios, también gastronómicos

La calle Heroísmo conecta la Magdalena con la calle e iglesia de San Miguel, otro ejemplo mudéjar, pasando por decenas de tascas, tabernas, casas de comidas, restaurantes y bares, que ofrecen desde el tapeo más sencillo al más selecto, con una amplia variedad de propuestas y precios. Y ya que hemos tomado a nuestro estilo arquitectónico más mestizo como guía, terminemos el recorrido por la parte más antigua de la ciudad en San Pablo, iglesia situada en el multirracial barrio de “El Gancho”, otra zona que está siendo rejuvenecida por emprendedores hosteleros que, por ejemplo, recuperan costumbres tan mañas como la de los vinagrillos.

Otra tradición cómplice del tapeo, que vuelve con fuerza en España, pero que en Zaragoza nunca se perdió, es la de salir a tomar el vermú. Encurtidos, salmueras y los tradicionales fritos como las croquetas, las gambas Orly o las empanadillas acompañan como nada a este “vino tuneado”. Podemos comprobarlo por las bocacalles del dinámico paseo de la Independencia, mientras visitamos Santa Engracia y nos acercamos hasta el edifico Paraninfo. O, algo más al sur, recorriendo el bulevar de Gran Vía hasta llegar a otra parte muy animada de la ciudad, la plaza San Francisco y su campus universitario, donde no faltan las cervecerías, bares y restaurantes de recomendada visita.

Aunque la mayor concentración de establecimientos hosteleros rendidos a la tapa se encuentra en las zonas descritas, que coinciden con el centro histórico y el administrativo-comercial de la ciudad, la oferta tapera zaragozana se encuentra felizmente descentralizada. Así, encontramos diseminados afamados templos de la tapa, al norte, en la margen izquierda del Ebro; al sur, en Torrero, Casablanca y en el nuevo barrio de Valdespartera; al este, San José —que también alberga una estrella Michelín— y Las Fuentes; y al oeste, en los barrios de Delicias y La Almozara.

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