Cultura

Crítica de arte: Cristina Silvan 'Messier 33'

14/01/2013. Por: Chus Tudelilla (El Periódico de Aragón)

El 25 de agosto de 1764, el astrónomo francés Charles Messier catalogó la Galaxia del Triángulo, también conocida como Galaxia Espiral M33, Objeto Messier 33, Messier 33 o M33; un auténtico hervidero de estrellas nacientes que puede observarse en condiciones excepcionales a "ojo desnudo", es decir, sin mediar instrumento óptico; sin embargo, y pese a ser el objeto más distante visible a simple vista, se recomienda utilizar binoculares para captar su enorme y dilatado tamaño.

Cristina Silván (Pamplona, 1975) titula Messier 33 la secuencia de obras que presenta en la sala Juana Francés; aunque pertenecientes a diferentes series, todas fueron realizadas en el año 2010 y responden a los problemas plásticos que ya se planteó en la exposición Linii (galería Antonia Puyó, 2009): investigación de estados insólitos de la percepción visual a través del análisis de la geometría y del color, y de la interacción del binomio línea/color; y estudio de los sistemas digitales en los procesos de concepción de imágenes.

Es el color, el medio artístico más relativo, el elemento que determina la gramática de la pintura de la pamplonesa Cristina Silván en respuesta a la pregunta que según Philip Ball, autor del ensayo La invención del color, ha de enfrentar todo pintor: ¿para qué sirve el color? En opinión de la artista Bridget Riley: "el pintor tiene que lidiar con dos sistemas de color bien distintos --uno es el que la naturaleza aporta; otro, el que el arte necesita--, el color de percepción y el color pictórico. Ambos estarán presentes y la obra del pintor dependerá del énfasis que éste ponga primero sobre el uno y después sobre el otro". No anda muy lejos en este caso la autora de la respuesta de Riley; no en vano a ambas les une su preocupación por las relaciones con el color.

A ojo desnudo el espectador se sitúa delante de las Construcciones de Cristina Silván, o de sus Cuadrados-nueve y Triángulos-doce, para ser testigos del valor relativo del color, de su engaño persistente, de las ilusiones cromáticas que emanan de la combinación de dos o más colores en un proceso marcado por relaciones de intersección, yuxtaposición, adición o substracción. Y como consecuencia, ocurre, anotó Albers, que "Podemos oír un tono aislado, pero casi nunca (esto es, sin aparatos especiales) vemos un color aislado, desconectado y desligado de otros. Los colores se nos presentan dentro de un flujo continuo, constantemente relacionados con los contiguos y en condiciones cambiantes".

Como en la obra de Palazuelo, en la de Cristina Silván el color es una forma y las formas cambian según el color; la geometría de las estructuras y el trazado de líneas que interrogan límites y contornos, exploran dinamismos formales y acusan la ilusión espacial provocada por la naturaleza relativa del color.

Chus Tudelilla (El Periódico de Aragón)


La exposición de Cristina Silván puede visitarse en la sala Juana Francés de la Casa de la Mujer hasta el próximo 8 de febrero.