El edificio fué el pabellón que representó a Aragón en la Exposición Universal de Sevilla celebrada en 1992. Consistió en un edificio de 2.500 m.2 con una gran bóveda levantada 26 metros sobre el suelo y encerrada entre dos muros de alabastro.
El pabellón contaba con tres alturas para uso de exposiciones, actividades y servicios y con una terraza que salía desde la zona frontal y se levantaba por encima del tendido del monorraíl que recorría la Cartuja.