Tras la Guerra de la Independencia, Zaragoza se enfrenta al reto de su reconstrucción, proceso que se desarrolla entre el siglo XIX y XX. Si bien la recuperación material es lenta, el crecimiento demográfico se acelera gracias a una elevada natalidad, y, sobre todo, a una fuente corriente migratoria desde el ámbito rural a la capital. La ciudad vive momentos de cambio: se instalan nuevas industrias, llega el ferrocarril, surgen nuevas clases sociales y la idea de progreso lo impregna todo. Estos factores se unen para trazar un nuevo plano urbano que será la base de la Zaragoza actual.