La Zaragoza barroca es una ciudad contradictoria, fiel reflejo de la España de los últimos Austrias. En lo político, Zaragoza sufre las consecuencias del creciente absolutismo real, puesto ya de manifiesto en los acontecimientos de 1591 que acabaron con la decapitación del Justicia Mayor, Juan V de Lanuza, decretada por Felipe II. Aunque todos los reyes de la Casa de Austria siguen jurando los Fueros de Aragón en el tradicional marco de la Seo de San Salvador, la dependencia aragonesa del poder central cada vez será mayor hasta el Decreto de Nueva Planta (1711).