Los aficionados a la literatura conocen muy bien los beneficiosos efectos que tiene para el ánimo el placer de sumergirse en una historia. Durante unas horas, el placer de la lectura nos hace olvidarnos de nuestros problemas y preocupaciones del día a día.
Luis Picó y María Teresa Pérez conocen muy bien las bondades de la palabra impresa. Este matrimonio zaragozano de jubilados ha compartido siempre una pasión común hacia los libros, que drante muchos años no pudieron disfrutar tanto como habrían querido debido a sus ocupaciones laborales que se desarrollaron en el sector industrial y mercantil. Tras la jubilación, Luis y María Teresa decidieron que ya era hora de dedicar su tiempo a hacer todas aquellas cosas que habían tenido que dejar aparcadas durante décadas, y comenzaron a trabajar como voluntarios en lo centros de mayores con un singular proyecto: una tertulia literaria, en la que compartirían con otras personas su mejor afición y su remedio contra la tristeza y la melancolía.
Tras ocho años dirigiendo esta actividad, con una gran aceptación entre los usuarios de los centros municipales, la Concejalía del Mayor les propuso un nuevo reto: organizar una segunda tertulia para unos participantes con un problema más específico: los usuarios de la Asociación Parkinson Aragón.
El pasado mes de mayo se ponía en marcha este segundo rincón literario, y aunque todavía es pronto para anunciar grandes logros, los pequeños resultados empiezan a ser visibles. Según explica Luis Picó, al finalizar las sesiones de tertulia muchos usuarios les hacen partícipes de sus primeras mejoras: "Aunque en tan poco tiempo no se puede decir que esto sea la panacea para tratar el Parkinson, algunos nos dicen que al acabar la sesión se van más ligeros y alegres, o que notan que vocalizar les cuesta un poco menos", indica el organizador de la actividad.
Debido a sus objetivos y al público al que se dirige, esta singular iniciativa guarda algunas diferencias con otras tertulias literarias al uso. Una de las más significativas es que los participantes no leen la obra seleccionada de forma individual en sus casas antes de acudir, sino que cada sesión comienza con un rato de lectura en voz alta. "El libro se lee en rotación, cada tertuliano lee una página o dos y pasa al siguiente, y así estamos en torno a hora y cuarto con los enfermos de Parkinson, o hasta hora y media en el centro de mayores. Una vez terminada la lectura del día, lo que en ocasiones son dos o tres rotaciones, hacemos la puesta en común de la lectura, el debate sobre lo que hemos leído, la opinión sobre lo que dice el autor, sobre la argumentación, si captan o no el mensaje..." explica Luis.
Por si surgen dudas con alguna palabra o expresión a lo largo de la lectura, los tertulianos tienen siempre a mano una herramienta indispensable: El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
Tanto Luis como María Teresa, además de moderar, leen su parte correspondiente del texto durante las rotaciones, con el objetivo de crear la menor diferencia posible entre ellos y los demás participantes en la actividad, ya que "al hacer de moderadores no pretendemos corregir ni hacer que sea una tertulia académica. Es algo muy familiar, de absoluta confianza y de igual a igual. Nadie tiene que demostrar que sabe más que otro, entre los mayores todos tenemos que aprender de todos, y todo el mundo tiene algo que enseñar", explican.