
Autoridades,Miembros de la Corporación,Señoras y señores:
Me permitirán que inicie mi discurso de toma de posesión exteriorizando la emoción que siento tras haber sido elegido alcalde de Zaragoza por tercera vez.
En esa emoción se mezclan sentimientos y sensaciones muy variadas y fundamentalmente de gratitud, de satisfacción y de responsabilidad.
Gratitud, en primer lugar, a los concejales y a los grupos políticos que han hecho posible con sus votos mi nombramiento. Espero corresponder con acierto a vuestra generosidad política y personal. Gratitud asimismo a mi familia, que, en verdad, ha pasado por una experiencia dura y que con su aliento y apoyo me ha permitido llegar a este momento.
Es verdad, además, que, a pesar de sus dificultades y, a veces, amarguras, no hay trabajo ni posición más honrosa y apasionante que la de ser alcalde de esta inmortal ciudad de Zaragoza. Es una convicción bien informada por la experiencia. Pero, sobre todas las cosas, siento hoy una enorme responsabilidad. Una responsabilidad concreta y directa ante todos los ciudadanos -los que me han votado y los que no-, que esperan de su alcalde más hechos que palabras; más soluciones que conflictos; más esperanzas que malos augurios.
Mi obligación es hoy responder ante la ciudad sobre las consecuencias políticas de las pasadas elecciones y sobre cuáles deben ser, en mi opinión las propuestas esenciales para afrontar los cuatro años que tenemos por delante.
Nuestro objetivo principal, desde luego, debe ser intentar mejorar la situación de las decenas de miles de zaragozanos que están en el paro o sufren situaciones de pobreza, de marginación o de angustia por ver amenazada la supervivencia de sus pequeñas empresas.
Los resultados de las elecciones del 22 de mayo nos han dejado varias conclusiones incontestables.
En primer lugar, un aumento de la participación en más de 5 puntos respecto a 2007, lo que resulta particularmente reseñable en este momento de crisis y da más fuerza al compromiso de los ciudadanos con el significado del resultado.
El mapa político de esta Corporación ha cambiado de manera importante.
El Partido Popular ha sido la fuerza política más votada. Les hemos felicitado por ello. Y lo hemos hecho asumiendo el fuerte retroceso que hemos experimentado los socialistas, del que inevitablemente tenemos que extraer las consecuencias oportunas.
Chunta Aragonesista sigue siendo la tercera fuerza política en el Ayuntamiento, mientras que Izquierda Unida ha conseguido mejorar sensiblemente sus resultados anteriores y multiplicar su representación.
Prescindiendo de factores exógenos, quiero dejar claro que asumo en primera persona la responsabilidad por los malos resultados alcanzados por mi formación política.
En un primer análisis -en el que tendremos que profundizar más- los ciudadanos nos han dicho en las urnas que no hemos sabido adaptar nuestras prioridades a la crisis que nos está golpeando prácticamente desde el mismo día en que la Expo cerró sus puertas.
Que no hemos sabido hacer una pedagogía moral en la que quedase claro que tomábamos todas las decisiones necesarias para que los efectos de la crisis recayeran más en aquellos que la habían provocado por su conducta irresponsable, que en los que la están sufriendo.
No hemos sabido comprender, al fin, que la ciudad, tras diez años de intensísima actividad que la han transformado radicalmente, necesitaba repensar su modelo de desarrollo.
Un modelo en el que los grandes eventos debían dejar paso a la prioridad de asentar lo ya realizado y de concentrar los esfuerzos municipales en políticas e iniciativas caracterizadas ante todo por su rentabilidad social.
Deberíamos haberlo aprendido de otras ciudades que, en circunstancias parecidas, ya vivieron antes que nosotros una reacción similar.
Pero el 22-M no era sólo un juicio sobre las conductas pasadas, sino también y fundamentalmente un pronunciamiento sobre las propuestas futuras, que a esta Corporación le corresponde articular.
La desaparición del Partido Aragonés, si bien reduce la riqueza política de la Corporación, simplifica el mapa de las opciones de gobierno, reduciéndolas en la práctica a sólo dos: un gobierno en minoría, del Partido Popular, incapaz de alcanzar pactos con ninguna otra fuerza política, o un gobierno con el apoyo de los tres partidos progresistas, potencialmente capaz de obtener la mayoría absoluta.
Ambas opciones, eran, son y serán, igual de legítimas democráticamente.
Hay muchas cosas por hacer y por cambiar en el Ayuntamiento, pero lo seguro es que ninguna de ellas se puede hacer sin contar con la mayoría absoluta en esta Corporación.
No vale engañarse. Zaragoza necesita decisiones importantes para no dilatar más su salida de la crisis y su adaptación a un nuevo entorno social y económico que no es coyuntural, sino que ha llegado para quedarse.
El Partido Popular, al que correspondía democráticamente el derecho a intentarlo en primer lugar, no ha conseguido plantear una fórmula que le garantizara para sus decisiones de gobierno el contar con un voto más de los 15 de que dispone en este Pleno. Ni es verosímil que lo logre más adelante a la vista de la enorme distancia ideológica y de táctica política que le separa del resto de los grupos.
Por ello, el Partido Socialista, como segunda opción, inició conversaciones con los otros dos grupos progresistas para analizar la viabilidad de un bloque de izquierdas capaz de garantizar un gobierno estable y solvente para toda la ciudadanía.
A día de hoy, hemos dado un primer paso, como ha quedado demostrado en la votación para la investidura del acalde. Y los seguiremos dando en el futuro próximo: para garantizar la gobernabilidad de Zaragoza, para instalar un clima de plena confianza entre los tres partidos, para elaborar un programa común y para, finalmente, alcanzar unos acuerdos estables y sólidos que puedan dar lugar a un gobierno a tres bandas.
No digo que sea fácil lograrlo: sólo digo que en la izquierda ese camino es posible, mientras que desde la derecha, no. Nuestro deber -y no sólo de los socialistas- es intentarlo, pues eso es lo que necesita Zaragoza.
Y, sinceramente, no soy pesimista. Un examen de nuestros respectivos programas nos permite identificar varios ejes estratégicos en los que podemos encontrarnos para formar un programa de gobierno social y participativo, basado en otra forma de hacer política en el que la participación ciudadana sea su eje central: en suma, una forma de gobierno desde la izquierda.
El primer eje de ese Gobierno debe ser el empleo y la protección social como máxima prioridad de las políticas municipales. A falta de la formulación concreta por el nuevo Gobierno de las medidas que darán soporte a esa política, puedo avanzar que en ella estarán presentes:
El segundo gran núcleo de la política de un gobierno progresista, debe ser una política urbanística y de vivienda de consolidación de la ciudad.
Las ciudades, como las empresas, tienen momentos de expansión para aprovechar las oportunidades de crecimiento y garantizar así su competitividad, y momentos para la consolidación y la integración de los nuevos desarrollos. No son estrategias contradictorias, sino adaptación inteligente a lo que el entorno exige.
Después de unos años de intenso crecimiento e inversión en infraestructuras y equipamientos, Zaragoza necesita digerir todo lo realizado, homogeneizar la calidad de los espacios y los servicios públicos en toda la ciudad, cuidar el detalle de las plazas, parques y aceras donde tiene lugar la vida cotidiana de los ciudadanos.
Esa nueva mirada de la política municipal sobre la ciudad se traducirá, entre otras medidas, en:
En tercer lugar, y estrechamente unida a esta política urbanística, está la estrategia de movilidad. Nuestra acción en esta materia estará basada en el impulso al transporte público, reducción de las emisiones contaminantes, promoción del uso de la bicicleta como medio de desplazamiento y los recorridos peatonales, y reducción de los desplazamientos en vehículo privado por el interior de la ciudad. Ello incluirá:
Otro objetivo esencial de la política del nuevo Gobierno será el impulso a las medidas de incremento de la sostenibilidad medioambiental de nuestra ciudad, con acciones directas para mejorar la eficiencia energética de los edificios municipales, para incrementar la producción de energías renovables en el término municipal, para reducir las emisiones de CO2 y para fomentar las conductas medioambientalmente responsables.
La política cultural es la última gran apuesta. El Centro Histórico será el escenario principal de esa política en busca de su revitalización a través de nuevos usos universitarios. Elemento esencial será también la estrategia participativa para este decenio, elaborada por los creadores y agentes culturales de la ciudad con motivo de la candidatura de Zaragoza a la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016. Se consiga o no la elección, el camino de la política cultural ya está trazado por quienes han de ser sus verdaderos protagonistas.
Desde hoy mismo, mi Gobierno comenzará a desarrollar esas líneas maestras de actuación, actuando en todo momento con el objetivo de buscar acuerdos con los grupos municipales de CHA e IU. Deseando su inclusión en un futuro gobierno. Pues, es verdad que hay que respetar los tiempos políticos de ese proceso, pero también lo es, al propio tiempo, que Zaragoza no puede esperar.
Creo que lo dicho hasta aquí justifica mi convencimiento de que el nuevo gobierno contará con unos sólidos cimientos políticos y programáticos -compartidos y respaldados por los tres grupos que hoy han hecho posible mi investidura- para trabajar en un modelo de ciudad con el que la gran mayoría de los zaragozanos pueden sentirse identificados: una ciudad europea, sostenible, participativa, homogénea, dinámica, multicultural y solidaria.
No soy de los que exagera la transcendencia de lo que está ocurriendo en las plazas de España desde el 15-M; pero menos aún soy de los que menosprecian el fenómeno. Hay que observarlo, analizarlo y tomárselo en serio, lo que -desde el punto de vista municipal- significa abrir y mejorar nuestros cauces de participación y representación democrática, tal y como demandan partidos políticos de izquierda y otros sectores progresistas, y aplicar medidas ejemplarizantes de austeridad y de transparencia.
Es cierto que el Ayuntamiento de Zaragoza tiene un modelo de participación más abierto y eficaz que otras muchas administraciones. Pero lo cierto es que amplios sectores ciudadanos esperan algo más. No podemos permanecer impasibles cuando miles de jóvenes nos están gritando que se sienten excluidos de nuestro sistema representativo y de nuestro modelo económico.
Debemos tomar lo que está pasando como un revulsivo para una profunda reforma de los mecanismos de participación ciudadana en Zaragoza, y éste será uno de los principales compromisos políticos que adoptaremos desde el primer día de nuestro mandato.
También aprobaremos un paquete de medidas que incrementen el ahorro municipal en todo aquello que no afecte al empleo y la protección social y que transmitan la adecuada imagen de ejemplaridad a la que los poderes públicos estamos obligados. Unas medidas que, forzosamente, tendrán que apoyarse en conseguir un funcionamiento más ágil de la administración aprovechando las oportunidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, así como en un incremento de la transparencia de la administración ante los ciudadanos.
Estos que he expuesto serán los pilares del nuevo Gobierno de Zaragoza.
No tengo la menor duda de que mi grupo va a realizar el esfuerzo necesario para adaptar nuestro programa a las exigencias de la nueva situación y que se va a entregar con denuedo a la tarea de explicar desde hoy mismo a los ciudadanos lo que pretendemos hacer.
Con Chunta Aragonesista hemos tenido una larga relación, que ha pasado desde un difícil y fructífero trabajo en la coalición que formamos entre 2003 y 2007, hasta la frialdad y el distanciamiento que a menudo hemos vivido en la pasada legislatura. Doy un enorme valor al esfuerzo que Chunta ha hecho a la hora de tomar una decisión basada en el análisis objetivo de las políticas posibles y convenientes en este nuevo tiempo antes que en los reproches por los desencuentros del pasado.
Izquierda Unida, por su parte, ha vuelto a poner de manifiesto su dureza y solvencia a la hora de negociar sus compromisos políticos en base a su programa y su estrecha relación con los movimientos sociales, lo que ahora nos permitirá hacer crecer una relación que en la pasada legislatura fue ciertamente importante.
Confío plenamente en que todos sabremos hacer lo que Zaragoza necesita, con seriedad, responsabilidad y coraje político. Y no quiero dejar de señalar que, como alcalde, no dejaré de buscar también el diálogo y la cooperación con el Partido Popular, al igual que con las otras fuerzas políticas de la Corporación, en aquellos temas que sean del interés general de la ciudad.
Esta casa tiene una asentada tradición de grandes pactos en los temas principales de la ciudad. Y todos venimos obligados a preservarla.
Uno de esos pactos deseables es el de la Ley de Capitalidad que Zaragoza necesita desde hace tiempo. Impulsaré -espero que con el acuerdo de todos los grupos municipales- una negociación con el Gobierno de Aragón para solventar esta histórica reivindicación.
Estoy seguro de que el Gobierno autónomo se mostrará sensible a esta petición, dentro de unas relaciones que, sin abandonar una actitud exigente de defensa de los intereses de la ciudad, serán del máximo respecto institucional y espíritu de colaboración.
Compañeras y compañeros de Corporación: las urgencias del presente no nos deben impedir mantener una mirada a más largo plazo y seguir avanzando hacia los grandes objetivos estratégicos de Zaragoza para convertirse en una gran ciudad, sostenible, innovadora, socialmente cohesionada y bien posicionada en el mundo. Concluiré mi intervención volviendo muy brevemente al terreno personal. Es evidente que me habría gustado obtener un mejor resultado en las elecciones, sobretodo para que nadie caiga en la tentación de creer que los zaragozanos minusvaloran lo que hemos conseguido avanzar en la última década. Algo que hemos conseguido, en una u otra medida, todos juntos. Y que el paso del tiempo no hará sino destacar cada día con más fuerza.
Hoy, después de la reflexión, la autocrítica y el diálogo con las otras fuerzas políticas, no tengo ya ese temor. Creo que tenemos los mimbres políticos suficientes para hacer que Zaragoza siga progresando. De hecho, Zaragoza puede y debe convertirse en una referencia a nivel nacional entre las grandes ciudades españolas como modelo de una gestión progresista. Es a lo que prometo dedicar todo mi esfuerzo. Aportando mi experiencia y mis ganas.
Zaragoza se merece que todos estemos a la altura de las circunstancias y de nuestras responsabilidades.
No estamos aquí para juegos partidistas, ni para habilidades retóricas. Estamos aquí para trabajar por nuestros vecinos. Y también, amigas y amigos del PSOE, de la CHA y de IU: estamos aquí para demostrar que es posible dar una respuesta progresista a la crisis, a todas las crisis.
Muchas gracias.