Zaragoza, 14 de septiembre de 2008
Majestad:
Hace 93 días, Zaragoza abrió sus puertas al mundo con la inauguración de la Expo 2008.
En este anochecer del 14 de septiembre de 2008 es imposible evitar (pese a haberlo imaginado tantas veces) una mezcla tan intensa y agridulce de sentimientos.
Hemos disfrutado tanto durante estos tres meses, hemos hecho tantos amigos de todas las partes del mundo, que decir adiós se nos hace cuesta arriba, muy cuesta arriba.
Al mismo tiempo, somos dueños de la certeza de que nunca olvidaremos este mágico año 2008.
Que su recuerdo nos acompañará para siempre cada vez que paseemos por las orillas del Ebro que, por fin es la nueva y más hermosa calle mayor de Zaragoza.
Cada día, desde el mirador de la Exposición, hemos podido contemplar, con una nueva mirada la Zaragoza de siempre: la impactante fuerza mística del Pilar; la densa trama de la ciudad histórica enhebrada por las maravillosas torres de San Pablo, de San Gil, de la Magdalena, o de la Seo; la curva suave de un Ebro embellecido por nuevos puentes e ingenios. Pero ese hermoso paisaje, que recrea dos mil años de historia no oculta sino potencia un cambio social formidable.
Hemos visto cada día a miles de personas crear un nuevo estilo de disfrutar de la ciudad. Hemos visto nacer nuevas formas de vivir Zaragoza.
Gentes que navegan el río, que recorren sus orillas a pié o en bicicleta, que sobrevuelan los puentes y parques, las pasarelas, las avenidas, que pasean por su calles descubriendo a cada paso un nuevo motivo para querer a Zaragoza.
Gentes que admiran la energía de una nueva arquitectura, la creatividad de los nuevos escenarios urbanos; la promesa de tantos paisajes inexplorados.
Ciudadanos, en definitiva, que hemos convertido el ser zaragozano en un motivo legítimo de orgullo y en un poderoso estímulo para concebir nuevas ambiciones.
Zaragoza se ha reinventado a sí misma. Para seguir siendo la que siempre fue, pero también para ser, por fin, lo que siempre había soñado.
Ningún legado mejor se puede esperar de una Expo.
Porque el recinto de Ranillas es verdad que cerrará esta noche sus puertas. Pero, para Zaragoza, el gran proyecto de la Expo continúa. La Expo se cierra pero las puertas de la ciudad van a seguir abiertas.
Continuará la Expo en el trabajo que Zaragoza va a realizar para difundir el gran caudal de conocimientos y experiencias sobre gestión del agua que nos ha dejado.
Continuará en la tarea, que iniciaremos mañana mismo, para la reutilización de estas espléndidas instalaciones y edificios, que van a servir para mejorar la competitividad de la ciudad, su atractivo empresarial, turístico y cultural, y su calidad de vida.
Continuará con nuestra firme decisión de ser para siempre jamás una ciudad ambiciosa, segura de sus posibilidades, con vocación de convertirse en referente mundial en materia de agua.
No puedo ni quiero dejar de dedicar -en este momento- un sincero y cariñoso recuerdo a la memoria de Héctor Grande Alvarez, que perdió su vida en un desgraciado accidente laboral cuando trabajaba para Expo 2008.
Héctor debería haber estado hoy aquí. Sólo nos queda, en este acto solemne, transmitir nuestro afecto a su familia y la seguridad de que no lo olvidaremos nunca.
En el acto de apertura de esta maravillosa Expo, rendí tributo de gratitud a la Casa Real, a las Administraciones, partidos políticos, a las instituciones, a las organizaciones cívicas, sindicales y empresariales, y a las personas que -a título individual- han hecho posible este acontecimiento. Las reitero, pero me perdonarán que hoy desde el corazón sólo quiera hablar de los auténticos protagonistas: los vecinos y vecinas de Zaragoza, todos los aragoneses A todos los zaragozanos, os demandé a través de un Bando muchas cosas. Pues bien, que conste en acta que habéis cumplido con creces todas las peticiones que os hice y que, por ello, me siento muy orgulloso de ser vuestro Alcalde.
Con vuestro extraordinario comportamiento cívico, con vuestra hospitalidad, con vuestra atención a los visitantes, con vuestra participación en todos los actos, con el uso masivo que habéis hecho del transporte público, la ciudad ha sido la anfitriona perfecta.
Y dejo para el final, -con el permiso de su Majestad- la joya de la corona. Me refiero, naturalmente, a los voluntarios de Expo Zaragoza 2008.
Habéis sido, entre tantas cosas buenas, la mejor. Entrega. Dedicación. Entusiasmo. Amabilidad. Preparación. Sacrificio,... todo lo habéis dado tan sólo por amor a vuestra ciudad. Habéis sido esenciales para el éxito de la Expo, constituís una impagable lección de compromiso cívico. Tanto que debe tener ?y me comprometo a ello- continuidad en el futuro.
¡Voluntarios!. ¡Enhorabuena, sois lo mejor de Zaragoza!
Debo terminar. Esta es una noche como no habrá otra. Hoy decimos adiós a todas las personas que venidas de diferentes países de todo el mundo, y de todas las comunidades españolas, habéis compartido con nosotros tres meses mágicos. Imagino que tendréis ganas de volver a vuestras casas después de este intenso verano, pero quiero creer que, como nosotros, recordaréis siempre con emoción y cariño el tiempo en que hemos estado juntos.
Hemos establecido estos meses una red de complicidades, de amistad, de intereses compartidos, y de mutua admiración.
Nunca nuestra ciudad tuvo un aire tan cosmopolita, nunca se hablaron tantas lenguas, ni se mezclaron tantas culturas.
Así es como queremos ser. Así es como vamos a ser, porque cultivar esos lazos de afecto y de cooperación internacional va a ser una prioridad para Zaragoza en los próximos años.
Los Pabellones han cerrado sus puertas. Zaragoza no. Zaragoza no quiere ya nunca más ni puertas ni murallas. Zaragoza quiere ser una ciudad competitiva, solidaria, culta, cosmopolita, ambiciosa. Una ciudad sin corsés ni complejos: una ciudad abierta para siempre.
¡Que así sea!. Gracias.