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'No hay que estimular la ciudad de usar y tirar, ampliándola permanentemente'

12/04/2013. El catedrático de Planeamiento Urbanístico, Ramón López de Lucio, aseguró que hay que poner coto al crecimiento territorial y revitalizar la ciudad ya consolidada

Zaragoza, viernes, 12 de abril de 2013 .- "No hay que estimular la ciudad de usar y tirar, ampliando constantemente sus coronas", señaló el Doctor en Arquitectura y Catedrático de Planeamiento Urbanístico, Ramón López de Lucio, en el transcurso de las jornadas sobre Urbanismo y Crisis Financiera que se desarrollan desde ayer en el edificio Seminario de Zaragoza.

López de Lucio explicó que la ley urbanística de 1997 convirtió en urbanizables la totalidad de los suelos, "desnaturalizando los planeamientos municipales", lo que ha alimentado la transición de una ciudad ordenada, compacta, con buen paisaje urbano y equipada a un territorio expandido, desplegado en una especie de islas autónomas, especializadas, con muy bajas densidades, con escasa complejidad funcional, que el doctor en Arquitectura definió como "burbujas del diseño y del planeamiento".

Esta nueva ciudad desgajada del centro urbano tiene además una exagerada dependencia de las vías colectoras del transporte como consecuencia de lo que definió "banalización de la distancia", pero que tiene efectos inmediatos en la organización de la vida de las familias que pueblan estas zonas.

López de Lucio explicó que la ideología liberal presenta estas "islas" como un producto que permite la libertad de elección, pero, explicó que lo que en realidad esconden es una falta de políticas públicas de vivienda que empujan a las clases medias a "adoptar esta ideología clorofila" de zonas residenciales en medio de la naturaleza con efectos directos sobre la dependencia de los combustibles fósiles, con una hipertrofia de las vías de comunicación y con unos espacios públicos verdes que pierden su función ante la presencia de zonas comunes en las urbanizaciones.

A su juicio las leyes liberalizadoras del suelo y la dependencia de los ayuntamientos de la financiación que les llegaba por la vía del urbanismo ha ido favoreciendo estos comportamientos que "hay que desacralizar". Así aboga por tratar de modificar poco a poco estos entornos, acercándolos a la estructura de ciudad tradicional, creando focos de centralidad y "recomponiendo esos mosaicos de dispersión". Asimismo, defendió la necesidad de revitalizar el tejido consolidado de las ciudades del siglo XIX y de la primera mitad del XX, saliendo, por lo tanto, de las acciones que sólo se dirigen a los cascos históricos. En este sentido, habló de mejorar la calidad ambiental de las ciudades, de controlar los ruidos, de apoyar la rehabilitación de los edificios privados, volver a dar vida a las viviendas de segunda mano y estimular el alquiler.

López de Lucio aseguró que los instrumentos de planeamiento deben dar racionalidad a las ciudades y destacó la conveniencia de poner, de nuevo, límites al desarrollo de los suelos, desclasificando algunos de los ya programados, y reintroduciendo, por ejemplo, la protección de los rústicos. En este sentido, habló también de las cesiones que deben realizarse cuando se desarrolla un suelo y sugirió abandonar la política de estándares que se utiliza hasta ahora porque "es bien intencionada pero inflacionista", ya que permite excesivos porcentajes de suelo para viarios o zona verde, a veces de difícil mantenimiento.