
Cuando en 1902 Pablo Gargallo recibe en la Lonja una bolsa de viaje para trasladarse a París, viaje que materializa en 1903, sus capacidades técnicas están perfectamente consolidadas, gracias a la formación recibida, en todo acorde con el modelo tradicional del aprendizaje de la escultura, pero cuando regresa en 1904 y se independiza de Arnau, todavía necesitará casi un lustro de búsquedas expresivas y afianzamiento profesional para encontrar su definitivo camino artístico y descubrir su propio lenguaje.
Si en 1904 modela piezas como La pareja, La Bestia del Hombre y la serie de relieves a la que pertenece Los humildes, en las que las influencias de Rodin (cuya obra había conocido en su primer viaje a París) y de cierto expresionismo y simbolismo centro y norteeuropeo son tan evidentes como bien asimiladas, y si dos años después ejecuta un mármol tan modernista como El amor, ca. 1906, al mismo tiempo está buscando y depurando unos recursos expresivos, un lenguaje y una dicción mucho más personales, con la clara intención de simplificar y sintetizar las formas, esencializar los volúmenes y conseguir unos modos de representación escultórica más modernos y, por lo tanto, decididamente innovadores, según demuestran obras tan notables como Pequeña voluptuosidad arrodillada, 1907, Cabeza inclinada de mujer , 1908 (detalle ampliado de aquélla) y Voluptuosidad , ca. 1908, e incluso la significativa y valiente simplificación del Retrato de la señorita Sureda , ca. 1907, modificado y fundido en bronce a partir del mármol de la versión inicial.
Pero al mismo tiempo, en 1907 construye con finas láminas de cobre su primera escultura en chapa metálica, la Pequeña máscara con mechón, que señala el comienzo de una investigación revolucionaria y diferencia ya las dos tendencias fundamentales de su obra (una clasicista, depurada y sintética, y otra inquisitiva y vanguardista), estableciendo la fértil y constante dualidad que mantendrá el resto de su vida, y que se confirma con esculturas tan claramente clasicistas como Máscara de Picasso , 1913, y, sobre todo, Pastor , 1917-18, realizadas en pleno apogeo de la primera época del cobre.
Sin haber finalizado todavía la primera época del cobre, Pablo Gargallo inicia en 1920 el reducido pero muy trascendente intermedio del plomo, a lo largo del cual, siguiendo sus irrefrenables inquietudes investigadoras, incorpora la chapa de plomo a su ya singular repertorio de materiales.
Desde 1920 hasta 1923 realiza siete piezas en chapa de plomo batida -de la mayoría se fundieron luego ejemplares en bronce-, primero con tratamiento de bulto redondo Retrato de Ángel [Fernández] de Soto y Violinista (El virtuoso), las dos de 1920, Joven española y La elegante (La parisienne), ambas de 1921- y luego iniciando -con el escueto Galgo, 1921- un procedimiento verdaderamente innovador en el campo de la escultura figurativa, consistente en modelar los volúmenes en negativo, es decir, invirtiendo la representación física tradicional de la figura humana, de modo que lo convexo se muestra cóncavo y, al contrario, lo cóncavo se representa convexo, sorprendente recurso que da lugar a Mujer con sombrilla, 1921, La toilette, 1921, y Mujer acostada, 1923, todas en chapa de plomo, y Pequeño marinero con pipa, Maternidad y Mujer sentada, las tres de 1922, todas fundidas en bronce.
Incapaz de contener sus permanentes deseos de simplificación y perfeccionamiento, posteriormente desdobla tres de sus siete esculturas en chapa de plomo, separando la Mano de Ángel [Fernández] de Soto, 1920, de su retrato (que al principio era un busto), la Mano de la elegante, 1921, del conjunto de origen, y el Galgo, 1921, de la Mujer con sombrilla.
El siguiente paso, dentro ya de la segunda época del cobre, es la transformación estructural -de convexas a cóncavas- de todas las esculturas construidas en chapa metálica, la inversión y supresión de la masa de los volúmenes y la incorporación del vacío como elemento escultórico fundamental, es decir, la creación de volumen, espacio, luces y movimiento mediante la eliminación total de la materia, aportación fundamental de Gargallo a la escultura moderna y contemporánea, cuyas innovadoras y revolucionarias posibilidades desarrollará y perfeccionará durante el resto de su vida, aplicándolas también a obras modeladas para fundir en bronce.
En el breve periodo de transición del intermedio del plomo a la segunda época del cobre y justo antes de regresar a París, Pablo Gargallo, que sin abandonar las inquietudes investigadoras no ha dejado de avanzar en su trabajo de tendencia clasicista, retrata a varios de sus mejores amigos, talla su magistral Torso de gitanillo, 1923, y modela los hermosos y un tanto noucentistas desnudos femeninos de la Durmiente (La segadora), la Bañista -en sus dos versiones, cabeza levantada y cabeza baja- y la Esclava, todas de 1924, conjunto que se completa en París con las sugerentes Aguadoras , 1925, seguidas luego por la sensible y recatada Maternidad , 1927, y El joven de la margarita (El aragonés), 1927, trasunto de un Picasso juvenil y arrogante.
Con excepción de los trabajos monumentales, desde 1928 a 1930 Gargallo parece abandonar la vertiente clasicista de su escultura, y en 1931 sólo modela Pequeña maternidad, situación que se repite en 1932 con Baño de sol, quizá debido a que sus extraordinarios avances en el campo de la escultura en hierro le mantienen completamente ocupado.

Pero a partir de 1933 se produce una fructífera recuperación de esa faceta, de modo que durante los dos últimos años de su vida, mientras desarrolla la época del hierro (y aplica la fragmentación, Caballo de circo, ca. 1930 las sinécdoques visuales, el uso del vacío total como elemento escultórico en sus más importantes obras férreas, y en otras modeladas para fundir, como Urano y Gran Profeta, que son compendio y culminación de su tenaz aventura investigadora), vuelve a modelar con auténtica pasión y ejecuta obras tan deliciosas como Boceto de desnudo acostado, 1933, y tan excelentes y significativas como Eco, 1933, Academia y Torso de adolescente, 1933-34, Muchacho en la playa y Mujer del espejo, 1934, con las que concluye, después de treinta años de permanente depuración, el riquísimo proceso de búsqueda de un lenguaje clasicista moderno e innovador, que le ha permitido alcanzar admirables cotas de refinada síntesis formal, dificilísima simplicidad volumétrica y emocionante limpieza expresiva.
En 1933, mientras prepara sus grandes y definitivas exposiciones para Nueva York y Barcelona, Gargallo consigue concluir Gran profeta y Urano, dos obras modeladas para fundir en bronce cuya trascendental importancia radica en la plena integración de todos los descubrimientos y conquistas de las tres décadas anteriores, de modo que reúnen tanto la depuración y el sintetismo de sus trabajos clasicistas -por más que Urano, escultura de la que Pequeño caballito de circo, 1932, puede considerarse un estudio previo, presente algunos detalles de naturaleza barroquizante, acaso planteados como demostración de que todo el arte pasado puede verse con ojos nuevos, respetuosos pero desmitificadores, aportando al acervo histórico la propia y personal capacidad de representación- como el esquematismo, la fragmentación, las sinécdoques visuales, la elisión del volumen, el uso del vacío total como elemento escultórico que construye la luz y transforma el espacio, y todos los demás resultados de su fecundo empeño investigador.