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Cartones

Cuando Gargallo realiza la primera máscara metálica, en 1907, y sobre todo al desarrollar desde 1910-11 su primera época del cobre, utiliza finas chapas de cobre o hierro, de las que recorta las distintas piezas que han de componer la escultura. Una vez repujados, modelados, torsionados los elementos del conjunto, la unión de todos ellos se resuelve mediante ligeros remaches e ingeniosos procedimientos de ribeteado y engarzado.

Pero el inicio de la segunda época del cobre supone la aparición de figuras de cuerpo entero, cóncavas y de mayores dimensiones, lo que conlleva el uso de chapas cada vez más gruesas. De modo que cuando construye la segunda versión de Pequeña bailarina, ca. 1924-25, ya prepara unas plantillas de cartón recortado, que utiliza a modo de patrones para diseñar y trazar las piezas con las que luego (previo corte, repujado, forja, soldadura, cincelado de todas ellas) construye la escultura. Este ingenioso procedimiento le permite no sólo evitar equivocaciones e indeseadas pérdidas de material, sino también efectuar ampliaciones de algunas obras y, sobre todo, garantizar la obtención de varios ejemplares de la misma escultura, que en realidad son versiones distintas y todas piezas únicas (por las ligeras modificaciones de tamaño, cambios de postura, añadidos, simplificación o supresión de ciertos detalles), tomando siempre como base las mismas plantillas.

La utilización durante la segunda época del cobre de este singular sistema de trabajo le permite realizar, entre otras, tres versiones de Romántica, 1929; dos versiones de Pequeña bacante reclinada, 1929 y 1930; y dos versiones de Bailarina, 1930 y 1933; al tiempo que también lleva a cabo, sin plantillas conocidas, una o varias versiones de distintas esculturas y una sola versión, con plantillas, de algunas otras, como Pequeña bailarina española, 1927; Insignificante, 1930; y Violonchelista, 1931.

Durante la época del hierro comienza a utilizar gruesas planchas de este metal, que alcanzan en ocasiones los dos centímetros de espesor, por lo que cada vez son más necesarias las plantillas recortadas en cartón, que sirven de patrones o modelo, entre otras, para las tres versiones de Gran bailarina, 1929; las tres (con dos conjuntos de plantillas distintos) de Greta Garbo, entre ellas Greta Garbo con sombrero, 1931; y una versión de Buey, 1930; Gallo, 1930; Gran arlequín, 1931 (que cuenta con un antecedente de menor tamaño, en chapa de cobre, Pequeño arlequín con flauta, 1931); y Hommage a Chagall, 1933; aunque también realiza, sin plantillas conocidas, una versión de otras obras muy significativas, como David, 1934, y no construye escultura alguna con las plantillas de Gran violonchelista, ca. 1933, quizá debido a su temprana muerte.

Dibujos

Como alumno vespertino de la barcelonesa Escuela de la Lonja, el adolescente Gargallo se ejercita en el dominio del dibujo realizando academias tan destacables como Venus, ca. 1896, en las que se ponen de manifiesto las extraordinarias capacidades del joven aprendiz de Eusebi Arnau.

A lo largo del último lustro del siglo XIX, dibuja de modo cotidiano, influido por las tendencias del momento y con la indudable intención de ampliar y mejorar sus recursos técnicos, para lo cual utiliza las notas y apuntes tomados del natural, muchas veces en lugares públicos, de lo que son buen ejemplo Personajes hablando, uno se aleja, ca. 1896, Viejecita con paraguas, ca. 1896, y El palco, ca. 1898.

Al mismo tiempo ensaya su faceta de retratista, consigo mismo y con personas de su entorno, algunas de las cuales están identificadas, como Ramonet visto por debajo, ca. 1897, y Retrato de Ceferino Pallás, 1898, aunque otras veces ignoramos la identidad del efigiado, como sucede con Cabeza de mujer, ca. 1897, y Cara de joven, con bigote, ca. 1898, o sólo la sospechamos, caso del excelente Jovencita con lazo, ca. 1898, que parece guardar estrecha relación con la escultura Retrato de la señorita Sureda, ca. 1907.

Con el comienzo del nuevo siglo y de la consolidación de sus capacidades profesionales, aumenta la cantidad e importancia de las esculturas y disminuye el número de los dibujos, cuya intención parece más definitiva, como en el pictórico carbón y pastel En Nogueras, 1900, o en su Autorretrato con pipa, 1901, mientras adquiere protagonismo el uso de la tinta mediante pluma, como en el sorprendente y muy moderno Desnudo de muchacha rubia, 1900, tan diferente, en concepto y resolución, de otros dibujos anteriores.

Durante la primera década del siglo XX, lo más destacado son los dibujos que reflejan las influencias recibidas en su primer viaje a París, por ejemplo los cuatro Estudio para El Juicio Final, expresivas tintas de 1903, y un reducido conjunto de extraordinarios desnudos femeninos, a tinta y acuarela, al que pertenece Mujer secándose, ca. 1909.

Durante los años veinte y treinta, la producción de dibujos fluctúa, al tiempo que adquieren mayor autonomía y gran consistencia formal, si bien algunos tienen relación con esculturas concretas, como Mujer con cántaro, 1920, y Atleta, 1926, frecuentan temas habituales, como Bailarina, 1930, parecen motivados por los importantes encargos monumentales del momento, como sucede con las cuatro versiones de Caballos, 1930, o denotan un excelente dominio del color, caso del pastel Bañistas, 1932.

Los estudios o bocetos previos para esculturas ejecutadas en los primeros años treinta, como Apunte para Academia, IV, los tres Estudio para Muchacho en la playa, y el Boceto para Eco, II, todos de 1933, permiten completar una visión extensa y representativa de los dibujos de Gargallo, cuyo conocimiento resulta imprescindible para comprender y valorar, en los términos que corresponden a su significación e importancia, la totalidad de la obra de uno de los autores fundamentales en el arte del siglo XX.

Grabados

Mientras ejecuta las esculturas monumentales para la plaza de Cataluña y el Estadio Olímpico de Montjuich, entre 1927 y 1929, proceso muy laborioso y problemático en determinados aspectos, Gargallo se inicia en el grabado, una disciplina completamente nueva para él y en la que no persevera, ya que sólo nos ha dejado cuatro puntas secas, con ese acento clasicista, limpio y preciso, tan propio y depurado como libre de cualquier adherencia innecesaria, con las que quizá ensaya un breve repertorio de algunos temas habituales en el resto de su obra.

Se trata de Autorretrato (acaso tan naturalista como el de 1901, pero pleno de la sabiduría gráfica y vital de un artista maduro consciente de serlo), Bailarina (en la línea de las otras muchas bailarinas construidas en chapa metálica y dibujadas durante la segunda época del cobre y los primeros años treinta), Cabeza de arlequín (siguiendo el dibujo del mismo tema, fechado en 1925, y anticipando las tres Cabeza de arlequín de 1929) y Desnudo femenino -Bañista- (cercano a las dos opulentas Bañista ?cabeza baja y cabeza levantada? que modela en 1924), todas ellas grabadas y estampadas en 1928 (aunque la edición se completa muchos años después), tal vez a modo de respiro y de nueva pero serena aventura en momentos de gran actividad y apasionada fiebre creativa.

Se atesoran aquí las cuatro planchas originales y un ejemplar estampado sobre papel de sólo tres de ellas, puesto que el precario estado de conservación de la plancha de Bailarina no permitió, en su momento, terminar la edición prevista.