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Del 16 de Noviembre de 2017 al 7 de Enero de 2018

Recorrido por los distintos complejos fabriles decimonónicos, modernistas o racionalistas realizado por el artista Guillermo Cabal en óleo sobre lienzo. Averly, Casa Solans, Azucareras de Alagón y Luceni, Puente de Hierro, La Maquinista y Fundiciones del Ebro, etc. Una serie de esculturas complementan la muestra.

Guillermo Cabal parece muy inteligente para definirlo sólo como un artista preso de la nostalgia. Posee un sentido del enredo con los objetos y con el pincel que advierten contra las falsas etiquetas y alejan cualquier prejuicio. Hay nostalgia en su obra, en sus trazos, en su acusado sentido de la perfección, pero hay, sobre todo, afán de trascendencia, reinvención de un mundo que quiere ser fijado porque le fascina y lo retrata. Existe en sus propuestas una urgente necesidad de documentar lo que desaparece, de pintar lo que ya empieza a ser como un espejismo o un delirio. Hay elegía, verdad y autobiografía. El pintor estuvo allí, en el precipicio, vio lo que deber ser mirado, recogió como si fuese un buscador de tesoros el último apéndice del declive. Esta manera de proceder explica su estética, la poética en acción del "objeto encontrado", que le entretiene, que manufactura, que acomoda a su sentido de la creación contemporánea. Y eso se ve en su pasión por los teléfonos, las lavadoras, las lámparas, los restos de máquinas: en sus manos y en su taller se convierten en una escultura, en un nuevo sueño, en un rescate y en un divertimento. Ese modo de proceder ?con maderas, aceros, hierros, metacrilatos, chatarra...- lo sitúa en la órbita de las vanguardias históricas, en la estela y en la compañía de Duchamp, Joan Brossa, Ángel Ferrant o Fernando Ferreró, entre nosotros. O incluso de algunas experiencias de Juan José Vera.

Guillermo Cabal es un pintor hiperrealista de la pérdida o de lo que se extingue, un pintor sensitivo, un pintor que sueña y que inventa fábulas para sus piezas. Pensamos en "Cuquita", a la que bautiza como "Esa coqueta germana de mis sueños (Fantasías de un operario en la fundición)", que se ha convertido en una obsesión incluso literaria, en materia principal del narrador y poeta que lleva dentro; adviertan, por ejemplo, el título de sus obras, la alusión a las ninfas, la identificación de los talleres o fábricas con las catedrales, vean aquella obra de 1999 que tituló, nada menos: "Metafísica y erotismo en la jornada laboral". Guillermo Cabal también es capaz de entrar en una bodega, en un palacio, en un caserón o en una mole de las afueras de Caspe y captarlos con minuciosidad, precisión, delectación en la forma y en el color. En todo lo que toca, en cuanto invoca, es capaz de crear una escenografía, un territorio de verdad, un aliento mítico de la memoria.

Antón Castro

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